10 Disparos en la Oscuridad #4
─¿Por qué es eso, por cierto? ─preguntó Rachel─. ¡Es tan raro!
─Y esa es su especialidad, ¿no es así?
Rachel le concedió una gran y orgullosa sonrisa – ¡sí!
─No lo sé ─siguió Jack─. Supongo que no siento que tengo el derecho a hacerlo. ─¿Es religioso?
─¡Lejos de eso! ─rio Jack─. No. Sólo he visto lo que la muerte le puede hacer a gente inocente.
Ahora fue Rachel quien frunció el cejo, intrigada por lo que se refería.
─Hace unos años, estaba trabajando como delegado en el Norte de California ─
Jack empezó a explicar─. Y estaba comprometido con una joven… Rachel alzó las cejas, sorprendida.
─Sí, puede decir eso otra vez ─siguió Jack─.
En fin, esta chica, ella tenía una hermana, y esta hermana tenía un esposo.
Un esposo que no era particularmente un hombre malo, pero que tenía problemas de bebida y apuestas.
Una noche, él se pone particularmente ebrio tras perder algo de dinero, y discute con la hermana, quien ahora está esperando un bebé.
Las cosas se ponen violentas, así que el alguacil y yo tratamos calmarlas, pero entonces el esposo desenfunda un arma y el alguacil abre fuego.
El rostro de Rachel se tensó con angustia.
─La hermana se quiebra y nos culpa a nosotros, y con justa razón.
Quiero decir, el tipo estaba tan ebrio que no creo que fuese capaz siquiera de usar su arma, así que no creo que el alguacil tuviese necesidad alguna de dispararle, pero lo hizo.
Y ahora, esta pobre mujer es una viuda y su hijo es parcialmente huérfano.
Así que… por eso es que prefiero no matar gente.
No sólo es una persona la que termina perdiendo algo.
Y es por eso que tampoco bebo. Demasiado riesgo.
─Pero, ¿por qué un caza recompensas? ¿Y qué pasó con su prometida?
─Bueno, sólo digamos que el pesar de su hermana fue más grande que su amor por mí ─sonrió Jack─. No la culpo, en realidad. Las familias son difíciles de por sí.
Rachel rio y titubeó la cabeza, coincidiendo en esta idea.
─Y en cuanto al ser caza recompensas ─siguió─, bueno, me di cuenta de que no tenía caso quedarme ahí… y para ser honesto, no sabía qué más hacer. Me gusta ayudar a la gente de alguna forma, pero es difícil pensar en asentarse en un sitio luego de haber estado tan cerca de hacerlo.
─Ahora dice tonterías… ─reprochó Rachel.
─Pues supongo que soy un tonto sin propósito, entonces ─suspiró Jack.
Le concedió una sonrisa triste que la bandida compartió por empatía.
─Bueno, por lo que pueda valer ─dijo Rachel─, por más tonto que pueda ser, creo que es un buen hombre… y eso es raro de encontrar.
La sonrisa de Jack pasó de lamentable a conmovida.
─Y por insensata que usted pueda ser, sus objetivos y usted no son otra cosa más que remarcables ─contestó Jack.
Alzó su vaso de zarzaparrilla para brindar y Rachel se le unió en el acto…
sin apartarle la mirada de encima. Ahora sabía quién era en verdad y no le desagradaba.
No era sólo un bruto caza recompensas sin compasión que elegía la violencia para ganarse la vida, sólo un tonto atormentado sin objetivo en la vida; y la imagen de Rachel ante él no era muy diferente.
No era sólo una criminal cualquiera que culpaba al mundo de sus problemas, sino una idealista que buscaba cambiarlo a su manera.
****
La cena terminó no mucho después de que el par compartiese sus historias, y en realidad no les quedaba mucho qué decirse el uno al otro, si bien sus pensamientos no dejaban de rondar alrededor de todo lo que se acababa de revelar.
Todo cuanto hicieron ahora fue caminar de vuelta a su hotel…
con Rachel entrecruzando su brazo con el de Jack.
El caza recompensas la miró con desconcierto y ella se explicó:
─Es mejor mantener las apariencias.
Jack soltó una risa y asintió la cabeza. Era un buen punto.
Caminaron en silencio como una pareja… una quizá demasiado convincente y cruzaron la calle de vuelta sin decirse una sola palabra, sólo compartiendo ocasionales miradas y una que otra sonrisa genuina y amable.
Rachel se detuvo antes de entrar de vuelta al hotel, mirando el cielo.
─Tenemos una hermosa noche ─dijo.
Jack echó un vistazo al cielo, ciertamente estrellado y majestuoso, pero que, para él, palidecía en compañía suya. Rachel pareció leer lo que decía su mirada y preguntó:
─¿Qué?
Pero antes de que Jack pudiese decir cualquier cosa, la presencia de un alguacil haciendo su caminata nocturna les distrajo.
─Oh… cierto ─suspiró Rachel.
─Vamos ─dijo Jack─. Más vale no quedarse demasiado a la vista de todos…
Entraron al hotel… sin percatarse del otro par de curiosas presencias que se mostraba no muy lejos de ellos.
Se trataba de una mujer en un vistoso vestido rosa, no muy diferente al de las muñecas de porcelana que acompañaban un bastón y algún borrego, y de un hombre en atuendos blancos y con un ridículo bigote blanco que lo hacían lucir como Mark Twain.
Desde luego, eran Dolores y el Sr. Curtis…
y viendo ahora dónde se hallaban Jack y Rachel, implementarían su plan de rescate.