Blackthorn Security – La Colección Completa Capítulo 15
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Capítulo 15

—¿ P ero qué narices...?

Ghost retrocedió tambaleándose, intentando procesar lo que ella acababa de decir.

—¿Alek Markov es tu padre?

Becca asintió con una expresión de dolor, con la miseria grabada en cada rasgo de su rostro. —Me encantaría ayudarte, de verdad, pero ¿cómo puedo traicionar a mi propio padre?

El cerebro de Ghost se bloqueó. No era habitual que se quedara sin palabras, pero allí de pie, mirándola, sus pensamientos chocaron como un tren de mercancías.

—Lo siento —susurró ella en medio del denso silencio—.

Debería habértelo dicho antes, pero nadie lo sabe.

Ni siquiera Ramírez. No había visto a Alek en diez años, hasta que apareció en la embajada y...

me convenció para trabajar con él. Fue como una rama de olivo, ¿sabes?

Una forma de retomar el contacto después de estar distanciados.

Pensé que tal vez... tal vez se merecía una segunda oportunidad.

Él exhaló con fuerza; el aire escapó de sus pulmones como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago.

Todo empezaba a cobrar sentido ahora: la forma en que Markov la vigilaba, cómo ella se sometía a él, el hecho de que lo llamara Alek en lugar del frío desapego que mostraba con todos los demás. Ella era de su sangre.

Y él no lo había visto.

Joder .

Había puesto en peligro su tapadera. Dos años de trabajo encubierto, echados a perder en una sola noche porque no había podido mantener la bragueta cerrada.

Por culpa de ella .

El deseo entre ellos, aquel sexo salvaje que le había volado la cabeza..., le había trastornado el cerebro. Esto era más que lujuria, más que la misión. Se le había metido bajo la piel y lo había vuelto temerario.

Pat lo mataría. Había arruinado su tapadera, ¿y para qué?, ¿por un momento de conexión?, ¿de necesidad?, ¿en qué demonios estaba pensando?

Empezó a caminar por el patio, con la frustración bullendo en su interior. Su mente se aceleró con una docena de pensamientos, cada cual más condenatorio que el anterior. ¿Cómo podía arreglar esto? ¿Cómo podía salvar lo que había destruido?

Becca lo observaba con cautela, como un ciervo ante un león que acaba de probar la sangre. —No diré nada —susurró con voz fina y temblorosa. El miedo brilló en sus ojos, una chispa de incertidumbre que lo destrozó por dentro.

Maldita sea. Se odiaba a sí mismo por haber provocado aquello.

—No es eso —mintió con voz ronca—. Es que no puedo creer que no me haya dado cuenta antes. —Menudo agente encubierto estaba hecho.

—¿Cómo habrías podido saberlo? —Ella se dejó caer en una de las sillas del patio, con los hombros hundidos—. Alek no quería que nadie lo supiera. Dijo que sus enemigos me usarían para llegar a él.

Ghost apretó los puños. Tenía razón. Markov tenía enemigos de sobra, y ella sería el peón perfecto. Un objetivo prioritario.

—Nunca te habría pedido ayuda si lo hubiera sabido —masculló Ghost. La culpa cayó sobre él como las olas frente a su cabaña.

Ella levantó la vista, con los ojos llenos de preguntas que él no podía responder. —Y tú tampoco me habrías dicho quién eras realmente, ¿verdad?

Él no respondió. Ambos conocían la verdad.

—Y lo de hace un momento... —Su voz vaciló, apenas manteniéndose firme—. ¿Ha sido todo parte de tu plan? ¿Has venido aquí para seducirme y que te ayudara a espiarlo?

—Por supuesto que no —Intentó sostenerle la mirada, pero no pudo. Era más complicado que eso. No sabía cómo explicarlo, cómo separar sus sentimientos de la misión.

Ella bajó la cabeza y una risa amarga escapó de sus labios. —Ya veo.

—Becca, no es así. Lo que ha pasado... ha sido real. Ha significado algo.

—Por favor, Dom, no lo empeores. Me gustaría conservar lo que me queda de dignidad.

Se le cerró la garganta. ¿Qué podía decir? Había ido allí para pedirle ayuda, pero no esperaba aquel torrente de emociones ni la conexión que había surgido entre ellos. Todo se había enredado de una forma que no había previsto.

—Me gustaría que te fueras ahora.

—Becca, por favor. Tenemos que hablar de esto.

Ella negó con la cabeza. —No hay nada más que decir.

Él vaciló, anclado al sitio, negándose a moverse.

El rostro de ella se endureció y su voz se volvió afilada. —¿Qué esperabas, Dom? ¿Un final feliz? Sabes que eso no existe.

Joder, se sentía como un auténtico imbécil.

—Solo ha sido sexo. —Ella le dio la espalda y entró en la casa, con la voz suavizándose por la resignación—. Ya sabes dónde está la salida.

Y, sin más, lo despidió.

Él se quedó allí como un idiota, mirándola marchar.

Bien hecho, Ghost. Menuda forma de fastidiarlo todo.

Finalmente, la siguió al interior y se agachó para recoger su camisa del suelo del salón. Se la puso; su aroma aún impregnaba la tela como un cruel recordatorio de lo que acababan de compartir.

Ella estaba en la cocina, con la espalda rígida y las manos aferradas a la encimera. Todo su cuerpo estaba tenso, vibrando de ansiedad.

—Es un hombre malo, Becca —dijo él en voz baja—. Ha hecho cosas que no deberían quedar impunes.

—Lo sé. —Su voz se quebró en un susurro—. Pero sigue siendo mi padre. Y acabo de recuperarlo.

Ghost apretó la mandíbula, carcomido por la frustración. —No se merece tu lealtad. Si las cosas se tuercen, te arrojará a los lobos sin pensárselo dos veces.

—Tú eso no lo sabes —Ella se giró para enfrentarlo, con los ojos ardiendo de rabia y temor.

—Sí, lo sé. Es un psicópata, Becca. Solo le importa una cosa: él mismo.

Por un momento, su expresión flaqueó. Él pudo ver la duda, el miedo a lo que ella ya sabía pero se negaba a admitir.

—Si quieres hundirlo, me parece bien —escupió ella—. Pero no me uses a mí para hacerlo.

—No lo haré —Su voz sonó bronca por la emoción—. Solo espero que no te veas atrapada en el fuego cruzado. Este trato se va a llevar a cabo, te guste o no. Las autoridades quieren sangre. No pudimos arrestarlo en Estados Unidos, pero va a caer, de una forma u otra.

Los hombros de ella se hundieron, perdiendo toda la combatividad. —Es todo lo que tengo, Dom.

Él no la corrigió, pero se equivocaba. También lo tenía a él, solo que aún no lo sabía.