5 Estación a Estación (Parte 1) #3
Compartieron una sonrisa y el plan se puso en marcha.
El Sr. Curtis se levantó, estirando sus brazos detrás de su espalda como un hombre agotado, y salió por la entrada frontal del vagón, rumbo al baño.
Jack no distrajo su mirada del libro, pero se mantuvo al pendiente de cada movimiento que él o su compañera estarían por hacer.
Alan, por otro lado, no era tan discreto.
Asomó su cabeza por el pasillo, tratando de ver qué hacía el miembro más elegante de la pandilla de Rachel.
Luego trató de actuar “casual” ante el cuarteto de hermanas que iban sentadas delante suyo y que rieron ante el pequeño susto que les dio verlo hacer tal brusco movimiento.
Rachel oyó las risillas de las pasajeras pero no les prestó la más mínima atención.
En lo absoluto había pensado que Alan podría estar ahí – más bien, en lo absoluto había pensado en él desde su primer encuentro.
Su atención estaba más bien puesta en el reflejo de Jack sobre un pequeño espejo de bolsillo con el que pretendía estar polvoreándose la nariz, y que ahora lo mostraba quedándose dormido en su asiento.
¡Vaya caza recompensas! Rachel sonrió con diversión, guardó su espejo, y se incorporó, dirigiéndose al final del vagón, como si se dirigiese al baño.
Viéndola ir hacia él, Alan entró en pánico y se cubrió el rostro con el sombrero en su totalidad.
Rachel seguía sin percatarse de su presencia, manteniendo más bien un ojo sobre el “dormido” Jack, cuya cabeza rebotaba ante el sacudir del tren.
Rachel sopló una risa, pareciéndole una situación familiar, y siguió de largo.
Pasó junto a Alan sin notarlo y se detuvo a la entrada del baño, arrojando un vistazo a los demás pasajeros.
Nadie parecía estarla siguiendo y continuó su trayecto rumbo al siguiente vagón.
Con el abrir y cerrar de la puerta, Jack abrió los ojos.
Desde luego, no estaba dormido, sino que calculaba los pasos de la enigmática bandida y ahora que ella había salido de escena, podía ponerse en acción.
Guardó su libro dentro de su saco y fue tras ella con toda discreción.
Miró brevemente en dirección de Alan, quien continuó sin quitarse el sombrero de la cara, y alcanzó a notar el mango rojo de su arma.
El caza recompensas frunció el cejo, comprendiendo que se trataba de un hombre de cuidado, y apresuró su paso.
Una vez que salió del vagón, Alan lo siguió sin discreción y con toda prisa.
Rachel pasó de un vagón a otro, distrayendo algunas miradas pero no levantando ninguna sospecha, hasta que finalmente llegó al último tren de pasajeros – aquel donde Telly y su pandilla viajaba junto a los comisarios.
La imagen de estos hombres de ley hizo a la bandida detenerse brevemente y dar un trago de saliva, pensando por un instante que estaban ahí por ella…
sólo para calmar sus ansias ante la imagen de los criminales esposados que iban al otro lado del pasillo.
─¡No tema, señorita! ─le dijo uno de los comisarios─. ¡Están esposados!
─Pues, claro ─Rachel rio, nerviosa─. ¡Gracias!
Los comisarios reanudaron su juego y Rachel pasó junto a ellos, un tanto tensa y esforzándose en mantener una sonrisa encantadora con cual cautivarlos en caso de que le dieran problemas, pero no fue el caso. Los comisarios estaban muy metidos en su juego, y
los únicos que mantuvieron su mirada en ella fueron los tres hombres esposados, quienes incluso le concedieron un amable asentir de sus cabezas.
Podrían ser bárbaros y brutos, pero sabían apreciar y comportarse en tal presencia, cuando menos Stanton y Elam.
Rachel les sonrió suavemente y les pasó de largo.
Sabía que le mirarían el trasero tras esto, pero no le importó.
Tenía un objetivo y habría de lograrlo una vez que llegase al vagón de carga.
─Disculpe, señorita ─el mismo comisario de antes le detuvo justo cuando estaba por abrir la puerta─. ¿Está perdida? Este es el último vagón de pasajeros.
─Oh, sí ─contestó Rachel─. Yo, eh, necesito checar cómo está mi perro. El pobre está viajando en el vagón de equipaje. ¡Es muy grande, me temo!
─¡Oh, ya veo! ─contestó el comisario─. ¡No hay problema! ¿Necesita ayuda?
─¡No hace falta, mi buen hombre! ¡Yo puedo con esto! ─aseguró Rachel.
─¡Como guste!
Jack entró justo en ese momento, distrayendo la atención tanto de Rachel como de los comisarios… como del trío de bandidos. El caza recompensas se detuvo en seco y se bajó el sombrero en un fútil intento de no ser reconocido, mientras Rachel, apresurada, sólo desapareció en el siguiente vagón.
Jack la siguió, dando su espalda a Telly y su pandilla tratando evitarlos.
─Oye, ¿es ese…? ─empezó a preguntar Elam.
─Cállate, Elam ─le dijo Telly a la brevedad.
Stanton confirmó con un suave gesto de su cabeza. El trío vio a Jack pasar de largo, así como también lo hicieron los comisarios, más interesados en él que en Rachel.
Jack les concedió una forzada sonrisa y salió del vagón.