Blackthorn Security – La Colección Completa Capítulo 30
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Capítulo 30

— N o me puedo creer lo de ese tipo —dijo Izzy una vez que él se hubo marchado. El encuentro la había alterado más de lo que estaba dispuesta a admitir—. Sorprendernos de esa manera.

Viper enfundó su arma. —Lo preocupante es cómo nos ha encontrado. Si él ha podido, los malos también. Ya no estamos seguros aquí.

Ella suspiró. —Tiene razón. Supongo que es hora de volver a D. C. De todos modos, no puedo estar fuera mucho más tiempo; mis seguidores se pondrán nerviosos. Además, tengo que reunirme con la junta directiva por lo de la mina. Ni siquiera saben que mi padre fue asesinado.

Todo volvía a golpearla de repente: la responsabilidad, las amenazas, el miedo.

—¿Le ha creído? —preguntó Viper mientras volvían a entrar—. Me refiero a Henderson.

—Sí, le he creído. He oído a mi padre hablar de GHMG Holdings antes. Alababa su trabajo en Nicaragua. Si fuera a venderle a alguien… —Frunció el ceño—. Simplemente no me gusta que me tiendan una emboscada.

—Ahí no puedo llevarle la contraria —dijo Viper revisando el pasillo cuando se abrió el ascensor.

Izzy suspiró. —Entonces, ¿volvemos a lo de mirar por encima del hombro allá donde vayamos?

—Desgraciadamente, sí. Nos hemos vuelto descuidados estos últimos días. Yo me he vuelto descuidado. Debería haber mantenido la guardia alta.

Ella le cogió la mano. —Yo también pensaba que estábamos seguros aquí.

Entraron en su habitación. La ventana estaba abierta y dejaba entrar la brisa cálida. Después de haber estado tan relajados estos últimos días, la tensión había regresado. Estiró el cuello e intentó espantarla. —¿Le parece bien que volemos de vuelta mañana?

Él asintió. —Lo consultaré con Pat, pero probablemente sea lo mejor. No sé cuánto tiempo más estaremos a salvo aquí, ahora que nuestra ubicación ha quedado comprometida.

—Henderson no se lo dirá a nadie.

—No puede estar segura de eso. De todos modos, cualquiera que rastree el teléfono de Robert o el de Emily lo sabrá.

Izzy se sentó en la cama. Los últimos días habían sido como un sueño. No podía creer que estuvieran llegando a su fin.

Sintiendo su estado de ánimo, Viper se sentó a su lado. —Aún nos queda esta noche.

Ella se giró y le rodeó el cuello con los brazos. Olía tan bien, se le sentía tan bien, que quería quedarse aferrada a él para siempre. —Lo sé, y pienso aprovecharla al máximo.

Mucho más tarde, mientras Izzy yacía en una neblina posorgásmica, pensó en la oferta de Henderson. ¿Qué dirían Robert y Raf si vendiera su participación a GHMG? Se opondrían, sin duda. Henderson traería a su propio equipo para dirigir las cosas, absorbería su empresa en la suya.

Salvo que nadie conocía la empresa como Robert y, en menor medida, Raf. ¿Y qué pasaría con todas las demás personas que trabajaban para Omega Enterprises? ¿Estarían en juego también sus puestos de trabajo, su sustento? Cada decisión que tomaba afectaba a muchísimas otras personas.

Para ser sincera, sería un alivio deshacerse de la compañía y volver a concentrarse en su propia empresa, pero ¿cuáles serían las consecuencias? Su padre le había dejado una responsabilidad que no podía tomarse a la ligera.

Se giró hacia Viper, que dormía silenciosamente a su lado.

Al menos, creía que estaba dormido. Su respiración era acompasada y constante, pero con él nunca se sabía.

Se despertaba al menor ruido. Al instante alerta, como si hubiera estado despierto todo el tiempo.

Supuso que era otro riesgo del oficio. Incluso cuando dormía, sentía como si él estuviera velando por ella.

Echaría de menos tenerlo a su lado.

No como guardaespaldas, sino como compañero.

Estos últimos días…

Sonrió al pensar en lo que habían hecho, en cómo habían estado el uno con el otro. Había sido perfecto. Aparte de la forma en que habían llegado hasta aquí, no cambiaría nada.

Su vuelo aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Dulles a las tres de la tarde. Habían cogido un taxi a Ciudad de México esa misma mañana y habían volado en primera clase de vuelta a D. C. Izzy había estado en tensión todo el tiempo.

Tuvo que resistir el impulso de cogerle la mano. Ahora que estaban en casa, debía mantener las apariencias. Dejó de lado la pesadez de su corazón y respiró hondo para calmarse. Esta era su realidad ahora y ambos tenían que afrontarla.

—¿Está bien? —Viper la miró de reojo.

Ella asintió y forzó una sonrisa. Él estaba ridículo caminando por el aeropuerto con sus pantalones cortos, su camiseta de delfines y sus sandalias de cuero, especialmente con su imponente corpulencia y altura.

Se fijó en cómo la gente se quedaba mirándolo y luego se apartaba de su camino cuando pasaban.

Afortunadamente, era finales de agosto, Estados Unidos estaba en plena ola de calor y la gente regresaba de las vacaciones de verano con las caras bronceadas y marcas de bronceado desiguales.

En ese aspecto, encajaban perfectamente.

Pat había enviado un coche a buscarlos. Una mujer con traje de chaqueta y pantalón, de cabello rojo encendido, esperaba en Llegadas sosteniendo un cartel que decía «Victoria Granger».

Izzy sonrió. Viper debía de haberles dicho el nombre con el que se había registrado.

—Esa soy yo —dijo ella, deteniéndose. Llevaban muy poco equipaje, solo unas bolsas de lona con las pocas cosas que habían comprado en la tienda del hotel.

La mujer asintió y le tendió la mano. —Rose Clayton, pero todo el mundo me llama Thorn. Trabajo para Blackthorn Security.

—Izzy Beaumont —dijo Izzy, estrechándosela—. ¿Por qué Thorn?

—Supongo que porque soy punzante. —Sonrió de oreja a oreja.

—Viper Morgan.

—Es un placer conocerte, Viper —dijo Thorn, asintiendo hacia él con respeto—. Me han contado lo que hiciste en Colombia. Gran trabajo.

Izzy se giró para mirarlo. Allí era donde le habían disparado.

—No fue nada.

Thorn le dio un puñetazo amistoso en el brazo. —No seas modesto, Viper. —Se volvió hacia Izzy—. Este hombre salvó a un montón de gente en el tiroteo de un complejo turístico hace un par de meses. Es un héroe.

Ella habría jurado que Viper se estaba sonrojando. —No hice nada que no hubiera hecho cualquier otro.

Thorn resopló. —Entraste en un complejo bajo ataque y salvaste vidas cuando la mayoría de la gente corría en dirección contraria.

Izzy lo contempló maravillada. ¿Por qué no le sorprendía? Al fin y al cabo, él había ido a por ella. Casi podía imaginárselo entrando en acción ante un ataque terrorista.

Era un héroe. No solo su héroe, sino también el de otras personas.

Él se adelantó a grandes zancadas con la mirada fija en el suelo.

—No lo sabía —le murmuró a Thorn. Había leído sobre ello, por supuesto. El ataque al complejo había salido en los canales de noticias y en los periódicos, pero no sabía que Viper era el misterioso agente de las fuerzas especiales que había entrado y sacado a la gente de allí.

—¿Está el FBI más cerca de demostrar que el cártel escribió esas cartas? —preguntó Viper, cambiando de tema.

—Dejaré que Pat te ponga al día sobre eso —dijo Thorn—. No estoy al cien por cien al tanto de los detalles. No es mi caso.

Él asintió secamente.

Subieron al coche. Thorn le abrió la puerta trasera a Izzy. Ella miró a Viper para ver si se sentaría a su lado, pero él rodeó el coche hasta la puerta del copiloto. Era el protocolo y tenían que mantener las apariencias.

Thorn era una conductora segura. Navegó con facilidad por los cruces e intersecciones al salir del aeropuerto y luego se incorporó al flujo de tráfico de vuelta a D.

C. —Así que vosotros dos habéis tenido toda una aventura —dijo Thorn una vez que estuvieron en el carril rápido, adelantando a los coches más lentos de la autopista interestatal.

—Se podría decir que sí. —Izzy miró la cabeza de Viper, que se movía lentamente de izquierda a derecha y viceversa, constantemente alerta—. Les debo la vida a Viper y a Phoenix.

—Pat está muy contento de que estés a salvo —dijo ella—. Te está esperando en la sede.

—¿Es allí adonde vamos? —preguntó Izzy.

—Sí. Sé que probablemente estés deseando llegar a casa, pero no tardaremos mucho. Quiere interrogaros y poneros al día sobre la investigación.

Ella suspiró para sus adentros. Lo único que quería era darse una ducha, ponerse su propia ropa y caer en la cama.

Preferiblemente con Viper, pero sabía que eso no iba a ocurrir.

Ya no. Ahora que habían vuelto, él era su guardaespaldas y ella la cliente —o la protegida, como él decía—.

La intimidad del hotel parecía estarse desvaneciendo y no había nada que ella pudiera hacer al respecto. —De acuerdo.

—Espero que no te importe que Blade se nos una —dijo Pat. Estaban sentados en su despacho, en unos sillones cómodos alrededor de una pequeña mesa de centro, con dos tazas de café delante de ellos. Viper estaba lo bastante cerca como para tocarlo, pero se negaba estoicamente a mirarla.

—En absoluto. —Izzy solo había coincidido con Blade brevemente. Era un hombre gigantesco, al menos una cabeza más alto que todos los demás y más ancho que la mayoría. Aunque su estatura intimidaba, tenía una sonrisa tranquilizadora y emanaba el mismo tipo de capacidad masculina que Viper.

Cuando él entró y se sentó en el borde del escritorio de Pat, ella se preguntó cómo encontraba ropa de su talla. Era realmente enorme.

—Excelente trabajo trayéndola de vuelta —dijo Blade, estrechándole la mano a Viper.

—Gracias, pero tuve ayuda.

—Lo he oído.

—Izzy, cuando estés lista. —Pat asintió para que ella procediera.

Ella respiró hondo y recordó la fiesta en el yate.

—Estaba hablando con Robert en la cubierta del velero de Casper cuando, de repente, cuatro hombres enmascarados saltaron por la borda y me agarraron.

Me metieron en una pequeña lancha motora y me llevaron a ese viejo pesquero que estaba amarrado a cierta distancia.

—Eso ya lo sabemos —dijo Blade—. Viper os siguió en la moto de agua. Así fue como supimos el nombre del barco.

—¿Me siguió? —Él se había olvidado de mencionar esa parte.

—Solo hasta donde pude —masculló él—. Luego me quedé sin gasolina.

—La Guardia Costera lo recogió algún tiempo después —añadió Blade—. Por suerte lo encontraron; si no, habría estado a la deriva durante días.

Viper apretó la mandíbula. —Había muchas embarcaciones en las inmediaciones. Alguien me habría visto tarde o temprano.

Izzy lo miró fijamente. Aquel hombre no le tenía miedo a nada.

Continuó con su relato. —Me subieron a bordo y me encerraron en aquel camarote apestoso.

—¿Les viste la cara? —preguntó Pat.

Ella negó con la cabeza.

—Yo sí —intervino Viper, y procedió a contarles lo de los golfistas en el hotel de San Diego, cómo habían intentado ligar con Emily y cómo él y Phoenix los habían abatido en la selva de México.

Izzy se quedó sentada en silencio, asimilándolo todo. El terror que había sentido en aquel pesquero, el miedo en la selva, nunca la abandonaría. Viper había matado por ella. ¿Qué hombre hacía eso?

—El FBI tomó algunas huellas de su habitación de hotel —dijo Pat—. Pueden cotejarlas con los cuerpos de la selva. ¿Sabes dónde aterrizasteis?

—Probablemente podría localizar el punto —dijo Viper.

Pat asintió. —Enviarán un equipo allí para recuperarlos.

—Solo quiero que esto termine —susurró Izzy.

Pat se inclinó y le cogió la mano. —Atraparemos a los que te secuestraron, Izzy. No te preocupes por eso. Es solo cuestión de tiempo.

Vio a Viper asentir. ¿Por qué ella no se sentía tan segura?

—A menos que vuelvan a por mí, no tenemos nada. Puede que el FBI identifique a los mercenarios, pero ¿cómo demostrarán que el cártel está detrás de esto?

Los hombres no tenían respuesta.

Ella respiró hondo. —Podríamos utilizarme como cebo.

—No.

—¡De ninguna manera!

—En absoluto.

Los tres hombres hablaron al mismo tiempo.

—Escuchadme. Si preparamos la oportunidad perfecta para un secuestro, vosotros podríais intervenir y atraparlos, y esta pesadilla acabaría de una vez por todas.

—No estoy dispuesto a ponerte en riesgo —dijo Pat con firmeza.

—Puede que no vuelvan a recurrir al secuestro —añadió Viper. No necesitó dar explicaciones. Se refería a que esta vez podrían simplemente matarla. Más fácil. Más rápido. Más limpio.

Se acabaron las negociaciones.

Ella tragó saliva. —No lo harán. Muerta no les sirvo de nada, recordad. Raf heredará mi parte de la empresa y el statu quo se mantendrá sin cambios. Necesitan que vendamos, lo que significa que tienen que usarme como moneda de cambio.

—Dejemos eso para más tarde. —Pat miró a Blade con preocupación—. Mientras tanto, seguiremos trabajando en ello. Viper continuará siendo tu agente de protección personal.

Ella asintió, desplazando la mirada hacia su amante, el hombre que había compartido cada momento con ella durante la última semana, aproximadamente. Él seguía sin mirarla directamente. Quizá temía que su jefe se diera cuenta de que se habían estado acostando y lo despidiera.

—¿A menos que prefieras que asigne a otra persona?

—Por mí está bien —soltó Viper, al mismo tiempo que ella decía:

—No importa. Confío en Viper. No quiero que nadie más me proteja.

Pat asintió. —Vale, bien. Estaremos en contacto. Cuídate, Izzy, y llama si ves algo sospechoso.

Ella se levantó y lo abrazó. —Lo haré. Gracias, tío Pat. Agradezco todo lo que estáis haciendo.

Él sonrió. —Estás en buenas manos.

Ella lanzó una mirada furtiva a Viper a espaldas de Pat. —Lo sé.