3 La Propuesta de un Padre Angustiado #2
A la mañana siguiente, Jack se volvió a reunir con Jefferson, esta vez en su habitación de hotel para conducir una conversación más privada.
Estaban seguros de que nadie había oído nada de su plática la noche anterior, pero era importante mantener la discreción lo más posible, especialmente por lo destacable que era la presencia de Jefferson a donde fuese, así como también por la naturaleza de lo que estaba por debatirse.
Después de todo, ni un solo detalle del plan de Jack podía caer en otros oídos o la operación podría correr grave peligro – y vaya que era un plan elaborado.
─La malcrié ─Jefferson seguía lamentándose mientras admiraba el retrato de Rachel en su reloj de bolsillo─. Eso fue lo que pasó. Le di todo lo que quería y más, y, sin embargo, nunca fue suficiente.
Jack, parado junto a la ventana con una taza e café en la mano, sólo vigilaba la calle, asegurándose de que nadie estuviese parado afuera, espiándolos.
Los lamentos de su empleador, no obstante, le eran pesados.
Quizá no le molestaría tanto oír a un padre cuestionado sus decisiones de crianza, pero lo que refería a entregarle todo a una persona que se amaba sin ser nunca suficiente era algo que afligía al caza recompensas y procuró cambiar el tema cuanto antes.
─Sí, bueno, estoy seguro de que hizo lo pudo ─dijo, apartándose de la ventana y redirigiendo la conversación hacia el tema principal─. En fin, he estado pensando cómo atrapar a su hija, y se me ocurrió algo. Dígame, Sr. McAllister, ¿cómo atrapa a un criminal peligroso…?
─Ella no es una criminal peligrosa ─Jefferson defendió a la brevedad.
─No digo que lo sea ─Jack trató de corregirse.
─Sólo es una chica confundida.
─Bueno, ¿cómo se atrapa a un criminal peligroso o a una chica confundida sin un baño de sangre? ─siguió Jack.
Jefferson no tenía respuesta a esto, sólo encogiéndose en hombros.
─Se es más listo que ellos ─dijo Jack─. Eso es lo que yo hago. Investigo cómo trabajan, los lugares en los que son vistos, determino dónde se localizarán, y los atrapo con la guardia en bajo. Sin oportunidad de defenderse, no hace falta un baño de sangre.
─Eso suena bien ─afirmó Jefferson.
─Gracias ─Jack continuó─. Ahora, normalmente esta investigación me tomaría un par de semanas o incluso meses, pero puesto que quiere que la encuentre lo antes posible, creo que podríamos acelerar el proceso si le tendemos una trampa.
─¿Una trampa?
─Dice que ella siempre está robando los trenes con las más grandes cantidades de dinero, así que ¿qué tal si enviamos un tren con la mayor cantidad de dinero que jamás ha enviado? ─propuso Jack─. ¿Algo tan irresistible que será incapaz de no robarlo?
Jefferson sacudió la cabeza y se incorporó, nervioso.
─El banquero nunca lo aceptará ─dijo─. Además, ella es inteligente. Sabrá que es una trampa; e incluso si cae en ella, podemos asumir que todo otro caza recompensas con la mitad de inteligencia que usted pensará lo mismo.
─¡Ah! Pero esa es la cuestión ─repuso Jack─. No le diremos a nadie de esto.
¡Caray! ¡Ni siquiera habrá nada de dinero! Sólo arrojaremos un rumor de que lo hay.
─¿Un rumor?
─Sí. Por como suena, su hija suele robar trenes a través de usted.
─¡Pero si no la he visto o hablado con ella en años!
─No importa. Ella sabe cómo funciona su negocio y cómo obtener información.
Así que si usted corre el rumor de que enviará, digamos, cien mil dólares, llegará a ella y tratará de robarlo, pero en su lugar…
me encontrará a mí. Y yo la arrestaré y traeré con usted.
─No, no. No puede traerla aquí ─dijo Jefferson─.
La gente la conoce… ─¿La gente la conoce, pero no sabe que es su hija? ─cuestionó Jack.
─Como dije, Sr. Logan, Rachel y yo tuvimos un desacuerdo hace años ─explicó Jefferson─.
A ella nunca le gustó la forma en la que yo manejaba este negocio, las cosas que teníamos que hacer por el bien mayor…
por progreso. No importaba si eso era justo lo que le daba todas sus comodidades y privilegios, ella sólo actuaría de forma rebelde y conflictiva.
Por lo tanto, que la envié al Norte, a una escuela para mujeres jóvenes en Nueva York…
y no la he visto desde entonces. Nadie sabe que es mi hija, ni siquiera que tengo una.
Sólo saben que ella es una ladrona de trenes, y una muy notoria.
Si la trae aquí, la arrestarán de inmediato.
─Bueno entonces, ¿qué propone?
Jefferson miró a la calle, pensando por un momento.
─Nos reuniremos en la Estación Pink Rose, si le parece bien ─dijo.
─Usted es el jefe ─contestó Jack, y el asunto quedó acordado.
Unos cuantos detalles más de logística se discutieron y Jefferson se retiró.
La duda de si haber aceptado este trabajo se mantuvo en Jack por un rato, pero había estrechado ya la mano del hombre y sabía que no podía dar marcha atrás.
Sólo esperaba que Rachel cayese en el engaño y que no hubiese otras complicaciones en su plan.
Ciertamente, la forma en que manejarían el asunto sería de lo más discreta y eso evitaría la presencia de otros caza recompensas que estuviesen buscando por la ingeniosa ladrona de trenes, pero si algo había aprendido Jack en sus años como caza recompensas es que la vida estaba llena de variables y nunca sabía qué podía ocurrir.
Sin saberlo, sus inquietudes estaban siendo confirmadas justo en ese momento al tener un fisgón llamado Alan Theroux que, si bien no había oído nada de su conversación con Jefferson, sí estaba al tanto de su encuentro y no pararía hasta descubrir el qué se traían entre manos.