6 La Colisión (Parte 2) #2
─¡Y si no me ayuda, nos van a matar a ambos! ─Jack ignoró el comentario.
─¡O quizá sólo lo maten a usted y a mí me dejen ver!
¡BANG! ¡BANG! Más disparos continuaron azotando la puerta.
─¡Bien! ¡Bien! ¡Ayudaré! ─Rachel se resignó.
Juntos, empujaron la enorme caja de herraduras contra la puerta.
─¡Vaya hombre que es usted! ─le dijo Rachel─. ¡Pidiéndole ayuda a una fina dama para empujar lo que usted no puede!
─¿Cuál fina dama? ─sonrió Jack.
Rachel le arrojó una mirada letal.
─¡Ahora andando, princesa! ─siguió Jack.
La jaló de la cuerda en sus manos y liberó su caballo.
─¡Esto es absurdo! ─gritó Rachel.
─Nah, estos son sólo negocios ─respondió Jack, abriendo la puerta lateral.
─¿Negocios? ¿Es eso lo que le interesa? ─repuso Rachel─. ¿Qué tal este negocio, amigo? Hay cien mil dólares en la caja fuerte del vagón anterior. Si me ayuda a robarla, la mitad de ese dinero es suyo.
Jack soltó una carcajada en lo que montaba su caballo.
─¡Sin duda parece más lista de lo que es! ─le dijo antes de jalarla y sentarla frente a sí─. ¡Esa fue sólo una táctica que se nos ocurrió a su padre y a mí para atraparla!
─¡Sucio bastardo! ─gritó Rachel.
Disparos y patadas quebraron la puerta y el trío de bandidos apareció.
─¡¿Podrían apresurarse y matarlo!? ─les pidió Rachel.
Sin embargo, tan pronto como Telly y los suyos entraron… ¡Dolores, Bob Bull, y el Loco Kinski llegaron al exterior!
─¡Rachel! ¡Rachel, ¿dónde estás!? ─gritó Dolores.
─¡Aquí! ¡Dolores! ¡Dolores! ─contestó Rachel a la brevedad.
Dolores y su pandilla oyeron los gritos, vieron a Telly y sus hombres…
y no hubo tiempo para pensar. Su líder estaba en peligro y tres hombres armados de aspecto peligroso se mostraban ante sí.
De una u otra forma debían estar detrás de lo que ocurría, y, sin más, ambos grupos comenzaron a dispararse.
─¡¿Quiénes rayos son esos!? ─gritó Stanton.
─¡¿A quién le importa!? ¡Dispara! ─contestó Telly.
Aprovechando la distracción y queriendo evitar que Rachel pudiese pedir más ayuda, Jack le arrancó un pedazo de su vestido.
─¡Oye! ─reclamó Rachel.
Jack la amordazó de inmediato.
─Ya es suficiente de eso por ahora, ¿sí? ─le dijo.
Rachel se sacudió y siguió tratando de gritar, pero a Jack no le importó. Sólo azotó las riendas de su caballo y escapó por la puerta lateral rumbo al bosque, yendo en dirección contraria a donde la balacera ocurría.
Desde el vagón de carga, Alan vio el escape.
─¡No! ─gritó con furia y desesperación, azotando sus manos contra la ventana.
Y en el vagón de los animales, fue Stanton quien se percató del suceso.
─¡Te-Telly! ¡Se escapó! ─advirtió.
─¡¿Qué!? ─Telly volteó y vio a Stanton señalando a Jack a la distancia─. ¡Ese maldito granuja! ¡Vamos!
─¿Qué hay con ellos? ─preguntó Elam, refiriéndose a Dolores y compañía.
─¡¿A quién le importa! ─contestó Telly─. ¡Andando!
El trío corrió a tomar los tres caballos más tranquilos que pudieron encontrar y desistieron a su enfrentamiento con la pandilla de Dolores, quien seguía llamando:
─¡¿Rachel!? ¡¿Rachel!? Algo pasó. ¡Vayan!
El Loco Kinski y Bob Bull se apresuraron al vagón de carga… y encontraron a Alan. ─¡El Bandido de las Medias! ─lo llamó el Loco Kinski.
Los ojos de Alan se expandieron a más no poder y su mano buscó por su arma, olvidando que se la acaban de robar. El Loco Kinski sonrió, listo para acabarlo… pero ignorando que su arma ya no tenía más balas.
─¡Mierda! ─exclamó.
Alan no desperdició un instante y salió corriendo hacia el vagón de animales, apenas eludiendo un par de disparos por parte de Bob Bull.
Irrumpió en el vagón de un brinco y fue recibido por un disparo que voló sobre su cabeza por parte ni más, ni menos que de Telly.
─¡No disparen! ¡No disparen! ─pidió─. ¡No…! ¡No estoy con ellos! ¡Lo juro!
Recargando su arma, el Loco Kinski abrió fuego a continuación junto a Bob Bull, y Telly y su pandilla dispararon en respuesta.
─Creo que dice la verdad, jefe ─comentó Stanton.
─Eh, ¿a quién le importa? Dejen que se queden con él ─respondió Telly.
Agarró las riendas de su caballo robado y lo montón.
─¡Por favor! ¡Se lo ruego! ─Alan se agarró de su pierna.
─¡Fuera de mi camino! ─Telly lo pateó.
Junto a sus hombres, estaba listo para partir, cuando Alan dijo:
─¡Están buscando por ese hombre, ¿no es así!? ¡Yo puedo llevarlos con él!
Telly se detuvo y volteó hacia el suplicante muchacho.
─¿Lo conoces? ─preguntó.
─No… Pero sé a dónde podrían dirigirse ─respondió.
Una simple y torcida sonrisa del temerario Telly fue suficiente para que Alan entendiera que su súplica había sido aceptada. Telly indicó a Elam que lo llevase consigo, y el trío de criminales se dio a la fuga.
Entre tanto, el Sr. Curtis se reunía ahora con el Loco Kinski y Bob Bull en el vagón de carga, incauto de lo que había ocurrido, pero consciente de que estaban en problemas.
─¡¿Podría alguien decirme qué rayos sucede!? Preguntó.
─¡Ese maldito banquero se llevó a la Srta. Rachel! ─informó el Loco Kinski.
─¡¿Qué!?
─¡El Ladrón de Medias! ─informó ahora Bob Bull.
─¡¿Dolores!? ─el Sr. Curtis buscó por más información.
La jinete se mostraba a la entrada del vagón.
Ya lo escuché ─respondió─. ¡¿Qué están esperando!? ¡Andando!
¡¿Y qué hay del dinero!? ─preguntó Bob Bull.
─¡No hay dinero sin Rachel! ─contestó Dolores─. ¡Vamos!
El trío de hombres compartió una mirada y coincidieron en que Dolores tenía razón. Sin más, saltaron del tren hacia sus caballos y, junto a Dolores, se dieron a la búsqueda para rescatar a Rachel.