Bohemia y barricadas Primera parte. Comedias y barricadas 1888-1906 #8
11%

Primera parte. Comedias y barricadas 1888-1906 #8

Teresa Claramunt también fue detenida durante aquella nueva ola represiva.

Fue encerrada en una cárcel de mujeres que dirigían unas monjas; el trato era pésimo.

La oradora protestó y en respuesta fue obligada a subir hasta el castillo de Montjuïc a pie y atada con una cuerda, acompañada por cuatro guardias civiles, dos a caballo y otros dos caminando.

En total pasó seis meses encerrada en las mazmorras de Montjuïc, presenciando las torturas que sufrieron muchos de sus compañeros de presidio.

Las penas del consejo de guerra fueron muy severas: ocho penas de muerte, de las cuales se ejecutaron cinco, y sesenta y siete penas de cárcel, que luego se redujeron a cinco.

Claramunt y Gurri fueron declarados un «peligro social» y fueron condenados a destierro; se marcharon a Liverpool, donde fueron acogidos con generosidad por la comunidad anarquista de la ciudad, ya en julio de 1897.

Al cabo de un año ya habían regresado: Teresa Claramunt habló en el primer acto de la campaña a favor de los procesos de Montjuïc, en el Teatro Tívoli, el 19 de febrero de 1898 (Balcells, 2015: 35-37).

En 1881, un joven escuálido se dirige a la Llotja para estudiar arte.

Se distrae un momento y entra en la redacción del Diari Català, que está en la calle Ferran, cerca del ayuntamiento.

Allí conoce al fundador del catalanismo político, Valentí Almirall, hombre de cabeza fuerte y grandes bigotes, junto a otros históricos del movimiento republicano: Conrad Roure y Antoni Feliu i Codina.

Antoni es hermano de un destacado dramaturgo y zarzuelista de la Renaixença, Josep Feliu i Codina.

El joven esquelético que acaba de entrar no es otro que Jaume Massó i Torrents, futuro erudito y fundador de L’Avenç.

Antes de que Almirall se viera obligado a cerrar su periódico, ese mismo año, le dio tiempo a publicar los primeros versos y artículos del joven Massó.

No es un dato irrelevante: con el tiempo Massó se convertirá en un importante intelectual bisagra, un enlace entre el republicanismo federal de los años ochenta, el Modernismo, que él mismo fundó y desarrolló y el Noucentisme, con cuyas luchas acabó aliado.

En el editorial del primer número de L’Avenç, los redactores declaraban que su lema iba a ser el de Josep Anselm Clavé: «Progrés, Virtut i Amor».

Massó fue el hombre que cogió el testigo de los federalistas de 1873 y los viejos patriarcas románticos para trasladarlo vivo hasta la primera mitad del siglo XX .

Lo que pasa es que Massó era un hombre extremadamente tímido: no le gustaban ni los discursos ni los protocolos, en este sentido podemos considerarlo un anti-Ors.

Ors era un marrausiano amante de los lujos y la ostentación institucional, Massó era partidario del trabajo discreto y las construcciones lentas.

Ya en 1891 presentó, en la sede del Centre Excursionista de Catalunya, su primera reforma ortográfica, acompañado por Casas-Carbó y Pompeu Fabra.

Dos años antes, en el mismo local, Fabra había dictado quince lecciones sobre gramática catalana.

Así que podríamos convenir en que el Centre Excursionista de Catalunya funcionó como cocina y laboratorio de muchas iniciativas culturales iniciadas a partir de 1906, impulsadas por Prat y Cambó.

Conviene no olvidarnos de Massó, porque su variante personal de Modernismo, tan distinta de la del irónico Rusiñol, es un claro antecedente del institucionismo que se desarrolló en Barcelona entre 1906 y 1917.

Sin Massó no se puede entender la labor normativizadora de Fabra, que Ors combatió sin éxito desde sus sinecuras de la futura Mancomunitat.

Pero el laboratorio del Modernismo no fue la redacción del Diari Català, sino otro edificio no muy lejano, el Teatro Principal, donde estaba instalado el Ateneu Barcelonès.

Allí se reunió a diario, entre 1882 y 1892, la peña llamada La Vanguardia, porque su capitoste era el director del periódico homónimo, Modesto Sánchez Ortiz.

Según Pla, este señor supo dar cabida a los jóvenes inquietos de la generación de Massó y Rusiñol.

Allí es donde Massó completó su formación, entre periodistas, críticos y eruditos que se reunían cada día allí: Casas-Carbó, Yxart y Sardà, y el historiador Josep Coroleu.

Solo se conoce un texto de Massó publicado en La Vanguardia, la conferencia «Don Jaime I de Aragón, considerado como escritor», de 1890.

Allí, en el Ateneu, es donde Fabra, futuro autor de las Normes ortogràfiques de 1913, le fue presentado a Massó por Casas-Carbó.

Allí es donde Massó conoció también a Alexandre Cortada, el crítico más destacado de la revista L’Avenç.

Els Quatre Gats, en homenaje al Chat Noir, abrió sus puertas el 12 de junio de 1897.

Ocupaba los bajos de un magnífico edificio neogótico de Puig i Cadafalch, la Casa Martí.

Allí es donde los pintores Rusiñol y Ramon Casas influyeron sobre un jovencísimo Picasso, que había llegado a la ciudad el 21 de septiembre de 1895, a la edad de trece años.

Picasso expuso en Els Quatre Gats, en el año 1900, un óleo y una serie de retratos al carbón.

Como ha escrito Alexandre Cirici: «El primero y más asiduo de los amigos que el joven malagueño tuvo en Barcelona fue Manuel Pallarès.

Hasta algunos años después, 1899, no le veremos unido íntimamente a Ramon y Jacint Reventós.

Pallarès fue el que, de hecho, le introdujo en Cataluña; se lo llevó a Horta de Ebro y le catalanizó.

Pero el proceso no fue inmediato» (1981: 27).

Cuando Picasso visitó por primera vez París, en 1900, lo ayudaron unos cuantos artistas catalanes: el puntillista Pere Ysern Alié, Marià Pidelaserra, uno de los pintores preferidos de D’Ors, e Isidre Nonell, el más audaz de la cuadrilla.

A partir de 1902, vivió en el piso de encima del café el matrimonio formado por la activista feminista Francesca Bonnemaison y el abogado y político catalanista Narcís Verdaguer y Callís.

Las juergas modernistas no les dejaron dormir hasta 1904, año en que cerró el antro de perdición.

Cuando, tres años después, Francesc Cambó cayó herido de bala en el barrio de Hostafrancs, Bonnemaison le ofreció al patricio su casa de Canet de Mar para que pudiera recuperarse en paz.

Muchos años después, en 1932, Cambó le pediría a Bonnemaison que organizase la primera sección femenina de la Lliga.

Narcís Verdaguer visitó el Instituto de Cultura para la mujer hacia 1911, y al llegar a casa le dijo a su esposa que no le había gustado que fundara esa biblioteca, pero que ahora que la conocía no permitiría jamás que se la arrebatasen.

Las iniciativas de Francesca Bonnemaison tuvieron tanto éxito que, en 1918, fue nombrada miembro de la Comisión de Educación General, que comandaba Eugenio d’Ors (Balcells, 2015: 167-173).

En Els Quatre Gats tuvieron mucho éxito los espectáculos de sombras chinescas.

Desde Montmartre, Santiago Rusiñol había dedicado al género uno de sus artículos en Desde el Molino, el número XIII (2017: 135-141).

Los asiduos a los actos y las tertulias del local impulsaron la revista más importante del Modernismo catalán, Pèl & Ploma, que se publicó entre el 3 de junio de 1899 hasta diciembre de 1903.

El propietario y director artístico del papel fue el pintor Casas.

Solían ser suyos los grabados que decoraban la revista, mientras que los textos corrían por parte de Miquel Utrillo.

Colaboraron con sus dibujos Picasso, Isidre Nonell y Ramon Pichot.

Entre los escritores más destacados entre sus páginas se encontraban los nombres de Eugenio d’Ors, Ape l· les Mestres y Joan Maragall.

Nonell, el pintor más importante de la segunda generación modernista, también expuso en Els Quatre Gats, y su pintura ya anuncia caminos posteriores, más fuertes de color e incluso soluciones claramente expresionistas.

En 1906 abandonó el monotema de las gitanas y pintó otros tipos de mujeres, e incluso alguna naturaleza muerta, cediendo un poco en su extremismo cromático.

No le llegó el éxito hasta 1910, cuando expuso una gran parte de su obra en las galerías del Faianç Català, en Barcelona.

Pero no pudo paladear aquel triunfo, ya que murió poco después con solo treinta y ocho años de edad.

El poeta e ilustrador Ape l· les Mestres vivía en el pasaje Permanyer, y era hijo de uno de los arquitectos más importantes de la Renaixença , Josep Oriol Mestres, autor de la fachada de la catedral, sufragada por el magnate Manuel Girona, el que había hablado ante la reina regente en 1888.

Sin duda, Ape l· les Mestres fue uno de los precedentes más importantes del Modernismo: él mismo se ilustraba sus propios libros, en un estilo muy inglés inspirado en William Morris y los prerrafaelitas.

Casas se encargó de los carteles publicitarios de Els Quatre Gats, en los que la figura de Pere Romeu solía aparecer en primer plano.

Cuando Romeu se casó, Casas también diseñó las invitaciones.

En cambio, Picasso se encargó de elaborar y decorar el menú de la casa.

Cuando el café cerró y los Verdaguer pudieron dormir, lo adquirió una sociedad artística de cuño católico y antimodernista comandada por los hermanos Llimona: el Cercle Artístic de Sant Lluc.

Romeu murió prematuramente, el 23 de diciembre de 1908.