Blackthorn Security – La Colección Completa Capítulo 33
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Capítulo 33

— H ola, Rebecca —dijo Damian al entrar.

Becca parpadeó y se le cortó la respiración.

Rebecca.

Nadie la había llamado así en años. La forma en que el nombre brotaba de sus labios, tan natural, tan impasible…

, la desconcertó. No esperaba que Damian sonara tan calmado.

Ella, desde luego, no se sentía nada tranquila.

Solo el nombre le provocó una oleada de culpa, ansiedad y…

algo más. ¿Pánico, tal vez? Hacía mucho tiempo que no permitía que nadie le provocara esos sentimientos, y ahí estaba él, lográndolo sin el menor esfuerzo.

Se quedó mirándolo, esperando a que la embestida emocional la golpeara, pero no llegó; al menos no de la forma en que esperaba.

Diez años atrás, lo había abandonado durante su luna de miel y nunca había mirado atrás.

Había huido en mitad de la noche, dejando solo una nota: sin explicaciones, sin una llamada, solo silencio.

Ni siquiera se había quedado lo suficiente para conocer su reacción.

La culpa la había corroído durante años.

Él la observaba ahora con una leve sonrisa, pero ella no podía quitarse de la cabeza lo mucho que le había dolido.

Había sido algo horrible, y solo podía imaginar por lo que él habría pasado.

Había estado enamorado de ella, lo sabía, pero ella era joven, era un desastre y le entró el pánico.

No había sabido qué hacer con su propia vida, y mucho menos con alguien que se preocupaba de verdad por ella.

Se le secó la boca.

—Damian —susurró.

Tenía buen aspecto. Mucho mejor de lo que recordaba. El marido que había dejado atrás era alto, delgado y con un aire un tanto intelectual, con sus gafas ligeramente torcidas y un pelo revuelto que siempre parecía estar a un soplo de viento del caos absoluto.

Este hombre que tenía delante era… diferente .

Seguro de sí mismo. Con aplomo. Su sonrisa fácil no transmitía nada de la incertidumbre que ella recordaba, y aquellas arruguitas en los ojos, como si ahora se riese más a menudo, no se parecían en nada a las miradas intensas y melancólicas que solía dedicarle.

¡Qué cambio con respecto al hombre con el que se había casado!

Becca esperaba un torrente de emociones, algo más que culpa, pero en su lugar sintió una tristeza abrumadora por el hecho de que las cosas hubieran terminado así. El cariño que una vez sintió por él era como un eco lejano, vaciado por el tiempo y por sus propias decisiones.

Y, sin embargo, ahí seguía la culpa.

¿Cómo podría repararlo alguna vez?

—Siento haberme ido de aquella manera —soltó de repente, sintiendo la necesidad de decir algo, lo que fuera , para romper el silencio. La disculpa sonó cruda, torpe, escapándose de sus labios antes de que pudiera frenarla—. No quería hacerte daño.

La vulnerabilidad en su propia voz la hizo estremecerse. Se suponía que ahora era más fuerte, pero frente a Damian se sentía como aquella misma chica asustada y confundida de hacía una década.

Él se acercó a la cama.

—Por eso estoy aquí. Quería decirte que yo también lo siento —su voz era suave, sincera—. Sé que tu padre te presionó para que te casaras conmigo, y lamento haberme aprovechado de la situación.

Ella tragó saliva con dificultad.

—¿ Tú lo sientes? Soy yo quien debería pedir perdón.

—Es un mal hombre, Becca. Es una suerte que por fin esté entre rejas.

Una oleada de emoción le trajo lágrimas a los ojos. Damian la había perdonado. Eso significaba para ella más que cualquier otra cosa.

—Lo sé —susurró con voz apenas audible—. Supongo que esperaba que cambiara, pero claro, eso nunca ocurre. Debería haber aprendido la lección la última vez. —Si lo hubiera hecho, las cosas con Damian podrían haber sido distintas.

—La gente puede cambiar —dijo Damian con suavidad—. He crecido mucho en los años transcurridos desde que dejé de trabajar para Alek. Ahora soy una persona completamente diferente.

Ella lo estudió: su actitud relajada, los brazos y el rostro bronceados, su sonrisa dispuesta. La transformación era innegable. El joven pálido e intenso que había conocido había desaparecido, reemplazado por alguien que parecía estar en paz consigo mismo.

Observó su aire despreocupado, su piel morena, su expresión afable, y recordó al chico pálido y serio de hacía diez años.

—Ya lo veo.

Sintió que Dom se tensaba a su lado.

—¿Eres feliz, Damian?

Él miró a Thorn, y a Becca no se le escapó la mirada de ternura que intercambiaron. ¡Tenía razón! Aquellos quilates en el dedo de la agente se los había dado Damian.

—Sí, soy feliz.

—Me alegro —les sonrió a ambos—. De verdad.

Becca se encontró con la mirada de Thorn y se produjo un entendimiento entre ellas. No hacían falta más palabras. Thorn había conquistado el corazón de su exmarido, y a Becca le parecía bien. Más que bien. Damian merecía ser feliz y, a juzgar por su aspecto, esta mujer era buena para él.

De repente, la culpa que había arrastrado durante la última década se evaporó.

Exhaló un suspiro. Se sentía de maravilla al verse libre de aquello por fin.

—Me alegra que hayas venido a verme.

—Cuando Pat me contó lo que había pasado, pensé que sería una buena oportunidad para arreglar las cosas —dijo Damian—. Diez años es mucho tiempo para guardar rencor.

Becca hizo una mueca.

—Me sentía tan culpable por haberte abandonado así…, pero no sabía qué más hacer. No podía seguir con aquella farsa ni un minuto más.

—No pasa nada —dijo Damian—. En aquel momento no lo entendí, pero con los años he tenido mucho tiempo para reflexionar y me he dado cuenta de lo joven que eras y de cómo te manipuló Markov. No fue justo y yo debería haberlo detenido.

—Tú también eras joven —susurró Becca—. Nos utilizó a los dos.

—Vaya que sí lo hizo —asintió Damian suavemente—. En fin, podremos hablar más cuando te sientas mejor. Estaremos en Panamá unos días. Solo quería aclarar las cosas y decirte que me alegro de que estés bien.

—Gracias, Damian —dijo ella mientras Thorn lo tomaba de la mano y salían de la habitación.