BOLBORETA 19
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La puerta estaba entreabierta. Una línea de luz se derramaba desde dentro, cortando el suelo en una franja dorada.

Lo vi al fondo, arrinconado junto a la cama, hecho un ovillo. Cuando alzó la mirada, sus ojos brillaron húmedos, atrapados por el miedo.

―Dustin… ―susurré, acercándome con cuidado―. Cariño, ¿qué te pasa?

Sus labios temblaron antes de encontrar la voz.

―Tengo miedo, Luna… miedo de papá… y de lo que pase entre los Vanetto y los Brauer. De que empiece una guerra.

Sus palabras me golpearon con la contundencia de una verdad imposible de negar. Dustin sabía más de lo que debería.

Me agaché frente a él y posé una mano en su hombro.

―Eh… mírame. No tengas miedo. Estoy contigo.

―No es solo por mí… tengo miedo por ti, Luna. Por lo que pueda pasarte.

Me incorporé, sacudiendo la cabeza para espantar pensamientos inútiles.

Necesitaba distraerlo.

Mis dedos se cerraron sobre su sombrero abandonado en el perchero. Lo tomé y me lo coloqué.

―Vamos, vaquero… ―dije, intentando sonar animada―. Te necesito.

Sus ojos recuperaron un leve brillo. Le tendí la mano… y la aceptó sin dudar.

―No quiero verte angustiado. Tu padre se irá hoy. Todo volverá a la calma.

Porque él necesitaba creerlo… y yo necesitaba que esa mentira fuera cierta.