Blackthorn Security – La Colección Completa Capítulo 5
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Capítulo 5

D amian se empleaba a fondo.

El golpe rítmico de sus puños contra el saco pesado resonaba por todo el gimnasio en casa; cada puñetazo servía para descargar parte de su frustración contenida. El sudor le resbalaba por la cara, escociéndole en los ojos, pero no se detuvo.

Necesitaba esto: necesitaba sentir el ardor en los músculos, el dolor agudo en los nudillos. Era lo único que tenía sentido en este momento.

Su vida se había convertido en un maldito circo, y él era el animal enjaulado en exhibición.

Todo lo que había construido, toda la libertad por la que había luchado, se le escapaba de entre los dedos.

Primero, la vigilancia constante, y ahora, ni siquiera podía salir a la calle sin que una guardaespaldas siguiera cada uno de sus movimientos.

Era asfixiante.

Y Christine... No había esperado que se tomara bien la noticia, pero oír el dolor en su voz cuando le había mentido esa mañana le había dolido más de lo que pensaba.

Ella no se merecía aquello.

Siempre se le había dado bien compartimentar, mantener separadas su vida personal y profesional, pero esta vez las líneas se habían desdibujado y Christine se había visto atrapada en el fuego cruzado.

Damian gruñó, lanzando una serie de golpes rápidos al saco; cada uno aterrizaba con un impacto satisfactorio. Odiaba sentirse atrapado, encajonado por sus propias decisiones.

Siempre había valorado su independencia, su capacidad para hacer lo que quisiera cuando quisiera. Pero ahora, con Thorn merodeando a su alrededor, vigilando cada uno de sus movimientos, sentía que estaba perdiendo el control de su propia vida.

Joder.

Thorn era un problema por sí misma. Era hermosa —no se podía negar—, feroz y capaz, con esos intensos ojos verdes que parecían atravesarlo. Pero eso solo empeoraba las cosas.

Era desesperante la forma en que se le metía bajo la piel, cómo su presencia en la casa lo hacía hiperconsciente de cada detalle. La forma en que se movía, cómo su cabello rubio fresa captaba la luz, incluso la forma en que lo miraba, como si estuviera constantemente evaluándolo, juzgándolo.

No era solo su presencia física lo que le molestaba, sino el recordatorio constante de que estaba en peligro, de que había gente que lo quería muerto.

Era una realidad a la que se había acostumbrado con los años, especialmente trabajando con Alek Markov, pero pensaba que aquello formaba parte del pasado.

Tenerlo delante de las narices todos los días, y más aún por parte de alguien que era tan malditamente atractiva, empezaba a agotarlo.

Odiaba sentirse vulnerable, odiaba la idea de no poder protegerse por sí mismo.

Pasó a una serie de directos brutales, cada uno más fuerte que el anterior. ¿Cómo demonios había acabado así? Las decisiones que había tomado a los veinte años habían sido audaces, incluso rebeldes. Ahora, volvían para atormentarlo de formas que no había previsto.

Era una persona diferente por aquel entonces, impulsada por la ambición y el deseo de romper el sistema. Ahora estaba pagando el precio por esa ambición, y era más de lo que esperaba.

Que Christine renunciara había sido la gota que colmó el vaso.

Ella era un daño colateral en una guerra que él no había tenido intención de empezar.

No le importaba la mayoría de la gente, pero Christine había sido leal y profesional.

Lamentaba haberla arrastrado a este lío.

No se merecía que le mintieran, y menos él.

Los golpes de Damian se ralentizaron a medida que aparecía el agotamiento. Le ardían los músculos, le dolían los nudillos, pero su mente no estaba más despejada que cuando había empezado. La frustración seguía ahí, bullendo justo bajo la superficie.

El problema no era solo Thorn, o Christine, o incluso las amenazas de muerte.

Era darse cuenta de que, a pesar de todo su éxito, seguía siendo vulnerable.

De que sus decisiones lo habían llevado a este punto, donde no podía confiar en nadie, ni siquiera en sí mismo para tomar las decisiones correctas.

No ayudaba el hecho de que no pudiera dejar de pensar en Thorn. Incluso cuando lo desafiaba, cuando lo ponía a prueba, había algo en ella que lo atraía.

Mierda. Era de locos.

No necesitaba esa distracción, no necesitaba estar pensando en la forma en que se curvaban sus labios cuando estaba a punto de decir algo mordaz o en cómo su cuerpo se movía con una gracia letal.

Y desde luego no necesitaba estarse preguntando qué se sentiría al besarla, al recorrer con sus manos aquel cuerpo suyo tonificado y atlético.

El saco de boxeo se balanceaba suavemente frente a él, con la cadena chirriando bajo su peso. Damian se limpió el sudor de la frente, con la respiración pesada.

Se dejó caer al suelo, apoyando la espalda contra la baldosa fría mientras miraba fijamente al techo. La tormenta en su interior seguía arreciando, pero, gracias al esfuerzo físico, había perdido algo de intensidad.

Damian se pasó una mano por el pelo humedecido por el sudor. No podía seguir así, acorralado por sus propias emociones.

Por la frustrante e innegable atracción hacia la única persona a la que debería mantener a raya.

Thorn solo estaba haciendo su trabajo, por mucho que le irritara admitirlo. Si quería tener alguna posibilidad de recuperar el control de su vida, tendría que encontrar la manera de trabajar con ella, no contra ella.

Mientras se duchaba, Damian sopesó sus opciones.

Podría pedir otro agente, pero ¿qué solucionaría eso? Thorn no era el problema, lo era su situación. Reemplazarla no cambiaría el hecho de que estaba atrapado en este lío. Además, por mucho que lo molestara, era buena en lo suyo. Eso lo respetaba.

No, lo que necesitaba era un nuevo enfoque.

Habían aclarado las cosas, más o menos, y ahora era el momento de centrarse en el panorama general.

La sesión de fotos de la boda sería esa misma tarde, y la idea hacía que se le erizara la piel, pero era necesaria. Necesitaban la tapadera, la apariencia de normalidad. Todo formaba parte del plan para protegerlo hasta que pudiera arreglar lo que había roto.

Se secó, con la mente todavía dando vueltas.

Nada de regodearse en el pasado. Nada de arrepentimientos.

Nada de pensar en su sexi y maldita agente de protección personal a la que parecía divertirle complicarle la vida.

Tenía que mirar hacia adelante, tenía que centrarse en lo que había que hacer.

CryptoCon se acercaba rápidamente y, con ella, su momento de la verdad.

Si sobrevivía a esto, las cosas cambiarían.

Se aseguraría de ello.

Damian se vistió rápidamente, poniéndose unos vaqueros y una camiseta negra básica. Aún quedaba trabajo por hacer antes de la sesión de fotos, y no iba a permitir que sus frustraciones —o sus confusos sentimientos por Thorn— lo descarrilaran.