Bounty & the Fool 7 Convicciones
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7 Convicciones

Sujetando a Rachel contra sí, Jack cabalgó a toda velocidad bosque arriba, pronto dejando el tren y todos sus problemas atrás.

El intercambio de disparos poco a poco fue oyéndose menos y menos, y aunque el caza recompensas sabía que esto no significaba nada, estaba igualmente al tanto que cabalgar era igualmente algo que no pasaría inadvertido.

Por lo tanto, que tras un rato de andar sin rumbo, se detuvo para analizar la situación y asegurarse de que estaban fuera de peligro.

La ausencia de caballos, disparos, y del andar del tren le hicieron soltar un suspiro de alivio y extender una sonrisa.

─¡Finalmente, un respiro! ─exclamó.

Pero, ¿era realmente el caso? Justo cuando Jack se relajó por una décima de instante, ¡Rachel azotó su nuca contra su cara y tiró a Jack del caballo, luego agarrando las riendas del corcel y dándose a la fuga!

Jack se levantó. Su nariz sangraba y sus ojos estaban enrojecidos, y, sin embargo, nada de esto le importaba a comparación de ver a su botín escapar con una sonrisa petulante.

Dicha sonrisa desaparecería dos segundos después cuando Jack silbase a su caballo y este se detuviese en seco, ¡lanzando a Rachel metros adelante!

─Así está mejor ─dijo Jack.

Recogió su sombrero y se limpió la nariz, dirigiéndose a su caballo que lo esperaba con toda firmeza y calma.

─¿Estás bien? ─preguntó.

Rachel, tirada en el suelo, con el cabello todo revuelto y el rostro bañado de lodo, escupió la mordaza de su boca y trató de levantarse, sin mucha suerte.

─¡¿Qué te importa!? ─le gritó a Jack.

─¡Le preguntaba al caballo! ─contestó Jack.

Ciertamente Jack acariciaba ya el rostro de su corcel para calmarlo, concediéndole una sonrisa todavía más petulante a su prisionera. Ella frunció la boca con burla.

Dame una mano, ¿quieres? ─dijo─. Es difícil levantarse con las manos atadas.

¡Oh, ¿ahora quieres mi ayuda!? ─repuso Jack─. Pues olvídelo, señorita. Ha

perdido sus derechos de prisionera ─le mostró su mano cubierta de la sangre de su nariz.

─Debe admitir que luce mejor ahora ─Rachel sonrió desafiante.

─Usted también ─Jack señaló el lodo en su rostro─. ¡Ahora arriba!

A regañadientes, Rachel se incorporó. Su alguna vez hermoso vestido blanco estaba completamente rasgado y cubierto de lodo y pasto. Extendió sus manos atadas a Jack, pidiéndole ayuda para subirla a su caballo, pero el caza recompensas se rehusó.

─Nada de eso ─dijo─. De nuevo, perdió sus derechos de prisionera, ¡y ahora tendrá que caminar!

─¡Tiene que estar bromeando! ─protesto Rachel.

─No, no bromeo ─dijo Jack─. Ahora camine y ni siquiera piense en gritar o correr porque nunca le he disparado a una mujer pero usted sin duda es suficiente para hacer que un hombre intente cosas nuevas.

─Está blufeando ─respondió Rachel─. Mi padre me quiere viva y bien- Jack desenfundó su arma y Rachel guardó silencio, tensa.

─Todo cuanto acordamos fue viva ─le dijo─. ¡Ahora camine!

Rachel le arrojó una mirada asesina y escupió en su dirección.

─¡Usted es despreciable! ─exclamó.

─¡El sentimiento es mutuo! ─contestó Jack.

Y sin más, comenzaron su andar. Rachel caminando, y Jack siguiéndola a caballo.

Un par de kilómetros más abajo, el intercambio de disparos entre el grupo de Dolores y el de Telly continuaba a caballo y con más distancia.

Aunque el grupo de Telly no sabía porqué Dolores y los suyos los atacaban, sabían que si no respondían al fuego estarían fritos, y huían y disparaban con tanta violencia como podían.

En tanto a Dolores y su trío, ellos estaban convencidos de que Telly era quien tenía a Rachel…

hasta que, tras unos minutos de enfrentamiento, el Loco Kinski finalmente dijo:

─¡Dolores, ¿estás segura que ellos la tienen!? ¡No la veo!

─¡Yo tampoco! ─secundó Bob Bull.

─¡Claro que estoy segura! ─respondió Dolores─. ¡¿Dónde más podría estar!?

Justo en ese momento, la imagen de Jack vino a la mente del Sr. Curtis.

─¡Había otro hombre! ─informó entonces.

─¿Eh?

─¡Había otro hombre en el tren! ─siguió─. ¡Nos estaba mirando y no era ninguno de esos cuatro! ¡Probablemente era un caza recompensas!

Dolores detuvo su caballo en seco y su pandilla la copió.

─¡¿Y me dices eso ahora !? ─reclamó.

─¡Lo siento! ─contestó el Sr. Curtis─. Puesto que el banquero está con ellos, pensé que estaban todos juntos.

Dolores suspiró con estrés y miró alrededor con preocupación.

─¿Dónde está, entonces? ─se preguntó.

Por su parte, Telly y su pandilla, que ahora incluía a Alan, también se detuvo ante la interrupción de su confrontación con sus perseguidores.

─¡Se están escapando, jefe! ─advirtió Stanton─. ¿Deberíamos seguirlos?

─¡¿Qué!? ¡No! ¡¿Cuál sería el punto de eso!? ─contestó Telly.

─¿Venganza? ─Stanton se encogió de hombros.

─Cállate ─le dijo Telly─. No me interesan ellos. Me interesa lo que el Sr. Finolis aquí tiene que decir. Dices que sabes cómo encontrar a ese bufón. ¿Y bien?

─Bueno, de nuevo, no lo conozco ─dijo Alan─, pero sé que fue contratado por el Sr. Jefferson McAllister de la compañía ferrocarrilera, para atrapar a esa mujerzuela del tren. Ella tiene una recompensa a su cabeza.

¡¿Ella!? ─exclamó Stanton.

¡¿Bajo qué cargos!? ─secundó Elam, con tanta impresión como su compañero.

─Robo de tren ─informo Alan─. Ha robado más de cien mil dólares… ─¡¿Ella!? ─gritó Stanton de nuevo.

─¡¿Cien mil dólares!? ─secundó Elam.

Telly les azotó algunos golpes a sus espaldas para silenciarlos.

─¡Cállense! ─les dijo─. ¡Ouch! ─agarró su hombro herido─. ¿Decía, Finolis?

─Sí, bueno, creo que podría saber a dónde se dirigen ─dijo Alan─. Y si me ayudan a atraparla, pueden quedarse con el caza recompensas ese. Sin preguntas.

─Ajá, ¿y el dinero que la tipa se robó qué? ─preguntó Telly.

─Como dije… sin preguntas ─respondió Alan.

Le ofreció su mano a Telly. El brutal bandido lo pensó por un momento.

No era la primera vez que un hombre de traje y buen habla le realizaba una propuesta de este estilo, y sabía bien que, con gente como esa, tenía que tener más cuidado que con cualquier otro criminal.

Sin embargo, la oferta era buena. Si el deseo de venganza le motivaba, pensar que, logrando esta, podría quedarse con más de cien mil dólares, le entusiasmaba aún más.

¿Qué más daba si algo en él le decía que Alan no era de fiar?

Así como tenía experiencia en siendo usado y traicionado por gente como él, tenía experiencia en darles su merecido cuando esto llegaba a pasar.

No era, por lo tanto, una mala oferta y la aceptó con un fuerte estrechón de manos… que casi rompió la del banquero.

*****

Aunque ni el grupo de Telly, ni mucho menos el de Dolores tenía un trayecto claro, Jack sabía bien a dónde ir – es decir, la estación Pink Rose.

Si bien los detalles de logística se habían visto transformados a partir de los sucesos del tren, los aspectos básicos de su plan seguían siendo los mismos.

Debía llevar a Rachel por el bosque y evitando pueblos o entornos sociales donde pudiese ser reconocida, todo lo cual significaba que habrían de cabalgar por un par de días rumbo a su punto de encuentro con Jefferson.

Claro que, dada la poca confianza que la astuta ladrona de trenes le creaba y la necesidad de tener que hacerla caminar por el bosque, esto habría de tomar un poco más de tiempo…

en especial con el paso lento con el que ella se movía, consecuencia del par de zapatos finos y elegantes que Rachel había elegido, ideales para impresionar en buenos círculos sociales, pero terribles para el entorno en el que se hallaba ahora.

De manera que, para el final del día, poco terreno habían cubierto, trayendo en cambio mucho cansancio a la bandida, quien ahora arrastraba sus pies con cansancio, sudorosa y torpe, mientras el fresco y relajado Jack la seguía a caballo.

─La noche caerá en cualquier momento ─dijo, con una boca seca.

─¡Gracias por decirme cómo funciona el día! ─respondió Jack─. ¡No tenía idea!

─Aunque en su caso no estoy del todo segura que eso sea una broma ─Rachel no se evitó una respuesta sardónica─, incluso un enclenque como usted debería saber que es mala idea viajar de noche por el bosque.

─Sólo un poco más ─contestó Jack─. Pero oiga ─le arrojó su cantimplora─.

Odiaría que esos labios dejasen toda esa palabrería…

─Y yo preferiría deshidratarme que poner mi boca donde usted la ha puesto ─ Rachel arrojó la cantimplora al suelo y escupió… apenas.

─¡Como guste! ─rio Jack.

Se agachó a recoger su cantimplora y Rachel trató atacarlo, sólo para tropezar en el acto, agotada como estaba.

─Ya no tan peleonera, ¿eh? ─señaló el caza recompensas.

─¡Usted trate de caminar en estos malditos zapatos por seis horas y veamos qué tan peleonero es! ─contestó Rachel.

─Sí, bueno, debió elegir un mejor atuendo para caminar en el bosque ─dijo Jack.

Rachel entrecerró los ojos, deseando poder asfixiarlo en el acto.

─Pero tiene razón ─siguió Jack─. Quizá sea tiempo de descansar un poco. Hay un riachuelo caminando unos minutos en esa dirección. ¿Cree poder lograrlo?

…¡NO! ─exclamó Rachel.

Bueno, ¡la veo mañana, entonces! ─Jack siguió su cabalgar.

Rachel se incorporó torpemente y corrió tras él.

─¡No! ¡Espere! ¿Por favor? ─pidió.

─¿Se comportará? ─preguntó Jack, deteniéndose por un momento.

─¡Sí! ¡Sí, lo juro! ─respondió Rachel─. Sólo… no puedo seguir con estos zapatos.

─Bueno, me alegra ver que puede hacer concesiones ─contestó Jack.

La jaló por el amarre en sus manos y la sentó frente a él.

─¡Compórtese! ─le dijo.

─Sí, sí…

El par cabalgó por un par de kilómetros hasta encontrar el riachuelo mencionado por Jack, en donde el caza recompensas montó un pequeño campamento.

El sitio era ideal. Estaba cubierto por suficientes árboles para no ser vistos por enemigos, pero con espacio para poder advertir en caso de animales peligrosos, además, claro de tener acceso a agua pura y limpia que Rachel no se evitó de beber con desesperación apenas como bajó del caballo.

La dejó correr por sus manos, la echó a sus labios partidos, y refrescó su rostro.

Luego, mientras su captor trabajaba en juntar leña, se quitó los zapatos y metió los pies al río, alivianándolos tras esas brutales horas de caminata a la par en que continuaba lavándose el cuello y pecho del lodo y sudor.

A Jack no le molestó la imagen de la bandida bañándose parcialmente frente a él, pero trató de no distraerse demasiado con ella.

─Así que, ¿cuánto le está pagando mi padre? ─preguntó Rachel.

─¿Por qué? ¿Piensa duplicarlo? ─contestó Jack.

─Bien podría, sí ─aseguró Rachel.

─¡Señorita, en este punto, la entregaría gratis! ─guiñó Jack.

Rachel volteó los ojos y suspiró.

─Mire, no fue personal, ¿sí? ─dijo─. Es como usted dijo. Son sólo negocios. Usted es un caza recompensas, yo soy una recompensa. Tenía que defenderme. Eso es todo.

Pero si fuese la mitad de listo que un hombre promedio, sabría que mi oferta es buena. ¡No!

¡Grandiosa!

─Seguro que lo es… ─Jack no le creía una palabra.

─No diré “lo siento” si eso es lo que busca… ─advirtió Rachel.

─Dudo que tenga tal capacidad ─contestó Jack, encendiendo el fuego de la fogata.

─Lo siento, ¿sí? ─siguió Rachel─. Ahí tiene. Lamento haberle roto la nariz, lamento haberle robado el caballo…

─¿Ahora hará una lista? ─rio Jack, sacando algo de carne seca de su maleta.

─Y lamento no ser la prisionera ideal, ¿de acuerdo? Lo siento.

─Disculpas aceptadas.

─¿Entonces? ¿Aceptará mi oferta?

─Ni en un millón de años ─sonrió Jack.

Rachel, exhausta, agarró sus zapatos y caminó hacia él.

─¡¿Por qué no!? ¡Es buena! ─dijo.

─No lo dudo. Aún así no ─siguió Jack─. Soy un hombre de palabra, verá… ─Oh, claro… ─Rachel volteó los ojos.

─Y si digo que haré algo, lo hago. Ahora, ¿carne seca? ─le ofreció un pedazo.

─¡No quiero su sucia carne! ─contestó Rachel.

Un rugido de su estómago la delató.

─¿Segura? ─sonrió Jack.

Rachel lo miró con desprecio y agarró la carne.

─Eso está mejor ─rio Jack─. Ahora en cuanto estos… ─señaló los elegantes zapatos de Rachel─. ¿Es eso lo que hace con el dinero que roba? ¿Comprar tonterías?

─Le haré saber que estos son la última tendencia Paris (no que sepa mucho de ese lugar); y lo que hago con mi dinero es mi problema, muchas gracias ─Rachel los apartó.

Son sus pies… ─Jack se encogió en hombros─. En fin, quizá quiera tratar esto.

Le arrojó una pequeña bolsa.

─Es aloe ─dijo─. Ayuda con ampollas por caminar demasiado.

Rachel frunció el cejo, desconcertada por el acto de amabilidad.

─Bueno… gracias ─dijo, insegura de cómo reaccionar.

─No hay problema. ¡Una larga caminata nos aguarda! ─Supongo que no creerá si le digo que me comportaré… ─No en realidad ─contestó Jack.

Rachel colgó sus hombros, derrotada… y Jack se compadeció.

─Pero hagamos esto ─propuso─. Usted pase una noche sin intentar matarme o escapar, y yo reconsideraré sus derechos de prisionera.

─Claro… en tanto no intente escapar ─desafió Rachel.

La propuesta de Jack no sonaba mal, pero Rachel no quería volver a concederle la razón.

Fastidiarlo era más importante que su propia comodidad, y Jack lo entendía.

Por lo tanto, decidió darle lo que quería…

y ató sus manos a la espalda y sus pies descalzos lo más pegados que pudo para asegurarse de que ni siquiera intentase escapar durante la noche.

Así, el caza recompensas logró dormir tranquilamente toda la noche, con una gran sonrisa en su rostro, mientras la bandida le insultaba bajo su aliento, cambiando de posición una y otra vez, buscando sin éxito una posición cómoda a su incómoda situación.

Sin duda tener convicciones era lo opuesto al hedonismo.