12 Reunión a la Medianoche
Una vez estuvieron en la habitación, Jack hizo lo que todo hombre en su situación debía hacer con una mujer como Rachel…
y se aseguró bien de cerrar puertas y ventanas, así como también de bloquear la entrada con una silla.
Su compañera sólo veía el acto con tierna sonrisa, conmovida por su falta de confianza en ella.
─Así que usted puede quedarse en la cama, yo dormiré en la silla ─explicó Jack.
─Creo que he demostrado que ese sistema no funciona ─comentó Rachel.
─Por el contrario, ha demostrado que es grandioso para despertar a un hombre.
─¡Por favor! ─rio Rachel─. ¡No sea tonto! Creo que podemos compartir una cama.
Todos somos adultos aquí.
Jack le arrojó una mirada escéptica.
─Prometo que no intentaré nada ─Rachel dio un par de palmaditas a la cama.
Jack la miró con duda, pero no pudo resistirse.
─Bueno, supongo que sería más fácil notar si intenta escapar ─dijo.
─¡Esa es el espíritu! ─exclamó Rachel.
Jack cedió pues, y uno y otro se cambiaron a sus ropas de dormir.
Rachel usó un camisón que acabase de comprar rato antes, mientras Jack se quedó en ropa interior – en uno de esos largos calzoncillos que cubrían la mayor parte del cuerpo.
Rachel se mofó de esto, pero ¿qué alternativa había?
Jack prefirió evitarse pensar en la respuesta y se resignó a seguir siendo un objeto de burla.
¿Qué más daba si así podía dormir cómodamente?
Se ubicó en la cama y pasó un brazo debajo de la cabeza, cuando el reposar de la cabeza de Rachel sobre su pecho le sorprendió. ¿Qué hacía?
─No se haga ideas ─dijo Rachel─. Sólo es una almohada cómoda. Eso es todo.
─¡Sí, señorita! ─rio Jack.
Sopló la vela que les alumbraba y el velo de la oscuridad cayó sobre ellos.
Rachel no tardó en rendirse a su cansancio, pero lo mismo no podía decirse de Jack, quien trataba de encontrarle sentido a la situación en la que se hallaba.
Siempre se había jactado de ser un hombre de bien y responsable, especialmente en su trabajo.
Nunca se había involucrado con ninguna de sus capturas, ni mucho menos compartido la cama con una de ellas.
¿Por qué lo hacía con Rachel? ¿Era por ser una mujer?
¿Por el innegable atractivo de su ser? ¿Por el encanto de su persona?
¿O estaba cediendo a algo más? Rachel se jactaba de que ahora eran amigos, pero ¿lo eran?
¿Cuándo pasó eso? ¿Y qué significaba eso para su trabajo?
¿Podía seguir siendo objetivo en todo este asunto o comenzaba a tener dudas?
El mero hecho de cuestionarse todo esto reafirmaba este último elemento, y lo hacía inquietarse aún más al pensar en lo agradable que era tenerla a ella tan cerca de sí, tan confiada para dormir en su pecho y con su brazo alrededor de ella.
Era casi demasiado ideal. ¿Qué tal si se trataba de una trampa?
¿De otra estrategia de su brillante oponente para lograr su libertad?
Sabía que era lista y sigilosa, y no sería difícil suponer que quizá sólo lo estaba engañando.
Manipulándolo a través de su dulzura y belleza, y que podría hacerlo quedar como un tanto de un momento a otro.
El suave suspirar de Rachel sobre su pecho lo hizo duplicar sus dudas aún más.
¿Sabía lo adorable que era? ¿Lo estaba engañando?
¿O sólo estaba siendo paranoico? El cansancio de una jornada particularmente movida le hizo concluir que no tenía caso pensar en nada de eso por el momento y se dejó dormir apenas como cerró los párpados.
Casi el mismo tiempo que le tomó a Jack tratar ordenar sus pensamientos respecto a Rachel fue el que la pandilla de la bandida se decidió a actuar.
Montados en sus caballos en un callejón junto al hotel, el cuarteto había mantenido sus ojos sobre la ventana, aguardando a que la luz se aguardase y luego un poco más hasta poder estar seguros de que el caza recompensas estuviese ya dormido, y entonces Dolores ladeó su cabeza en una señal al Loco Kinski de ponerse en marcha.
Uno y otro se pararon sobre sus caballos mientras el Sr. Curtis y Bob Bull los sujetaban, y se treparon por los barandales del segundo piso para llegar hasta la ventana de la habitación seis.
Para el momento, tanto Rachel como Jack dormían profundamente ya, y verlos tan cerca el uno del otro causó desconcierto en el dúo criminal que colgaba de la ventana. Se comunicaron por medio de miradas.
─¿Qué está pasando ahí? ─preguntaron los ojos del Loco Kinski.
Probablemente una jugada de Rachel ─respondió el encoger de Dolores.
─¿Lo mato? ─preguntó el pulgar del Loco Kinski al pasar sobre su propio cuello.
─No ─Dolores sacudió la cabeza y señaló hacia la ventana.
El Loco Kinski quitó el cerrojo con un fino cuchillo que pasó por la ranura, y abrió la ventana.
Como un par de sombras ligeras, el dúo entró a la habitación sin hacer el más mínimo ruido, y se deslizó hacia Rachel.
Conocían su oficio y sabían perfectamente cómo evitar hacer cualquier tipo de ruido, pronto ubicándose a ambos lados de la cama.
Una súbita ráfaga sopló sobre el oído de Rachel y la hizo despertar.
Volteó con curiosidad hacia la ventana y ante ella encontró a Dolores, mirándola con tanta curiosidad como felicidad por haberla encontrado.
Sus ojos se abrieron al máximo de inmediato y jadeó con sorpresa, sólo para que Dolores le tapase la boca con tal de que no hiciera ruido.
─¿Qué haces aquí? ─los labios de Rachel pronunciaron en silencio.
─Rescatarte. ¿Qué más? ─contestó Dolores de igual forma─. Vamos.
Rachel volteó hacia Jack y encontró la navaja del Loco Kinski puesta sobre su garganta, lista para acabar con él de inmediato… mientras su dueño sonreía amablemente a su compañera criminal.
─¡Hola! ─le dijo sin hacer ruido.
Aterrada, Rachel volteó de vuelta hacia Dolores y sacudió su cabeza.
─No puedo ─sus ojos dijeron.
─Está bien ─Dolores asintió su cabeza─. No pasará nada.
Tomó a Rachel de la mano y la sacó suavemente de la cama. Sintiendo cómo la chica escapaba de su abrazo, Jack despertó a medias y preguntó:
─¿Señorita…?
Tan pronto como lo escuchó, ¡el cuchillo del Loco Kinski se pegó a su cuello y lo hizo despertarse por completo!
─¡No, no! ─exclamó Rachel, aterrada.
─¡Tranquilo, amigo, tranquilo! ─le dijo el Loco Kinski.
¡¿Qué carajo!? ─gritó Jack y miró a Rachel, sintiéndose engañado.
¿Acaso era cierto? ¿Acaso en verdad le había hecho una jugada y ahora estaba por traicionarlo? ¡Sí que era hábil!
─¡No sé nada de esto, lo juro! ─dijo Rachel, temiendo lo que pensase de ella.
─¿Por qué te estás explicando? ─cuestionó Dolores─. ¡Vamos!
Volvió a jalarla por el brazo, pero Rachel escapó a su agarre.
─¡No! ¡Espera! ─le dijo─. ¡No puedo!
─¡¿Qué quieres decir con que no puedes!? ─gritó Dolores.
─Es… complicado ─Rachel se encogió en sí, titubeante.
Dolores miró a su compañera y luego a Jack, y lo entendió.
─¡Ay, por favor! ─exclamó─. ¡¿Él!? ¡Es un caza recompensas! ¡Te va a entregar!
─¡No, no lo hará! ─contestó Rachel.
─¿Te acostaste tu camino a la libertad? ─preguntó el Loco Kinski.
─¡No! ─respondió Rachel─. Miren, es complicado. No trabaja para la ley. Él… ─¡Estoy trabajando para su padre! ─interrumpió Jack.
─¿Su padre? ─dijo Dolores─. Creí que habías dicho que tu padre estaba muerto.
Rachel bajó la mirada y rascó su brazo, y Dolores lo comprendió.
─¿Quién es tu padre, ah? ─preguntó.
─…Jefferson McAllister ─contestó Rachel.
─¡¿El tipo de los trenes!? ─exclamó el Loco Kinski.
Rachel asintió la cabeza, incómoda. Dolores solto una risa, asombrada.
─Todo este tiempo pensando que eres una rebelde valiente ─se mofó─. ¡Una forajida! ¡Y sólo eres una niña rica robando cosas que son suyas de cualquier forma!
─¡No son mías, ¿de acuerdo!? ─corrigió Rachel─. ¡¿Y a quién le importa!?
Siempre le he dado el dinero a la gente que lo necesita y…
¡Mientras arriesgabas nuestras vidas! ─la interrumpió Dolores─. Si te atrapan,
vuelves a la elegante casa de papi. ¡Nosotros nos vamos al verdugo! O con buitres como tu amigo aquí… ─señaló hacia Jack.
El Loco Kinski empujó más su navaja contra la garganta de Jack.
─¡Esperen! ─exclamó Jack─. ¡Yo no mato gente!
─¡Cállate! ─le gritó el Loco Kinski─. ¡¿Ya puedo matarlo!?
─¡No, no puedes! ─dijo Rachel─. ¡Nosotros no hacemos eso!
─No, nosotros no hacemos eso ─corrigió Dolores─. Tú no haces nada porque no eres en realidad una forajida.
─¡Sí lo soy!
─¡No! ¡No lo eres! ¡Y no puedo creer que arriesgamos nuestras vidas tantas veces por ti mientras todo esto es sólo un juego para ti!
Dolores se volteó, molesta y Rachel la siguió, agarrándole el brazo.
─¡No! ¡No lo es! ─dijo─. ¡Lo juro! Mira, hay una recompensa por mi cabeza, ¿sí?
¡Pueden matarme en cualquier momento, en cualquier puerto!
Y ni mi papá, ni él ─señaló a Jack─, pueden prevenir eso.
Así que soy una de ustedes. Estoy comprometida con esta causa ¡y puedo probarlo!
─una chispa de inspiración vino a ella─. ¡Podemos secuestrar a mi papá!
─¡¿Qué!? ─gritaron Dolores y Jack a la vez.
─¡Sí! De hecho, estaba pensando en asaltarlo yo misma… ─De nuevo, ¡¿QUÉ!? ─exclamó Jack.
Trató de levantarse, pero el cuchillo del Loco Kinski lo mantuvo en su lugar.
─Pero ahora que están aquí, ¡podemos hacerlo juntos! ─siguió Rachel─. ¡Vamos!
¡Imagina las posibilidades! ¡Podría ser nuestro, no, el robo más grande de la historia!
─¡No puedes hablar en serio! ─dijo Jack.
─¡Silencio, amigo, silencio! ─le dijo el Loco Kinski.
Rachel buscó por los ojos de Dolores. Su amiga y colega lo estaba considerando. ¿Y qué hay con él? ─preguntó, señalando a Jack con su cabeza.
─Oh, él hará lo que sea que le diga ─Rachel se encogió en hombros.
─¡No lo haré…! ─Jack trató de levantarse otra vez.
El Loco Kinski lo volvió a jalar hacia atrás.
─¡Vamos! ¿Qué dices? ─preguntó Rachel─. ¿Un último golpe para retirarnos con el más grande “bang” que podamos pensar?
Dolores contempló los enormes ojos de Rachel, llenos de loco entusiasmo.
─¿Cómo decirle “no” a esos ojos? ─suspiró.