BOLBORETA 14
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Al final hice sopa casera. Removí el caldo mientras Dustin tarareaba «Footloose» y golpeaba la mesa al ritmo. La energía contagiosa de la canción me alcanzó y, antes de darme cuenta, ya estaba canturreando con él. Incluso me animé a dar unos pasos de baile frente a la encimera, usando el cucharón como micrófono.

Si Niklaus pensaba que iba a hundirme bajo su control, se iba a decepcionar. No le daría esa satisfacción.

Dustin se quedó en silencio, con la mirada fija en algo detrás de mí. El cucharón me tembló en la mano y el pulso se me aceleró.

―¿Lo has cocinado tú? ―La voz de Niklaus rozó mi nuca.

Mi espalda se arqueó ante su proximidad. La sopa burbujeaba en el fuego… y mi vagina reaccionó con la misma intensidad.

―Sí… ―logré hablar.

Dustin, ajeno a la tensión sexual entre su hermano y yo, se levantó con una sonrisa despreocupada, tan amplia que parecía que nada estaba fuera de lugar.

―¡La sopa de Luna está deliciosa, Nik! Vamos, pruébala. Solo un sorbo.

Niklaus tenía la mirada fija en mí, como si las palabras inocentes de su hermano escondieran algo mucho más sucio… ¡puto pervertido!

Me sonrojé sin poder evitarlo, recordando cómo chupó mis fluidos de sus dedos, sorbiendo… deleitándose. Sin esperármelo, su mano tatuada rodeó la mía ―la que aún sostenía el cucharón― y la llevó hasta sus labios… pero no bebió.

―No estarás intentando envenenarme, ¿verdad, Schmetterling?

Lo miré directamente a los ojos mientras él se inclinaba hacia mí, quedando a la misma altura. Las puntas de nuestras narices se rozaron en un contacto fugaz, pero tan electrizante que el corazón se me disparó.

―Si quisiera matarte, lo haría de la peor forma que pueda existir. Y aun así me quedaría corta.

Su sonrisa ladina apareció, como si pudiera leerme por dentro. La conversación de anoche no lo había dejado en paz… ni a mí tampoco.

«―¿Acaso… me matarás?

―De la peor forma que pueda existir. Y aun así me quedaré corto».

Los pocos centímetros que nos separaban parecían cada vez más insostenibles, mientras mis piernas flaqueaban.

Dustin se removió, dudando entre intervenir o quedarse al margen.

―Déjala en paz, Nik.

Niklaus siguió mirándome como si no existiera nada más que yo.

―Geh hier weg, Dustin (Vete de aquí, Dustin).

―No pienso dejarla sola contigo ―contestó con los puños cerrados.

Niklaus apartó la atención de mí y se centró en su hermano. Dustin tragó saliva; el sudor le perlaba la frente.

―No entiendo nada, Nik. Dijiste que querías protegernos… pero esto ―Señaló hacia mí― la está asustando, la estás llevando al límite.

Él enarcó una ceja y sonrió, como si su indignación le resultara entretenida.

―Te dije que te protegería a ti… el resto puede pudrirse en el infierno ―comentó, clavando de nuevo sus ojos en mí.

Dustin se tensó, con la respiración agitada, pero la mirada de Niklaus lo detuvo. Bufó con frustración y se dio media vuelta hacia la salida.

―Sé que estás mintiendo y que estás jugando con ella ―dijo, deteniéndose en el umbral―. Pero si le haces daño…

La amenaza quedó suspendida entre nosotros. Finalmente, abandonó la cocina y la puerta se abatió con violencia, haciendo crujir la madera.

Niklaus soltó una risa ante la osadía de su hermano. Pero al mirarme, la diversión se apagó.

―Si vuelves a provocarme o a mirarme así… ―Su mano se cerró en mi cuello, acercándome a él―… te arrepentirás de haber nacido.

Su pulgar descendió lentamente por mi garganta, recorriendo mi clavícula antes de regresar para enganchar con firmeza mi labio inferior. Mientras lo hacía, se pasó la lengua por la comisura de su boca, un gesto que parecía inocente… sin embargo, sus ojos decían lo contrario. Eran oscuros, hambrientos.

Mi cuello se arqueó involuntariamente hacia atrás, mi respiración volviéndose más errática. Detrás de nosotros, el burbujeo de la olla aumentó, como si intentara sincronizarse con el latido frenético de mi corazón.

Quería que se acercara, que sus labios encontraran los míos. Su cuerpo estaba tenso, como si ansiara lo mismo… pero la puerta se abrió y se apartó de golpe, dejándome desorientada.

Luther alzó las cejas, aunque enseguida se recompuso y volvió al asunto que lo había traído allí.

―Die Italiener sind schon da. Sie werden heute Abend im Club sein (Los italianos ya han llegado. Estarán en el club esta noche).

―Verliere sie nicht aus den Augen. Seid aufmerksam (No los perdáis de vista. Estad atentos).

―Und du, was wirst du tun? (Y tú, ¿qué vas a hacer?).

El vapor de la olla se elevó, envolviéndonos, mientras las pupilas de Niklaus se dilataban, fijas en mí.

―Ich?... Ich werde meinen süßen Schmetterling nicht aus den Augen lassen (¿Yo?… No le quitaré los ojos de encima a mi dulce mariposa).