Blackthorn Security – La Colección Completa Capítulo 14
28%

Capítulo 14

S u siguiente parada fue Emily.

La asistente personal de Izzy abrió la puerta con el rostro bañado en lágrimas.

No se podía negar que tenía un aspecto espantoso.

El maquillaje de los ojos se le había corrido y le manchaba las mejillas, todavía llevaba el vestido de fiesta arrugado de la noche anterior y era evidente que no había pegado ojo.

—¿Alguna noticia? —se secó los ojos con el dorso de las manos.

—Me temo que no.

Entró de nuevo en la habitación a paso rápido y se dejó caer sobre la cama. —¡Pobre Izzy! Solo Dios sabe lo que esos monstruos le estarán haciendo ahora mismo.

Viper prefería no pensar en eso, pero sí sabía que, si se trataba del cártel y planeaban pedir un rescate o utilizarla como moneda de cambio, les interesaba mantenerla con vida.

Esto no era piratería en el sentido tradicional, aunque él tenía cierta experiencia en ese ámbito.

Un año, mientras estaba desplegado en un buque de guerra frente a las costas de África Oriental, tuvo varios enfrentamientos con grupos de crimen organizado bien financiados que operaban desde naves nodriza con el único propósito de robar crudo de los petroleros.

Utilizaban una fuerza excesiva y no se molestaban en secuestrar para pedir rescates.

A cualquier rehén o víctima le pegaban un tiro y lo mataban. Era más fácil así.

Los hombres que se habían llevado a Izzy no estaban interesados en el petróleo. Tenían algo más en mente, algo que ver con la empresa de su padre.

—Estoy seguro de que está bien —dijo con más confianza de la que sentía—. No le harán daño. Es demasiado valiosa como elemento de presión.

—¿Eso crees? —sorbió ella por la nariz.

Él asintió. —Emily, necesito hacerte una pregunta. ¿Sabías lo de la fiesta en el yate antes de que llegara Robert?

Ella reflexionó un momento. —Sí, conozco a Casper del ambiente social de D.C. y me envió una invitación por mensaje hace días, pero no le había respondido. Dependía de Izzy.

Parecía que todo dependía de Izzy.

Todo el mundo bailaba a su son.

—¿Lo hablasteis entre vosotras? —preguntó él.

—Puede que sí —admitió ella, incorporándose—. Sí, lo hicimos. Casper se pasó por el hotel ayer por la mañana. Tomamos algo y volvió a preguntarnos. Izzy dijo que ya veríamos, dependiendo del horario de rodaje.

—¿Lo hablaste con alguien más?

—Creo que no. ¡Ah, espera un momento! Los golfistas estaban allí.

—¿Golfistas? ¿Te refieres a esos hombres con los que hablabas en la piscina? —Se había fijado en ellos, pero no los consideró una amenaza. Quizá se había precipitado.

—Sí —ella se sonrojó—. Volví a quedar con ellos la noche que tú e Izzy os marchasteis del club.

Él entrecerró los ojos. —¿Se alojan aquí?

Ella se puso roja. —Matt está en la habitación 375.

—Gracias, Emily. Era hora de hacerles una visita.

La habitación 375 estaba situada en la tercera planta del hotel, dos por debajo de la suya. Viper llamó a la puerta y esperó. No hubo respuesta. Tras llamar una segunda vez, volvió a bajar a recepción.

—¿Podría decirme si los chicos de la habitación 375 siguen aquí? Uno de ellos se dejó la camisa ayer en el campo de golf. Pensé en devolvérsela.

Ella consultó la pantalla de su ordenador.

—No, señor. Me temo que ya han dejado la habitación.

Interesante.

—¿Sabe cuándo?

—Anoche —frunció el ceño—. Pero aquí dice que tienen pagado hasta hoy.

Eso sí que era muy interesante.

Blade Wilson le llamó un par de horas más tarde. Era casi mediodía y Viper todavía no había dormido. Su cuerpo se negaba a desconectar. No mientras Izzy siguiera ahí fuera. Habían pasado catorce horas desde su secuestro.

La policía se había puesto en contacto con él.

Habían iniciado inmediatamente una investigación por secuestro, pero sin nada concreto en lo que basarse, no era mucho lo que podían hacer.

Habían dado la alerta sobre el arrastrero, el Pacific Pride , pero esos tipos eran profesionales; el barco ya estaría muy lejos para entonces.

—¿Qué tienes? —le preguntó a Blade en cuanto respondió al teléfono.

—Nada todavía. Uno de nuestros agentes, Phoenix, va de camino hacia allí. Subió a un avión hace una hora. Irá directo al hotel. Necesitarás ayuda para recuperarla.

La adrenalina recorrió su cuerpo. La misión no había terminado.

—Conozco a Phoenix —dijo—. Hicimos juntos el entrenamiento de los SEAL.

—Sí, es un buen tipo. Siento que no podamos enviar a más agentes. Como sabes, andamos escasos de personal ahora mismo. Pat incluso sugirió que fuera yo, pero me necesitan aquí.

—¿Habéis encontrado el arrastrero? —preguntó Viper.

—Todavía no. Está registrado en El Salvador, pero eso no es inusual.

Se le hundió el corazón. Sin una pista sobre el arrastrero, no tenían esperanzas de encontrarla.

—Hay alguien que creemos que puede localizarlo —añadió Blade.

—¿Ah, sí? ¿Quién?

—La mujer de Phoenix, Ellie, tiene un amigo geólogo en la Universidad de Stanford que tiene acceso a un satélite.

Se dedica a cartografiar los fondos oceánicos a lo largo de la costa, sobre todo en el golfo de México.

Algo que tiene que ver con la búsqueda de yacimientos de petróleo.

Existe la posibilidad de que tenga acceso a los datos en tiempo real de anoche.

—¿Phoenix está casado? —Eso sí que era una noticia. El Phoenix que había conocido en sus tiempos de los SEAL era la última persona que Viper habría imaginado que sentaría la cabeza.

—Sí, conoció a su mujer en una plataforma petrolífera en el golfo el año pasado. Es lista, como Lily. No sé qué ven estas mujeres tan inteligentes en unos matones como nosotros.

Lily, la mujer de Blade, era una diseñadora de software militar que trabajaba para el gobierno de los Estados Unidos. Anna se lo había contado todo cuando él estuvo en la oficina.

—Ese amigo de Ellie, ¿nos ayudará a rastrear el Pacific Pride ?

—Debería ser capaz de hacerlo. Te envío sus datos de contacto. Ellie ya ha hablado con él, así que está esperando tu llamada.

—Me pongo a ello de inmediato. Gracias, tío.

—La traeremos de vuelta, hermano. No te preocupes.

Solo esperaba que llegaran a tiempo.