Blackthorn Security – La Colección Completa Capítulo 15
29%

Capítulo 15

R ay, el geólogo de Stanford, estaba ansioso por ayudar.

—Claro, puedo conectarme al satélite por ti. Esas coordenadas que has facilitado serán de ayuda. Dame una hora y te devuelvo la llamada. ¿Puedo localizarte en este número?

—Sí. Gracias.

Viper volvió a la habitación del hotel para intentar dormir un poco, pero todo le recordaba a Izzy. Sin saber muy bien por qué, entró en su habitación. Allí estaba aquel vestido negro sobre la cama. La habitación olía a su perfume. Casi podía verla desfilando delante de él.

Joder. ¿Cómo había podido permitir que esto sucediera?

De regreso a su habitación, se tumbó en la cama y obligó a su agotado cerebro a pensar.

¿Quiénes eran los golfistas? ¿Eran ellos los secuestradores?

Había cuatro. Cuatro hombres enmascarados en el yate.

No parecían mexicanos, aunque eso no significaba necesariamente que no estuvieran vinculados a los cárteles.

Si eran un escuadrón de asalto, podrían ser mercenarios independientes.

Debió de quedarse dormido, porque se despertó con unos golpes en la puerta. Le pareció que solo habían pasado unos segundos. Una voz gritó:

—Viper, soy Phoenix.

Se levantó de un salto y abrió la puerta.

—Lo siento. No he dormido mucho anoche.

Se dieron la mano. Phoenix le dio una palmada en el hombro.

—Me alegro de volver a verte, colega. Ha pasado tiempo.

Viper se hizo a un lado para dejarle entrar en la habitación.

—Sí, la última vez que te vi estábamos bajando aquel pico en Colorado en plena oscuridad, luchando contra un vendaval de ochenta kilómetros por hora mientras nos azotaba una lluvia helada.

Phoenix se rio.

—He oído que lograste salir de esa.

—Pan comido —replicó Viper, lo que hizo que Phoenix se riera aún más fuerte.

Phoenix no había cambiado. Seguía siendo ridículamente guapo, estaba en forma y bien vestido. No era un bruto de modales toscos como él.

—Me han dicho que te has casado —dijo Viper, mientras Phoenix soltaba su mochila en el suelo—. Enhorabuena.

—Gracias, aún no puedo creer que dijera que sí —sus ojos se entrecerraron en una sonrisa—. Y ahora trabajas para Blackthorn Security. El mundo es un pañuelo.

—Ya ves.

Phoenix lo estudió.

—Pat es bastante tiquismiquis. Pero luego me enteré de que hiciste grandes cosas en Colombia hace unos meses.

Viper hizo una mueca. El hombro todavía le dolía, a pesar de que se había curado por completo.

Las heridas del costado y el muslo no le molestaban tanto.

No le gustaba hablar de Colombia. No había hecho nada monumental.

Claro, había ayudado a escapar a unos cuantos civiles cuando un complejo turístico a las afueras de la ciudad fue invadido por la guerrilla, pero cualquier miembro de su unidad habría hecho lo mismo.

Después de todo, era para lo que los habían entrenado.

Simplemente había estado en el lugar adecuado en el momento equivocado.

—Podría ser el encargo más corto de la historia.

—Qué va, la recuperaremos. Aunque ha sido mala suerte lo que ha pasado. No ha sido culpa tuya.

Viper apretó la mandíbula.

—No debería haber dejado que se acercara a ese maldito yate. Tuve un mal presentimiento desde el principio.

—¿Por qué no me pones al día? —Phoenix se sentó a la mesa—. Así podremos decidir un plan de acción.

Viper le informó sobre la fiesta a bordo del yate, mencionando a Robert y Casper, así como a Emily y sus cuatro amigos golfistas.

—¿Crees que podrían ser ellos? —preguntó Phoenix, yendo directo al grano.

—Tal vez. Emily admitió que les habló de la fiesta. Eran cuatro. Cuatro secuestradores, todos armados con AK, chalecos de Kevlar y todo el equipo. Esos tipos eran profesionales.

—¿Mercenarios? —preguntó Phoenix.

Viper asintió.

—Sin duda alguna.

Phoenix asintió con la cabeza.

—¿Cómo has quedado con Ray, el geólogo?

—Espero su llamada en cualquier momento —dijo, consultando su teléfono—. No había llamadas perdidas—. Además, he pedido al servicio de limpieza del hotel que no limpien las habitaciones de los golfistas, por si la policía quiere enviar a la Científica allí.

—Bien pensado —dijo Phoenix—. El FBI va a enviar un equipo para hacerse cargo de la investigación. Sin duda querrán oír lo de los golfistas.

Pat había estado ocupado.

El teléfono sonó. Viper se lanzó a por él.

—¿Hola, Ray?

—Buenas noticias —dijo el geólogo—. He encontrado tu barco.

Viper contuvo el aliento.

Gracias a Dios.

Puso el altavoz.

—Adelante.

—Bueno, gracias a tus coordenadas, lo he localizado a veinticinco millas de la costa de San Diego.

Ha viajado directamente al sur hacia la isla de Guadalupe y luego ha continuado bajando hasta las islas Revillagigedo.

Actualmente se encuentra aproximadamente a ciento cincuenta millas de la costa de Baja California.

—¿México? —soltó Phoenix.

—Oye, ¿eres tú, Phoenix? No sabía que tú también estabas ahí.

—Sí, tío. Me han mandado aquí para recuperar a la chica. Ya sabes cómo va esto.

Viper no sabía que se conocían.

Ray se rio entre dientes.

—No hay descanso para los malvados. En fin, espero que eso ayude.

—Claro que sí —dijo Viper—. Avísanos si algo cambia.

—Lo haré, aunque no se ha movido de esa posición en las últimas cuatro horas.

—Gracias, tío —repitió Phoenix.

Terminaron la llamada y se miraron el uno al otro.

—¿Qué tal llevas los rescates en alta mar? —preguntó Phoenix.

Viper sonrió.

—Es como montar en bici.

—Es una locura sin refuerzos —dijo Blade por teléfono desde D. C., después de que Phoenix le contara lo que planeaban hacer.

—No hay tiempo para enviar una fuerza de asalto anfibia hasta allí —argumentó Phoenix—. Ya será bastante difícil solo con nosotros dos.

—Eso es lo que me temo —respondió Blade—. No tenemos recursos en esa parte del mundo. Ya sabes cómo es aquello. Encontrar un helicóptero será casi imposible.

—Nos infiltraremos en barco —dijo Phoenix. No había tiempo para establecer redes ni contactos locales, así que tendrían que robar uno si no podían alquilarlo.

Viper escuchaba la conversación desde el otro lado de la habitación. Ya había preparado su mochila.

—Haré que un avión de la CIA os espere en el aeropuerto —dijo Blade—.

Os llevará hasta Baja y os suministrará armas y equipo, pero, aparte de eso, tengo las manos atadas.

No puedo autorizar un rescate asistido por la CIA.

Sus chicos no están entrenados para esto y no sabemos a cuántos nos enfrentamos. Vais a ciegas. Sin información.

—No es un buque portacontenedores —intervino Viper—.

Es un pesquero de arrastre. Fueron cuatro los tipos que nos atacaron y probablemente tengan a uno o dos más a bordo.

En el peor de los casos, nos enfrentamos a seis enemigos.

Era notable la facilidad con la que había vuelto a caer en la jerga de los SEAL.

—Seis contra dos es pedir mucho, especialmente sin apoyo.

—Nada a lo que no nos hayamos enfrentado antes —dijo Phoenix con gravedad.

—Además, no nos estarán esperando —terció Viper. El factor sorpresa les daba ventaja.

Hubo una pausa.

—Muy bien, chicos. Veo que estáis decididos. Buena suerte. Traedla a casa.

—Recibido —corearon ambos.