Capítulo 29
— E l Arabian Princess zarpa de Karachi mañana —dijo Stitch mientras caminaban hacia el restaurante. Blade iba a su lado, mientras que Sloane, vestida con una vaporosa túnica dorada y un pañuelo que cubría su frondoso cabello color chocolate, caminaba uno o dos pasos por detrás.
—¿Cómo quieres que lo manejemos? —preguntó Blade.
—Supongo que Omari estará allí en persona. Querrá asegurarse de que el cargamento salga sin contratiempos. Esto significa mucho para él.
—De acuerdo —dijo Blade, lanzándole una mirada de complicidad. Había llegado el momento. Una vez que el cargamento abandonara el puerto, no habría razón para que Omari siguiera respirando. Por fin, Stitch tendría su venganza.
—¿Y qué hay de Jeremy? —preguntó Sloane, cuando llegaron al restaurante—. ¿Crees que aparecerá?
—Lo dudo —respondió Stitch, sosteniéndole la puerta—. Jeremy es el brazo ejecutor. Está aquí para mantenerte a raya y asegurarse de que Omari cumpla su parte del trato. Una vez resuelto lo del cargamento, el trabajo de Jeremy ha terminado. El siguiente no será hasta dentro de meses.
—Tú eres el único cabo suelto —dijo Blade con tono sombrío, una vez que se hubieron sentado a la mesa—. Eres la razón por la que Jeremy sigue merodeando por aquí.
Sloane no respondió, pero Stitch vio el destello de miedo en sus ojos.
—Es un viaje largo hasta Karachi —dijo Blade—. Deberíamos salir esta noche.
—¿Y qué hay de mí? —preguntó Sloane—. ¿Voy con vosotros?
—No —dijo Stitch. No podía permitir que ella estuviera allí, no cuando planeaba cargarse a Omari.
—¿Por qué no?
—Es demasiado peligroso —explicó él—. Estás más segura si te quedas en el hotel.
—No puedes dejarme aquí sin más —protestó ella—. Jeremy sabe que estoy en Islamabad. Probablemente me esté buscando ahora mismo. ¿Cuánto tardará en empezar a comprobar todos los hoteles?
—Hemos pagado en efectivo. Sin nombres. No te encontrará.
—Pero no puedes saberlo con seguridad.
Stitch se sentía dividido. Quería tenerla cerca, protegerla, pero no podía arriesgarse a que ella volviera a interferir. Siempre que estaba cerca, algo le impedía acabar el trabajo con Omari. Esta vez no podía haber distracciones.
—Karachi está a más de un día de distancia. ¿Qué se supone que debo hacer si pasa algo y no puedo localizaros? —¡Maldita sea! Odiaba verla así. Asustada. Vulnerable.
Blade miró a Stitch.
—Hay una forma de neutralizar la amenaza.
Stitch no respondió.
—No puedes matarlo —jadeó Sloane, leyendo entre líneas.
Blade se encogió de hombros.
—Estarías a salvo. Es un tipo malo, Sloane. Trabaja con el enemigo.
Ella sacudió la cabeza.
—No podría vivir con ello.
Y por eso ella no podía ir a Karachi.
—De acuerdo, entonces, ¿y si hacemos que lo arresten? Así lo quitaríamos de en medio, al menos por un tiempo.
Stitch sonrió con sorna.
—No es fácil para un extranjero estar en una cárcel paquistaní.
—Exacto.
Sloane vaciló.
—¿Cómo vais a hacer eso? ¿Darle a la policía los datos de su teléfono móvil?
Stitch tenía el presentimiento de por dónde iba Blade.
—A estas alturas, Jeremy probablemente le habrá dicho a Matthew que fuiste a verlo —explicó Blade.
Sloane lo miró con recelo.
—Sí, pero él ya me quiere muerta, así que ¿qué más da?
—Exacto, estará desesperado por silenciarte.
Ella sacudió la cabeza.
—No lo entiendo.
—De hecho, apuesto a que Matthew ya ha intentado localizarte —continuó Blade.
—No puede. Destruí mi tarjeta SIM y dejé mi teléfono en Peshawar.
—Ya, pero te sabes su número —dijo Stitch—. De memoria.
Ella palideció.
—¿Quieres que llame a Matthew?
Ambos hombres asintieron.
—¿Pero por qué? —Sus ojos estaban muy abiertos de inquietud. Stitch no podía culparla por tener miedo. Matthew la había traicionado. La había seducido, la había reclutado y luego la había enviado aquí para que muriera.
—Porque si no lo haces, parecerá sospechoso —respondió Stitch.
—¿Pero si intentó matarme?
—Alguien intentó matarte, sí. No sabes que ha sido él. Confías en él, ¿recuerdas?
—Creo que voy a vomitar.
—Es un buen plan —dijo Blade—. Dile que perdiste el teléfono. Suplícale que te mande a casa en avión lo antes posible.
—¿Crees que me creerá?
—¿Por qué no iba a hacerlo? Dadas las circunstancias, sería extraño que no intentaras ponerte en contacto con él.
—¿Y luego qué? En cuanto llegue al aeropuerto, intentará que me maten de nuevo. Probablemente tendrá a Jeremy allí esperándome.
—Eso no va a pasar —dijo Stitch rápidamente—. Jeremy no se acercará ni de lejos al aeropuerto.
—¿No?
Blade sonrió.
—No, de eso nos encargaremos nosotros. Todo lo que tienes que hacer es la llamada.