Bohemia y barricadas Primera parte. Comedias y barricadas 1888-1906 #16
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Primera parte. Comedias y barricadas 1888-1906 #16

La Lliga Regionalista fue una novedad en el panorama español: contaba con una red de sedes territoriales, con un gabinete de pensadores que elaboraban información política (Prat en cuestiones ideológicas, D’Ors en cultura, Guillem Graell en economía), y los miembros se reunían constantemente, celebrando mítines y banquetes, y agitando la calle.

La Veu de Catalunya funcionó a la perfección como portavoz.

La aparición del partido fue una noticia pésima para los dos partidos dinásticos, el liberal y el conservador, que fueron literalmente barridos de las urnas a partir de entonces.

Las balumbas que habían funcionado por inercia durante décadas casi se esfumaron del escenario catalán.

En enero de 1896, una pequeña multitud llenó hasta arriba el Teatro Olimpo para asistir a una representación curiosa que había organizado el colectivo L’Avenç.

Hacía ya tres años que Massó i Torrents y Casas-Carbó se habían visto obligados a cerrar su revista.

La función fue extraordinaria por varios motivos: en primer lugar, apareció en escena el filósofo Pere Coromines para leer una conferencia suya; luego, empezó la obra de teatro: Espectros, de Ibsen.

Los actores eran ni más ni menos que el dramaturgo Ignasi Iglésias, representando a Oswald Alving, y Pompeu Fabra, que interpretó al pastor Manders.

Iglésias había tenido que sustituir apresuradamente a Brossa, que se encontró indispuesto.

La policía interrumpió la obra y subió al escenario exigiendo saber quién presidía la sesión.

Los organizadores y el anarquizante público rugieron que no tenían presidente.

Entonces los agentes exigieron ver el permiso oficial, y tampoco había.

La obra pudo terminarse, pero no pudo ser representada ni siquiera una segunda vez.

Coromines fue encerrado en el castillo de Montjuïc muy poco después, y Brossa huyó a París, donde mantuvo una relación sentimental con una hija de Ferrer y Guardia.

El 9 de agosto de 1897, Massó y Casas-Carbó dejaron los periódicos llenos de horror: el anarquista Michele Angiolillo había asesinado al presidente del Consejo de Ministros, Antonio Cánovas del Castillo...

Angiolillo había sido recibido cordialmente en la imprenta de L’Avenç poco antes...

Massó quizás comprendiera en aquel momento que debía adoptar una postura más centrista, ya que ingresó en la Unió Catalanista, de talante conservador, aquel mismo año (Balcells, 2013a: 36 y 38).

Cuando las aguas se tranquilizaron un poco en Barcelona, Massó y Casas-Carbó volvieron a la carga con un segundo proyecto editorial, la revista quincenal Catalònia.

El primer número apareció el 25 de febrero de 1898, muy poco antes del estallido de la guerra hispano-estadounidense (abril-agosto de 1898).

El cuadro de redactores era muy variado: Brossa empezó a enviar sus trabajos desde París, menos agresivos; Joan Pérez Jorba y Ramon D.

Perés se encargaban de la crítica literaria y la teatral; un poeta parnasiano, Jeroni Zanné, escribía sobre música; y los directores contaban de nuevo con las primeras espadas del momento: Ignasi Iglésias, Pere Coromines, Miquel dels Sants Oliver, Joaquim Ruyra, Gabriel Alomar, Joan Puig i Ferreter y Alexandre de Riquer.

La revista también era rica en traducciones: Nietzsche, Maeterlinck, Bjørnson, D’Annunzio, Rosetti, Goethe, Emerson, Esquilo, en general los autores que nutrirían la futura colección Biblioteca Popular de L’Avenç.

Prat ya no puede más con la vergüenza de dormir entre rejas y el juez Fernando Parga comprende que un hombre de su posición enfermará rápido si continúa encerrado en una mazmorra. Acuerdan permitir que Prat de la Riba duerma en la sala de abogados.

La acusación hoy puede parecernos ridícula, si no conociéramos los antecedentes de Prat: La Veu de Catalunya publicó, en la edición vespertina del 16 de marzo de 1902, un artículo traducido del francés que se titulaba «Separatisme al Rosselló».

Quince días después, Prat era llamado a declarar por un delito de imprenta.

Barcelona se encontraba en plena ola represiva: en diciembre de 1901 había estallado una dura huelga del sector metalúrgico que se convirtió en una huelga general, en febrero de 1902: la primera huelga general revolucionaria del siglo.

El capitán general Enrique Bergés ordenó destruir los moldes de imprenta y retirar todos los ejemplares de la edición.

La policía se apoderó de Prat y lo condujeron a la cárcel de Santa Amalia del Raval, un lugar siniestro, en cuya tapia se celebraban las ejecuciones públicas.

Pronto se inició el consejo de guerra en el que declararon también Raimon Casellas y Francesc Cambó.

Antes de ser liberado el 22 de mayo, Prat recibió innumerables visitas de personalidades políticas y culturales.

Su nombre fue incluido en una amnistía general con motivo de la coronación de Alfonso XIII.

Pero al salir se encontró mal y cogió fiebre.

Su familia pensó que se había contagiado de tuberculosis en la cárcel infecta.

Prat no mejoraba, así que se decidió trasladarlo a un sanatorio de la Auvernia francesa.

Era la segunda vez que salía de Cataluña.

Allí, en el sanatorio de Durtol, Prat no se levantó de la cama en dos semanas.

Le diagnosticaron una pleuritis y taquicardia.

De lo primero consiguieron sanarlo, lo segundo mejoró con dietas especiales.

Recibía cartas en abundancia, sobre todo de Cambó y de Maragall, pero nada conseguía mitigar su añoranza.

Unos años más tarde, durante una campaña electoral, un periodista dio inicio al bulo de que Prat había contraído la enfermedad de Basedow en la cárcel de Santa Amalia.

Es evidente que el líder nacionalista no lo pasó precisamente bien allí.

Por no hablar del carácter absurdo de la causa que se le abrió.

Pero gracias a la investigación del historiador Esculies, la conclusión más factible es que el estrés sufrido pudo predisponer o precipitar la afección, pero no causarla (2017: 187-196).

Prat, siempre frágil de salud, moriría en 1917 a consecuencia de aquella enfermedad metabólica, tras una breve pero trascendental acción de gobierno al frente de las diputaciones catalanas mancomunadas.