Bounty & the Fool 9 La Trampa #2
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9 La Trampa #2

─En fin ─siguió Rachel─. Cuando se llega a mi edad, la gente empieza a tener ciertas expectativas para una. Esperan que se case y tenga hijos, y lo que es peor aún, que haga todo esto con la persona que ellos eligen. Al menos así pasa con gente como mi padre.

─Déjeme adivinar ─la interrumpió Jack─. Él quería que se casara con algún rico idiota, usted dijo que no y se rebeló. ¿Eso fue?

─Por decirlo de alguna forma, sí ─contestó Rachel─ El punto es que no quiero ser controlada, no por él, ni por ningún otro hombre.

Así que cuando menos puedo decir eso. No estoy casada porque no quiero casarme…

a diferencia suya, quien probablemente nunca se casará porque ninguna mujer en su sano juicio lo haría.

─Claro… ─rio Jack.

Pero… ─siguió Rachel─, le mentiría si le dijese que no extraño el tierno pero

firme tacto de un hombre, de vez en cuando.

Suspiró dramáticamente y arqueó su espalda, haciendo a su escote sobresalir… y distraer la mirada de Jack, quien no supo cómo responder a esto.

─Quiero decir ─continuó la bandida─, tengo a mis hombres y son encantadores y respetables, pero prefiero no involucrarme con ellos para evitar dramas innecesarios.

─Claro… ─Jack trató de seguirle la pista.

─De manera que paso muchas noches a solas, y ¡oh! ¡Lo que no daría por algo de acción! Ha pasado un rato, ¿sabe? Un largo, laaargo rato…

Incómodo, Jack regresó su mirada hacia su comida. Ese pescado frito era justo lo que necesitaba para calmar sus ansias… cuando menos por un par de instantes.

─Sí, seguro, puedo imaginarlo… ─trató mantener la calma.

Pero de nada servía. Rachel se percataba de lo incómodo que lo estaba poniendo, y esbozó una pequeña sonrisa. ¡Su plan iba funcionando!

─¿Sabe? ─rio─. Cuando estábamos en el tren, cuando nos vimos por primera vez, pensé que no era del todo poco atractivo.

Jack no pudo evitar regresar su atención hacia ella, curioso como un conejo.

─Quiero decir, obviamente eso fue antes de que le rompiese la nariz y ahora lo encuentro absolutamente repulsivo ─siguió Rachel.

Jack soltó una risa y un suspiro, sintiéndose más calmado… justo como ella quería.

─Pero, de haber sido diferente, ¿quién sabe? Podría haber sido… todo un aperitivo. ─¿Un aperitivo? ─su elección de palabras hizo al intrigado Jack mirarla.

─Sí, ya sabe ─dijo Rachel─. Como ese pedazo de comida que tienes curiosidad por probar y que luego te deja hambriento por más. Mucho más…

Jack se quedó sin palabras, sólo mirándola mientras luchaba con sus impulsos.

─Supongo que nunca lo sabremos… ¿o sí? ─Rachel fijó su mirada en él.

Terminó de cepillar su cabello y un silencio los llenó.

Correcto… ─Jack se esforzó a decir.

Rachel le entrego su cepillo de vuelta, de nuevo elevando su escote y mirándolo sin parpadear con un par de ojos penetrantes. Jack pellizcó sus dedos y dio un salto para agarrar el cepillo con toda velocidad, apartando su mirada de la bandida, inquieto.

─Sé lo que hace… ─le dijo.

─¿Ah, sí? ─cuestionó Rachel, con provocativa burla.

─Sí, y no… no va a funcionar.

─¿No lo hará? ─Rachel se mantuvo igual.

─Nop. Tengo… Tengo una voluntad fuerte, ¿sabe? Y no caeré por eso. No.

Jack frotó sus manos contra sus piernas y tomó respiros profundos, tratando apaciguar todas las salvajes ideas que volaban por su mente. Ideas que Rachel atinaba a la perfección y que no desaprovecharía.

─¿Es esa la única cosa fuerte en usted? ─siguió provocándolo.

Puso su pie izquierdo frente a él, deteniéndolo de las vueltas que daba. Jack volteó hacia ella, titubeando ante ese par de tentadores ojos azules que podrían describirse como un paraíso creado por el más juguetón de los demonios.

─Vamos. Estoy segura de que podemos… llegar juntos a un acuerdo.

Acarició la espinilla del caza recompensas con su dedo gordo, y eso por su cuenta era ya suficiente para que Jack sintiese un estremecer por todo su cuerpo y multiplicase sus pensamientos e instintos primarios en un segundo.

Pero no podía caer en la tentación. Empujó el pie de Rachel y se volteó hacia el fuego.

Era mejor quemarse en vida que ser atrapado por el infierno de esa mujer.

─¡Nop! ─reiteró─. ¡No funcionará! No lo hará. No es real. No lo es.

Rachel mordió su labio inferior, divertida por verlo sufrir, y se incorporó.

Pasó sus manos atadas sobre él, atrapándolo en un estrecho abrazo que lo hacía sentir el calor de su tacto sobre su pecho, suavidad de sus pechos en su espalda, y la humedad de su boca sobre su cuello.

El aroma de su perfume ahora se apoderaba de sus pulmones como el veneno más letal y su voz le parecía un antiguo canto de hechicera.

Puede ser real, si lo quieres ─le dijo.

Lo quería. Deseaba que no fuese el caso.

Deseaba no ser tan débil y rechazarla en el acto, pero ¿cómo podía?

Si lo que Rachel había dicho sobre su soledad era cierto o no, lo desconocía y le daba igual, pero a él si lo describía.

Había pasado tiempo desde su última mujer, y odiaba que todos esos deseos y necesidades se reactivasen con tal vil presencia.

Sabía que lo provocaba. Sabía que sólo jugaba con él, y, sin embargo, le fue imposible no voltear su cabeza hacia ella y caer cautivado por esos ojos endiablados y tentadores.

Ella era una araña y él era una mosca, y le daba lo mismo.

Rachel aproximó sus labios hacia los de Jack sin apartar su mirada de la suya, mientras sus manos acariciaban su torso arriba y abajo, sintiendo sus pectorales y abdomen, hasta empezar a descender rumbo a su cinturón donde aquel firme y puntiagudo objeto que tanto necesitaba aguardaba.

Abajo y abajo fueron sus juguetones dedos hasta que finalmente lo agarraron y entonces Jack se congeló. ¡Rachel tenía su cuchillo!

El hechizo se rompió a la brevedad y él la agarró de las manos justo a tiempos antes de que ella lo desenvainase.

Sus cautivadores ojos revelaron su verdadera naturaleza y Rachel trató golpearle en la cabeza con su frente, pero Jack la evadió y se sacudió en círculos, tratando de quitársela de encima sin suerte y sólo sacudiéndola de un lado a otro.

─¡Lo sabía! ─exclamó Jack.

─¡Oh, no sabía nada! ─contestó Rachel.

El par forcejeó por unos segundos sin que ninguno de los dos lograse su objetivo.

Ni Jack se la quitó de encima, ni Rachel se hizo del cuchillo.

Finalmente, el caza recompensas se dejó de sentón en un intento de deslizarse fuera del agarre de la bandida, cuando ¡un disparo voló por encima de sus cabezas y los detuvo en seco!

─¡¿Fuiste tú!? ─preguntó Rachel.

─¡No estoy tan excitado! ─contestó Jack.

Rachel le arrojó una mirada de “¿estás bromeando?” y la respuesta se presentó por su cuenta conforme más disparos comenzaron a volar a su alrededor.

─¡Ríndete, granuja! ─una voz sonó a la distancia.

─¡Oh, no esos payasos! ─exclamó Jack.