Bounty & the Fool 8 El Corazón de la Maldad #2
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8 El Corazón de la Maldad #2

Pero ahora su temeraria líder estaba atrapada por un caza recompensas que habría de llevarla a la justicia, la horca, o algo peor; y aunque podían confiar que el hecho de que se la llevase con vida significaba que la necesitaba así, temían el qué pudiera ocurrir con ella si no llegaban a tiempo para salvarla.

Reunidos alrededor de una pequeña fogata en el bosque en la noche, el cuarteto compartía sus pesares y discutía ideas.

─Le dije que era una trampa, pero ¿me escuchó? ¡No! ─se quejaba Dolores─. Nunca lo hace. Es una cabeza dura. Una testadura. Y no me haré responsable por lo que le pase, ¿quedó claro?

El Loco Kinski y Bob Bull asintieron sus cabezas intimidados.

─Nadie te responsabiliza de nada, Dolores, querida ─respondió el Sr. Curtis─.

Esto fue su plan, y, en nuestra línea de trabajo, son cosas que suceden.

─Sí ─secundó el Loco Kinski─. ¿Te acuerdas cuando me atraparon?

─¡Estaba angustiada a morir! ─rio Bob Bull.

─¡Cállense! ─les dijo Dolores.

─Es bueno sentirse querido ─el Loco Kinski se encogió de hombros.

─Esa vez fue diferente ─siguió Dolores─. Tuvimos suerte. Te atraparon un par de comisarios idiotas. Esta vez… Un caza recompensa… Ellos operan de otra forma.

─La recuperaremos, no temas ─aseguró el Sr. Curstis, poniéndole una mano sobre la suya para calmar sus ansias─. Sólo tenemos que ser lógicos. Si ese hombre es un caza recompensas, significa que la llevará al pueblo más cercano para entregarla.

─¡Mapa! ─exclamó el Loco Kinski, sacando un mapa de su saco.

─¿Siempre llevas eso contigo? ─cuestionó Dolores, desconcertada. ─Mantiene el pecho caliente ─contestó─. No soy muy velludo. Lo sabes… Miró hacia abajo con vergüenza.

─Eh, es mejor así ─dijo Bob Bull─. Da mucho calor.

─Siempre puedes usar utilería ─sugirió el Sr. Curtis.

─¡¿Les importaría!? ─dijo Dolores─. Hablábamos de rescatar a Rachel. ─¡Cierto! ─repuso el Sr. Curtis─. Entonces, el próximo más cercano debe ser… ─Bright Star ─señaló el Loco Kinski.

─¡Hay tienes! ─siguió el Sr. Curtis─. Todo lo que tenemos que hacer es llegar a Bright Star antes que ellos y ¡listo!

─Ajá ─contestó Dolores─. ¿Con todas nuestras bonitas caras en pósteres de “se busca”?

─Siempre hay soluciones creativas para situaciones desafiantes, Dolores, querida, si me sigues ─dijo el Sr. Curtis y abrió una maleta que siempre llevaba consigo y que no traía otra cosa excepto maquillaje y vestuario─. Como en los viejos tiempos. ¿Qué dices?

Dolores alzó una ceja, no del todo convencida, pero aceptando que era mejor que nada.

Aún así, quedaba la duda, ¿en verdad se dirigirían Rachel y su captor a Bright Star?

Y, más importante aún, ¿llegarían a ellos antes de la ley o, peor aún, esos violentos hombres del tren, cuya presencia en todo este asunto aún les resultaba difícil de explicar?

*****

A unos kilómetros de distancia, en algún otro punto remoto del bosque pero colina arriba y sin haber creado aún campamento alguno, Alan y la pandilla de Telly se hallaban analizando igualmente su siguiente movimiento.

No obstante, a diferencia de Dolores y los suyos, este no estaba enfocado en Rachel y el caza recompensas, sino en algo mucho más próximo…

una cabaña. Se localizaba en un pequeño claro del bosque y, considerando el frío y la oscuridad que les rodeaba, parecía el mejor hotel que jamás hubiesen visto.

Tenía una acogedora chimenea y no era descabellado suponer que debía contar con alguna cama y, posiblemente, algo de comida.

Incluso para Alan parecía un sueño a diferencia de dormir en medio del bosque, sobre un pedazo de tronco duro y con insectos.

La única interrogante era, ¿quién vivía ahí y cómo lidiar con esa persona? En ello pensaba Telly, mientras Stanton y Elam sólo fantaseaban con sus interiores.

─¡Eso sin duda parece acogedor, ¿eh!? ─exclamó Stanton.

─¡Sí, sí! ─afirmó Elam.

─¡Shh! ─chistó Telly─. ¿Alguien ve algún perro?

─No veo perro alguno, Telly ─contestó Stanton, echando un vistazo.

─¿Quizá adentro? ─planteó Elam.

─Eh, da lo mismo ─dijo Telly─. Saben qué hacer. Quédese cerca, Finolis.

El cuarteto salió de sus escondites entre los árboles y se encaminaron a la cabaña.

─¿Puedo tener mi arma de vuelta, por favor? ─pidió Alan, apresurando el paso y sintiéndose inquieto ante lo que estaban por realizar.

Telly le arrojó un vistazo y torció la boca, no convencido pero resignado.

─…No veo porqué no ─contestó─. ¡Pero no intente ninguna tontería o ya verá!

─No lo haré ─aseguró Alan.

─¡Elam! ─Telly le llamó.

Elam le devolvió el revólver a Alan, y Telly notó la peculiaridad de su mango.

─Vaya tipo de arma es esa… ─dijo.

─Mi papá me la regaló en mi cumpleaños ─sonrió Alan─. Es especial, ¿ve? Dispara balas extra puntiagudas para asegurarse de llegar lo más profundo posible en el cuerpo y garantizar así la muerte de su oponente.

Tanto Stanton como Elam alzaron las cejas con desconcierto ante tal explicación… y tal fascinación por lo que un arma era capaz que hacer. A Telly nada de esto lo sorprendió, pero tampoco le agradó. Sólo suspiró y dijo:

─Algunas personas tienen demasiado dinero…

Alan rio y trató de explicar los beneficios de su arma, pero el ladrido de un perro al interior de la cabaña lo detuvo.

─¡Maldita sea! ─exclamó Telly─. ¡Vayan! ¡Vayan!

─¡Sabía que tenía que estar adentro! ─rio Elam.

Los hombres corrieron a la cabaña, Telly abrió la puerta de una patada y sus secuaces abrieron fuego a lo salvaje.

Todo el asunto ocurrió demasiado rápido y no hubo lugar para enfrentamiento alguno.

El dueño de la cabaña, un viejo ermitaño, apenas iba a agarrar su escopeta cuando el arma de Telly golpeó en su cabeza y lo dejó fuera de combate.

Stanton y Elam se encargaron del perro, un sabueso que los mordió un par de veces pero que finalmente sosegaron al atarlo a una viga.

Desde luego, esto no lo calmó. El perro siguió ladrando sin cesar mientras el trío tomaba poder de la cabaña y se hacía de algunos bienes.

Stanton y Elam pronto se agasajaron de comida.

Pan, mermelada, y algo de carne seca desaparecieron en instantes, mientras Telly se dedicó a limpiar sus heridas con algo de whisky, mismo que también ingirió para calmarse tras todas las tensiones del día.

El único que no se dejó llevar fue Alan.

La comida campirana no era de su agrado.

Él estaba acostumbrado a platillos finos y hechos del día.

Despreciaba los estofados y sopas con una semana de antigüedad, los embutidos le parecían asquerosos, e incluso el licor sin marca le resultaba repugnante.

Para colmo de todo, no soportaba el incesante ladrido del sabueso.

Bebió un poco de agua y pellizcó algo de pan para saciar sus necesidades más básicas…

pero el perro lo desesperaba. Se tapó los oídos y caminó en círculos, tratando de ignorarlo, mientras sus nuevos compañeros, despreocupados por el can, estudiaban un mapa para planear su trayecto del día siguiente.

─Así que estamos aquí ─señaló Telly─. La estación Pink Rose está por allá. Eso queda a un par de días de distancias. Más si se viaja con una dama.

─¡Ella no es una dama! ─exclamó Alan─. ¡Es una mujerzuela! Y necesitamos atraparlos antes de que lleguen a Pink Rose. ¡¿No puede alguien callar a esa maldita cosa!?

─señaló al perro─. ¡Alguien podría oírlo!

─Lo dudo… ─contestó Telly.

─¿Qué tal por ahí, Telly? ─Stanton señaló a un paso en el mapa─. Parece un trayecto más fácil para una mujer…

─Sí, podría ser… ─Telly se frotó la barbilla, considerándolo, cuando…

¡Bang! ¡Alan soltó un disparo al perro! Sus compañeros entraron en pánico y desenfundaron sus armas, sólo para ver cómo el banquero apuntaba su humeante cañón hacia la bestia… que ahora temblaba encogida en sí, en completa angustia, pero viva.

─¡¿Qué carajo!? ─gritó Telly.

─¡¿Quién le dispara a un perro!? ─exclamó Elam.

Compadecido por el animal, se agachó a acariciarlo y calmarlo.

─¡Les dije que me estaba molestando! ─contestó Alan.

─¡Suficiente! ─exclamó Telly─. Contrólese, Finolis. Un hombre tiene que ser un verdadero bastardo para dispararle a un perro. Ahora, como yo estaba diciendo, ir por ese paso podría ser una buena idea para realizarle una emboscada al granuja ese y la tipa.

Stanton frunció el cejo con absoluto desconcierto. ¡Telly le estaba robando su idea!

─Descansen un poco ─dijo Telly, sin prestarle atención a la reacción de su compañero─. ¡Mañana los atraparemos!