Bounty & the Fool 10 Disparos en la Oscuridad #3
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10 Disparos en la Oscuridad #3

El caza recompensas se acomodó sobre una silla que recargó contra la puerta.

Esta era la mejor forma de tenerla bajo vigilancia y de descansar un poco a la vez.

No le tomó más de un par de minutos caer dormido…

y no pasó tampoco más que un par de minutos antes de que volviese a caer, pero ahora de espalda al abrir Rachel la puerta.

Sabía que Jack aguardaría ahí y que trataría de dormir, y había planeado su venganza con malicia y diversión, contando los minutos en los que se bañaba, y le encantó verlo azotar frente a sí con un rostro de pánico y desconcierto ante su brutal despertar.

─Lo siento. Olvidé tocar ─dijo Rachel, envuelta en una toalla y con una enorme sonrisa burlona en su rostro─. ¿Cenamos?

Jack la miró con desprecio, pero no rechazó su invitación.

Luego de que Rachel se vistió y arregló, luciendo una vez más como toda una dama, el par bajó al restaurante frente al hotel, y ordenó sus cenas.

Como todo caza recompensas viajero, Jack pidió por un plato de frijoles y tortillas, mientras Rachel ordenó un buen bistec con papas que comió con toda propiedad.

Esto causó que Jack frunciese el ceño con intriga, aún no haciéndose del todo a la idea de la contradicción que ella representaba.

Era una criminal y una dama a la vez. ¿Cómo era eso posible?

Algo no muy diferente pensaba Rachel sobre él.

¿Qué clase de hombre ordenaba zarzaparrilla por sobre cerveza o whisky?

Incluso ella pidió vino. Pero ¿zarzaparrilla? ¿Acaso era un niño?

Antes de que Rachel le preguntase algo al respecto, Jack tomó la iniciativa.

─De nuevo, ¿cómo hace una mujer como usted para convertirse en una bandida?

─interrogó─. Necesito saberlo.

Rachel sonrió con suavidad mientras sus labios se cubrían del vino tinto.

─Ya te dije ─contestó─. Mi padre quería casarme con un ricachón y… ─Sí, sí, no me venga con eso otra vez. No caeré en eso dos veces.

─No lo sé. Sólo un demente cae en el mismo error dos veces, y usted, señor, ciertamente entra en esa definición.

Jack soltó una pequeña risa y titubeó la cabeza – no estaba del todo equivocada.

─Pero no estaba mintiendo del todo ─siguió Rachel─. A mi padre le desagradaba mi personalidad y me envió a una escuela lujosa en el Norte esperando volverme una dama. ─Falló, obviamente ─comentó Jack.

─Sólo en lo aburrido ─repuso Rachel─. Y esperaba que me casase con el hijo rico de uno de sus amigos ricos, y yo no podía aceptarlo.

─¿Demasiado aburrido para usted?

─Demasiado… vil. Verá, esos hombres, los banqueros, hombres de negocios, todos esos ricachones han hecho sus fortunas no por su trabajo duro, sino por el trabajo duro de otros.

De gente que hace una misera y que, más a menudo que no, termina herida o incluso muriendo sin recibir nada a cambio.

¿Sabe cuántos hombres perdieron sus brazos o piernas construyendo esas líneas ferrocarrileras que mi padre posee?

¿Y cuántos de ellos dejaron viudas o huérfanos? ¡Miles!

La sonrisa de Jack había desaparecido completamente ante su explicación. Sabía que esto era real. Rachel no alardeaba ni mostraba engaño alguno en sus palabras, sino genuina consternación y culpa.

─Y, sin embargo ─siguió Rachel─, cuando ve los ferrocarriles, cuando se habla sobre ellos, todo cuanto se oye es sobre los esfuerzos y la brillantes de Jefferson McAllister, y no creo que eso sea justo, ¿o sí?

─No… no lo es.

─Tantas veces traté de hacer entrar a mi padre en razón, de hacerlo ayudar a todos esos pobres infelices, de hacer más por ellos, pero ¿me escuchó?

¡No! Sólo me decía cosas como “Oh, es que así es el mundo, no lo entenderías. Déjale los negocios a los hombres”.

Ese tipo de tonterías. Así que no tuve opción.

Y sé que soy una consentida y vanidosa. No puedo evitarlo.

Me hicieron así. Pero le puedo asegurar que aproximadamente el noventa por ciento de todo lo que hemos robado ha sido entregado a la gente que realmente construyó esos malditos ferrocarriles y no obtuvieron nada a cambio.

Jack carecía de palabras, incapaz de creerlo.

─Y ahora estoy en verdad esperando reunirme con mi padre, porque ahora él tendrá que escucharme, y no me importa lo que diga o haga, no pararé ─finalizó Rachel.

─Pero, ¿no le preocupa? ─preguntó Jack─. ¿Qué la maten?

Rachel se reservó un breve silencio y dio un sorbo a su vino.

─Claro ─se encogió de hombros─. Pero, ¿qué es la vida de la hija de un rico, en comparación con los miles que murieron o perdieron algo? Si me ahorcan, escucharán lo que tenga que decir por medio de mis últimas palabras; y si me disparan, mi nombre me vinculará a mi padre y sabrán por qué lo hice.

─Es una mártir…

─No ─contestó Rachel─. Honestamente, no hago esto por la fama. Si ese fuese mi objetivo, habría revelado mi identidad desde hace mucho, ¿no cree? No, mi buen hombre. Esto es sobre ayudar a quienes mi padre y otros como él decidieron ignorar.

Ahora Jack en verdad no tenía nada qué decir, y esto hizo sonreír a Rachel.

─Es toda una lastima que usted sea tan cínico─le dijo─. Sería una excelente adición a nuestra pequeña pandilla.

Jack soltó una risa, sintiendo el momento aligerarse.

─Claro ─dijo, titubeante─. Un caza recompensas que no puede matar.