Capítulo 34
G host observó cómo la cabeza de Becca caía de nuevo sobre la almohada mientras cerraba los ojos. Estaba pálida; el enfrentamiento le había pasado factura, claramente.
—¿Quieres que te deje un rato a solas para asimilarlo todo? —Se puso de pie. No quería irse, pero ver a su exmarido después de todos estos años había sido un golpe, y ella podría necesitar algo de espacio para encajar las piezas.
Ghost no había sabido qué esperar cuando Pat le dijo que Damian iba a venir en avión para ver a Becca.
El multimillonario desarrollador de criptomonedas y su prometida, Thorn, habían llegado esa misma mañana, y Ghost había pasado la mayor parte del día con ellos, principalmente en la cafetería del hospital, bebiendo café malo y hablando sobre Alek Markov y cómo aquel hombre había destrozado tantas vidas.
Ghost había querido atrapar a Markov él mismo, estar presente cuando el bastardo cayera, pero Becca lo necesitaba más a él.
Así que dejó que Blackthorn Security se llevara ese honor.
Aun así, se aseguraría de estar presente en el juicio.
Quería saborear el momento en que se llevaran a Markov encadenado.
Ghost no esperaba cogerle cariño a Damian, y mucho menos que llegara a caerle bien , pero cuanto más hablaban, más se daba cuenta de que Damian era el tipo de hombre con el que podría entablar una amistad fácilmente.
Directo, honorable, motivado y, por encima de todo, dispuesto a hacer lo correcto sin importar el coste personal o para sus negocios.
Había sido una sorpresa descubrir que Damian había luchado en primera línea en el norte de Siria. El propio Ghost había entrado en combate allí, sirviendo en el Cuerpo de Marines y más tarde en las fuerzas especiales. Resultó que tenían más en común de lo que había previsto.
Lo cual solo hacía que ver la reacción de Becca ante él fuera aún peor.
¿Cómo no iba a arrepentirse de haber dejado a un tipo así? No solo era guapo y un gran hombre, sino que además era un puto multimillonario.
Y ahora estaba prometido con otra persona.
Becca había perdido su oportunidad.
—Lamento que lo vuestro no funcionara —murmuró, ignorando la punzada que sentía en las entrañas—. ¿Cómo podía competir él con eso?
Ella abrió los párpados. —¿Por qué dices eso?
Él se encogió de hombros, ocultando su agitación interna. —He visto cómo te ha afectado. Sé que no debe de ser fácil volver a verlo. Es evidente que le tenías aprecio.
Becca le dedicó una pequeña sonrisa. —Se lo tenía, y se lo tengo. Es un buen hombre.
Ghost sintió que el corazón se le hacía añicos, como si un artefacto explosivo hubiera estallado en su interior.
Entonces, ocurrió algo inesperado. Becca le cogió la mano.
Él se quedó helado, con la mirada fija en la de ella.
—Me alegro de que haya venido a verme —dijo ella suavemente—.
Porque ahora puedo liberarme de la culpa que he arrastrado durante la última década.
Me sentía fatal por haberlo dejado de la forma en que lo hice.
No creo que haya pasado un solo día en el que no me haya arrepentido.
Pero ahora que ha encontrado a otra persona y es feliz, por fin puedo pasar página.
Ghost la miró fijamente, apenas atreviéndose a tener esperanzas. —¿De verdad lo dices en serio?
—Por supuesto. Ya no siento nada romántico por Damian. Hace mucho que no lo siento. No creo que estuviera enamorada de él de verdad…, no de ese tipo de amor real…, no como…
Se interrumpió, desviando la mirada de su rostro.
—¿Como qué? —susurró él, apretando su mano con más fuerza.
—Nada, es una tontería —masculló ella, mordiéndose el labio.
—Dímelo, Becca —le instó él, volviendo a sentarse en la cama—. ¿Qué ibas a decir?
Ella vaciló, dirigiendo de nuevo la vista a sus dedos entrelazados. —Iba a decir que nada parecido a lo que siento por ti.
A Ghost se le detuvo el corazón. ¿De verdad había dicho eso? Esperó, con la mente a mil por hora, apenas capaz de procesar las palabras.
Esbozó una amplia sonrisa. —No es ninguna tontería, Becca. ¿Quieres que te diga por qué?
Ella lo miró con los ojos muy abiertos.
—Porque yo siento lo mismo por ti.
—¿De verdad? —susurró ella.
—Sí, de verdad. La primera vez que te vi, supe que no eras como ninguna otra mujer que hubiera conocido.
Luego, cuando nosotros..., bueno, después de aquella primera noche en tu apartamento, supe que había algo especial entre nosotros, pero no era capaz de admitírmelo.
Pensé que yo seguiría mi camino y tú el tuyo, así que no tenía sentido darle vueltas.
Hizo una pausa, buscando en su rostro cualquier señal de que hubiera dicho algo incorrecto. Ella le apretó la mano, instándole en silencio a continuar.
—Cuando vi las fotos de lo que Carlos te había hecho..., nunca en mi vida había sentido una rabia semejante. Supe que tenía que volver a la hacienda y sacarte de allí.
—¿Cómo volviste? —preguntó ella, con la voz entrecortada—. Le hablé de ti a Carlos. Sabían quién eras. Estaba convencida de que te matarían en Colombia.
—Utilizaron las fotos para chantajearme y que cooperara. Me quitaron el teléfono, así que no tenía forma de contactar con nadie. Tuve que seguir adelante con la misión, a pesar del riesgo que corrías tú.
Ella se estremeció. —Carlos me dijo que mi destino estaba en tus manos. No entendí a qué se refería, pero ahora sí. Iba a matarme si tú no cooperabas.
Ghost tensó la mandíbula; el recuerdo de aquellas fotos hacía que la sangre le hirviera de nuevo. —Iba a matarte pasara lo que pasase —dijo en voz baja—. Pero yo no iba a permitirlo. Secuestré un avión y volé durante toda la noche para llegar hasta ti antes que las autoridades.
Ella abrió mucho los ojos. —¿Secuestraste un avión?
Él soltó una risita. —Uno pequeño, sí. Y lo volvería a hacer si eso sirviera para salvarte.
Ella ahogó un sollozo, con los ojos anegados en lágrimas. —Nadie ha hecho nunca algo así por mí.
Él la rodeó con los brazos y la atrajo hacia sí. Tenía hematomas, estaba frágil y olía ligeramente a antiséptico, pero para él era la mujer más hermosa del mundo. —Estaré a tu lado siempre que me necesites. Ya no tienes por qué estar sola.
Ella hundió el rostro en su cuello. —No sabes lo que significa eso para mí. Estoy tan cansada de huir.
—Ya no tienes que huir más. Becca..., sé que no nos conocemos de hace mucho, pero...
Respiró hondo, sintiendo el peso de sus propias palabras sobre él.
Suéltalo de una vez.
—Me he enamorado de ti.
Ella se quedó asombrada. —¿Ah, sí?
Mierda, ¿y si había interpretado mal la situación? Pero no, le daba igual. Tenía que decirlo. Ya había guardado bastantes secretos en su vida. Este no se lo iba a callar.
—No sé cuándo ocurrió, pero es la verdad.
Una lenta sonrisa se dibujó en sus labios. —Yo también tengo una confesión que hacer.
A él le dio un vuelco el corazón. —¿Sí?
—Me tenías ganada desde la primera vez que me besaste en la terraza de tu cabaña. Se estaba poniendo el sol y recuerdo que pensé: «¿Qué clase de hombre es este? ¿Un mercenario peligroso? ¿Un soldado honorable?». Entonces me besaste y lo supe.
—¿El qué?
—Que eres las dos cosas. Una mezcla deliciosa.
Él sonrió. —¿Incluso la parte peligrosa?
Sus ojos chispearon. —Especialmente la parte peligrosa.
Un calor intenso se le revolvió en el estómago. Era increíble cómo ella podía afectarle con una sola mirada. —¿Por qué no dijiste nada?
—Me estaba haciendo la interesante.
Él se rio, sacudiendo la cabeza.
—Supongo que funcionó.
—Sí, así fue.
Se inclinó y la besó, suavemente al principio y luego con más profundidad a medida que el calor entre ellos crecía. Se sentía tan bien, como si por fin estuvieran donde debían estar.
—Debo de estar hecha un desastre —murmuró ella, apartándose un poco. Se pasó una mano por el pelo, pero no sirvió de mucho.
—Estás preciosa —dijo él, y creía cada palabra. No solo por fuera, sino también por dentro. Su fuerza, su espíritu, su lealtad... todo en ella hacía que se enamorara más cada día.
—Soy tan feliz ahora mismo —susurró ella, con la voz suave por la emoción—. Siento que mi vida por fin podría tener un final feliz. ¿Es una locura?
—Lo tendrá —prometió él, apartándole un mechón de pelo de la cara—. Te lo juro.
La besó de nuevo, dejando sus labios sobre los de ella, saboreando el momento. Seguían ensimismados el uno con el otro cuando entró la enfermera para darle el alta.