Tercera parte. Artistas y dictadores 1923-1940 #21
Todas estas cuestiones empezaban a oler a naftalina en período republicano.
Quedaba ya muy lejos la fecha en la que fue interpretada por primera vez en Cataluña una obra de Wagner.
Al parecer, fue Josep Anselm Clavé el primero en hacerlo, en 1862.
En uno de sus conciertos se interpretó el Coro de los Peregrinos del Tannhäuser wagneriano.
¿Conocerían Pena y Gual aquel remoto amanecer lírico?
Pau Casals había interpretado la «Obertura Egmont» por primera vez el 24 de mayo de 1921.
La Orquesta Pau Casals volvió a interpretar la pieza catorce veces después, la última ya en plena guerra, el 13 de septiembre de 1936, en el Gran Teatre del Liceu.
Unos meses más tarde, la Orquesta Sinfónica de Girona interpretó esa obra, el 23 de abril de 1937.
Cinco días después, el periodista republicano Carles Rahola publicaba un editorial sobre esa interpretación en el periódico L’Autonomista .
Dos años más tarde, el 15 de marzo de 1939, Carles Rahola era sentenciado a morir ejecutado por las fuerzas franquistas, por haber escrito unos artículos inflamadamente catalanistas (Rabaseda, 2019).
Por su parte, la filósofa Maria Carratalà que también había traducido Egmont en 1932, junto a Maria de Saavedra, no fue ejecutada pero sí arrastró una vida asordinada y miserable durante la posguerra.
Se seguía carteando con un ya muy veterano Francesc Pujols, que seguía escribiendo y escribiendo sin desfallecer y para nadie en su Torre de les Hores de Martorell, sin publicar prácticamente nada.
En catalán, el viejo filósofo ya solo soltaba algo para la revista Ariel y el prólogo para la obra L’humor a la Barcelona del noucents .
En su residencia iba recibiendo muchas cartas de su admiradora Paulina Pi de la Serra, a quien Salvador Espriu dedicó su libro Les cançons d’Ariadna (1949).
La última obra publicada de Pujols había sido Un llibre estel de Joaquim Cases Carbó, en 1935, aunque no se había desvinculado totalmente de su pasado.
Digamos que conservaba latente o en forma de eco los esplendores culturales de 1900.
El 15 de mayo de 1954, Pujols se ocupó de pronunciar un discurso en la inauguración de una exposición de homenaje a Els Quatre Gats, en la Sala Parés.
Toda aquella cultura había quedado reducida a un espectro.
En cuanto a Maria Carratalà, dictó dos cursos sobre arte en 1949 y 1950, en el domicilio particular de Isolina Viladot, una activista que también se había vinculado al Lyceum Club veinte años antes.
Pero esa actividad ya era también un fantasma vano de lo que había sido en los años treinta.
Carratalà murió sola y pobre en 1984 (Cuscó, 2022: 66).
Las instituciones feministas de Francesca Bonnemaison también eran un puñado de cenizas y recuerdos.
En 1942, ella vivía en la Via Laietana y la cuidaba su sobrina Maria Ripoll Verdaguer, quien guardó sus papeles hasta que llegó la democracia.
El 15 de abril de 1944, se les tributó un homenaje doméstico en forma de lectura poética.
Acudieron algunos amigos de siempre: la escritora Roser Matheu; el abogado y literato Octavi Saltor, órsida; Josep Maria López Picó, superviviente del grupo Joventut, que aún viviría hasta 1959, y su esposa Angelina...
El 21 de noviembre de 1945, Josep Maria de Sagarra leyó en voz alta El poema de Montserrat también en aquel domicilio tan lleno de simbolismo.
Mientras la artrosis iba dejando a Francesca cada vez más inmóvil en una silla, recibía con frecuencia la visita del abad Escarré.
En 1939, un filósofo robusto penetra en un dormitorio que tiene siete espejos y eyacula sobre una camisa arrugada.
La angustia del exilio no ha logrado apagar sus brasas amorosas.
La escena se produce en Montpellier, tras una huida de la convulsa España.
¿Cómo ha llegado hasta allí el filósofo de la Torre de la Horas de Martorell?
Francesc Pujols y la pedagoga republicana Esther Antich se habían conocido a finales de 1937.
El flechazo había sido intenso. Habían decidido citarse y consumar su amor a principios de 1938, en la localidad costera de S’Agaró.
Pero, a la hora de acudir a su cita amorosa, Pujols rechaza a Antich en un giro inesperado de la velada.
Antich escribe a Pujols y le recrimina que no fuera valiente, que se declare irresponsable para con su inclinación amorosa.
¿No le daba vergüenza ser tan pusilánime?
Pujols se ve obligado a dar explicaciones sobre un comportamiento tan estrambótico: considera que cada decisión de su vida sigue un Destino predeterminado.
Y lo ilustra con ejemplos de su vida: su primer amor, por ejemplo, tenía como finalidad la creación de su hijo Faust, quien le tenía que cuidar y mantener mientras él continuaba escribiendo y completando su obra magna, la Pantologia .
Antich era una persona fuerte y activa, comprometida con la cultura y la enseñanza popular: tras haber sido profesora en varias escuelas e institutos, asesoró a Manel Ainaud en el departamento técnico de cultura del Ayuntamiento de Barcelona.
Tras la muerte de Ainaud, en 1932, dirigió la Oficina de Matrículas Escolares.
Durante la República la encontramos en el Lyceum Club, institución que ya conocemos, junto a Aurora Bertrana y Maria Carratalà.
En 1933 era vocal de la Sociedad Montessori, y en 1936 se afilió a la CNT.
Pujols se había quedado viudo en 1937. Tras conocer a Esther Antich, a quien expuso su sistema filosófico durante una cena con conocidos, salió al exilio para instalarse en Prada de Conflent, bajo la protección de Pau Casals.
En ese viaje tuvo un papel crucial Antich, que trabajaba para el Ministerio de Instrucción Pública de la República, puesto que consiguió un coche oficial con chófer que trasladó al filósofo hasta la frontera francesa, en La Jonquera.
Se trató de una ayuda providencial. En noviembre de 1939, Pujols se trasladó a Montpellier, donde empezó a frecuentar a Artur Bladé i Desumvila, quien redactó Francesc Pujols per ell mateix, que no pudo ser publicado hasta 1967.
En esa ciudad francesa se produjo la «visión» que inspiró el relato de una noche «en la Cámara de los Siete Espejos» en la que Pujols se masturbó sobre una camisa vieja recordando a su amante de 1938 y, sobre todo, lo que pudo haber pasado en S’Agaró y no pasó (2021c: 21).
Durante 1939, Pujols y Esther Antich continuaron en contacto.
Faust Pujols, desde Martorell, no paraba de suplicar a su padre que regresara a Cataluña, cosa que el pensador hizo en 1942.
Pero no pudo, en un primer momento, volver a Martorell: antes tuvo que pasar un mes en la cárcel Modelo, por orden de las nuevas autoridades franquistas.
Entre agosto y diciembre de 1954, Francesc Pujols empezó a redactar unas memorias sentimentales basadas en cartas enviadas y no enviadas de su archivo personal.
Estas páginas quedaron inéditas hasta que fueron encontradas y publicadas en el año 2021, con el título de La carn que tu encenies .
Se inician con un «Canto a la noche» de sabor muy posromántico, a imitación de los textos más encendidos de Nietzsche, autor que Maragall había traducido hacia 1898.
Luego, el filósofo explica a su antigua amante, Esther Antich, lo que significan para él el «amor material» y el «amor espiritual»; le explica que con personas con quienes le había unido una relación intelectual no había podido tener sexo, y en cambio solo podía haber tenido sexo con personas con las que no existía una relación intelectual satisfactoria.
Para poder consumar su amor, Pujols explica a Esther Antich que ella hubiera tenido que ser igual que Jadiya para Mahoma, que creyó totalmente en él y sus planes, es decir, que para mantener una relación estable con Pujols era necesario participar activamente en la construcción de la Pantologia: «Mi vida es mi obra, o mi obra es mi vida», afirma.
Y esa relación no tenía por qué ser sexual; parece que Pujols vivía con mayor intensidad los amores intelectuales y las amistades femeninas que las relaciones con sexo.
Aficionado a las combinaciones binarias, Pujols convirtió su propia vida en una especie de teorema: «La ley ha sido para mí exactamente matemática.
Con las que he tenido unión espiritual no he tenido unión material y con las que he tenido unión material no he tenido unión espiritual» (2021c: 85-90).
En capítulos sucesivos, Pujols va ampliando estas concepciones, con ejemplos autobiográficos.
Escribe sobre su primer amor, Josepa Alcover, con quien se casó; de hecho, Pujols y Alcover fueron pareja entre 1889 y 1922.
Luego habla sobre la mecenas América Cazes, con quien mantuvo una relación amistosa entre 1925 y 1936.
Entre 1922 y 1926, añade el pensador, mantuvo otra relación «material» con una amante de origen alemán, Susagna.
Luego se extiende sobre sus vivencias más tardías con amores más bien platonizantes, la actriz Mercè Nicolau, Mercè Prats, amiga casada, y la propia Esther Antich, que no olvidemos que era el destinatario del texto.
Pujols y Antich no pudieron volver a verse hasta 1953.
Cazes visitó a un ya anciano Pujols en su Torre de les Hores en 1949.
Pujols era aficionado a la escritura erótica y al humor picante.
En 1907 había publicado una novela amorosa y erotizante, capdeviliana, El nuevo Pascual o la prostitución, con el seudónimo Augusto de Altozanos.
Y mientras dirigió la revista Papitu, fundada por el pintor Feliu Elias, le imprimió cierta inclinación sicalíptica que horrorizaba a Prat de la Riba.