5 Estación a Estación (Parte 1) #2
El trayecto se mantuvo así por un rato. Jack pretendía leer, Alan le vigilaba, y algunos vagones más atrás, Telly y sus secuaces iban sentados dócilmente mientras los comisarios que les escoltaban jugaban tranquilamente un juego de naipes Tanto Stanton como Elam tenían su atención puesta en el juego.
No era difícil distraerlos ni mantenerlos entretenidos.
Telly, sin embargo, fingía hacer lo mismo cuando, en realidad, su mente desarrollaba un plan de escape que estaba en marcha desde el momento en que vio a Jack abordar el mismo tren.
No era que, de no haber visto al caza recompensas sus intenciones de huir a la libertad se hubiesen evitado -de hecho esa era su principal prioridad desde que despertó con las esposas alrededor de sus manos-, pero había algo en el deseo de venganza que lo motivaba un poco más.
La libertad estaba bien. Pero ¿hacer pagar a un enemigo?
Eso era uno de los mejores placeres de la vida; e, inspirado como estaba, tuvo una idea práctica y bastante brutal que llevaba a cabo a medio juego de naipes.
Sin que ninguno de sus compañeros se percatase de ello, Telly bajó sus manos hasta su cintura, agarró la izquierda con la derecha, hizo un veloz movimiento y ¡crack! ¡La dislocó!
Stanton y Elam alcanzaron a escuchar el diminuto crujir y lo vieron zafarse de las esposas con toda facilidad.
Regresó su mano a su ubicación y les arrojó una mirada, advirtiéndoles que fuesen discretos.
Sus hombres, ligeramente sonrientes y emocionados por su inminente libertad, asintieron suavemente la cabeza y regresaron su atención al juego de naipes, sólo fantaseando todas las cosas que podrían hacer una vez libres.
Todo estaba a sólo una parada de distancia…
y el silbar del tren advertía ya de esta.
La cuarta parada del ferrocarril habría de ocurrir en una pequeña estación rodeada de bosque, cerca de un pequeño y remoto pueblo.
Era exactamente del tipo de sitio en el que Jack sospechaba que Rachel podría aparecer, y por lo tanto, prestó toda su atención en el grupo de pasajeros que estaría por abordar.
El grupo no era grande. Una docena, a lo mucho, aunque aproximadamente la mitad de esta eran mujeres jóvenes y bien vestidas.
Esto estresó un poco al caza recompensas al tener que vigilar con más cercanía y cautela, mientras que a Alan sólo parecía confirmarle sus sospechas.
Jack estaba ahí por Rachel. Pero ¿por qué la discreción?
¿Por qué Jefferson no había informado a nadie de su plan de contratar a un caza recompensas?
¿Acaso buscaba quedarse con la mitad de lo que ofrecían por ella o es que estaba colaborando con la ladrona?
Sus pensamientos iban en todas las direcciones y sólo esperaba a ver qué haría Jack cuando Rachel apareciese para confirmar cualquiera de sus posibles teorías.
Las chicas comenzaron a subir. Primero entró una preciosa joven en vestido verde y cabello rubio, no muy diferente a un ángel.
Percatándose de la atención de Jack, la joven le sonrió y asintió con la cabeza, sintiéndose apreciada por un extraño que dejó de prestarle atención al notar el color de su cabello – algo que la ofendió.
La segunda iba en vestido azul. Su cabello negro y ojos grandes causaron cierta sospecha en Jack, pero fue pronto descartada ante la forma de su nariz y boca.
Luego entró una en ropas anaranjadas y de carácter bastante juguetón, pero cuyo rostro no se parecía en nada al de Rachel.
La cuarta dama iba en vestido rosa y tenía el color de cabello y de ojos apropiados, y su actitud un tanto reservada y tímida como si ocultase algo hizo a Jack levantarse suavemente de su asiento…
sólo para que una pequeña barriga de embarazo lo hiciese ignorarla.
Ninguna de estas chicas eran Rachel, ni tampoco lo era la quinta, una mujer de ropas grises y actitud severa que trataba de ponerlas en orden.
Esta era la madre de las cuatro chicas, quienes, sí, resultaban ser hermanas.
Jack resopló, estresado por la pérdida de tiempo y energía, antes de que una sexta y última dama se hiciese presente.
Esta llevaba un vestido blanco con bordes rosas, muy finos, y cubría su cabeza con un extravagante sombrero blanco que adornaba a la par con una flor.
Iba acompañada de un caballero de traje gris oscuro que la asistía en todo movimiento como un esposo atento, y Jack casi la habría ignorado debido a esto, de no ser porque un vistazo a sus grandes ojos azules que ocultaba debajo de un inquieto abanico le hicieron dudar dos veces.
El súbito jadeo y el azotar de sus pies contra el suelo por parte de Alan hicieron a Jack confirmar dos cosas.
Una, Alan estaba ahí por la misma razón que él; y dos, esa chica debía ser Rachel.
Jack le arrojó una mirada curiosa que no pasó desapercibida por el hombre que la acompañaba y que era, ni más ni menos, que el Sr. Curtis.
Actuando en su papel de un esposo atento y celoso, cubrió a Rachel con su cuerpo y la hizo tomar asiento en los primeros asientos disponibles, pronto ocultándola así del caza recompensas.
Eso fue todo lo que Jack necesitó para confirmar sus sospechas.
Sonrió hacia sí y regresó su atención hacia su libro, abriéndolo en otra página a la que había estado leyendo y en la que iba oculto uno de los pósteres de la dichosa bandida.
Estudió el dibujo de la feroz criminal y luego miró brevemente hacia el asiento que Rachel había tomado y desde el cual ella volteaba, curiosa y juguetona, alertada de su presencia.
Jack le concedió una sonrisa y un asentir de cabeza en un saludo casual que Rachel no devolvió, sólo concentrándose a conversar con su esposo de mentira.
Asientos atrás, Alan sólo rascaba su frente, ocultando su rostro de la vista de Rachel, y esperando a ver qué haría Jack con ella. La falta de una acción clara por parte del caza recompensas sólo le hacía convencerse más y más de que no estaba ahí para arrestarla.
En cuanto a Rachel, su opinión sobre Jack era clara:
─No parece la gran cosa ─dijo al Sr. Curtis─. Además, sabes que soy cuidadosa.
Le mostró su pequeño revólver dentro de su bolso y el Sr. Curtis sonrió, confiado de que Rachel sabía lo que hacía, y de que un caza recompensas no sería problema.
El tren silbó una vez más y se puso en marcha de nuevo.
Por un rato, todo siguió igual. Jack “leía”, Rachel y el Sr. Curtis actuaban como un matrimonio tranquilo, Alan vigilaba tanto al caza recompensas como a la bandida, y, a unos vagones de distancia, Telly y su pandilla aguardaban al momento correcto.
Tal como Rachel, Telly esperaba hacer su movimiento cuando estuviesen lo suficientemente lejos del pueblo; y tal como Jack, Alan estaba listo para entrar en acción tan pronto como sus puntos de atención hiciesen algo.
Y sin que ninguno de ellos lo esperase, todo estaría por colindar en el mismo momento.
Tras media hora de recorrido, Rachel tomó la mano del Sr. Curtis y dijo:
─¿Necesitas estrechar tus piernas, esposo?
El Sr. Curtis sabía a lo que se refería y sólo sonrió.
─En efecto ─respondió─. ¿Por qué no vas al cuarto de damas, entre tanto?
─Puede que lo haga… ─contestó Rachel.