Blackthorn Security – La Colección Completa Capítulo 11
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Capítulo 11

— N o me mire así —Izzy frunció los labios en un mohín perfecto—. Solo es una pequeña fiesta en un yate. —Estaban en la suite de él en el hotel y ella acababa de darle la noticia sobre la salida de esa noche. Como era de esperar, no le había hecho ninguna gracia.

—Pensaba que habíamos acordado que no correría más riesgos.

—Esto no es un riesgo. Casper es un viejo amigo de Robert. Estudiaron juntos en Yale. Me he reunido con él varias veces. Es inofensivo.

Viper se pasó una mano por el pelo, claramente agitado.

—Puede investigarlo, está limpio como una patena. Bueno, olvide eso. Es banquero de inversión... Esos nunca están limpios del todo —soltó una risa burlona—. Pero no tiene vínculos con los negocios de mi padre ni interés en las minas.

—No es eso —dijo Viper con aspereza—. Es el hecho de estar al descubierto. Cualquiera podría dispararle en el puerto deportivo. No hay protección, hay muchos lugares donde esconderse. No puedo estar en todas partes a la vez.

—Estaremos en un yate, amarrado en el puerto. Nadie va a llegar hasta mí a bordo.

Él vaciló, pero ella vio que lo estaba convenciendo.

—Venga, será divertido. No quiero quedarme encerrada aquí todo el tiempo.

Su mandíbula cincelada se tensó tanto que ella pudo ver el movimiento de los músculos.

—No es como un bar o un club; es un yate privado. Conoceré a la mitad de los invitados y la otra mitad serán amigos de Casper.

Él suspiró y ella supo que le había ganado la partida.

—Se suponía que Robert no vendría hasta la semana que viene —señaló él—. ¿A qué viene este cambio de planes repentino?

Ella sonrió ante su mal humor. —Está ocupado toda la semana que viene, así que ha venido unos días esta semana. Me viene mejor, la verdad, porque así tendré la semana que viene para mí sola.

—¿Se quedará con usted? —La expresión de Viper era neutra, pero sus ojos se clavaron en el rostro de ella.

Ella frunció el ceño. —No, por supuesto que no. No estamos saliendo.

—Lamento entrometerme, pero tengo que preguntarlo para poder adaptar su seguridad.

—No pasa nada y no, Robert tendrá su propia habitación.

Otro asentimiento seco, pero a ella le pareció ver un destello de alivio cruzarle el rostro. ¿O era que deseaba que así fuera? Con él, nunca podía estar segura. Siempre estaba muy a la defensiva.

Lo de anoche fue lo más personal que había llegado a estar con ella. Podía entender por qué no había tenido una relación mientras estaba en la Marina, pero ahora era un agente libre. Aunque no hacía mucho que se había marchado. Pat había dicho que hacía solo unos meses.

Había leído sobre lo difícil que era para los militares adaptarse a la vida civil. ¿Estaría pasando él por eso ahora? No dejaba traslucir nada. Si estaba estresado, no lo demostraba.

—Nos reuniremos con los demás en el bar del hotel a las siete —dijo ella.

—Sí, señora.

Izzy se quedó mirando los dos vestidos sobre su cama.

El plateado era suave y ceñido y reclamaba atención.

Sin duda, no pasaría desapercibida con él.

El negro se le pegaba como una mancha de aceite que cambiaba de color cuando se movía.

Era sexi a rabiar, pero más de estilo rockero que de elegancia para la hora del cóctel.

—Viper —llamó—. Había dejado abierta a propósito la puerta que comunicaba sus dos habitaciones y, aunque él no había pasado por ella en absoluto, le había oído caminar, ducharse, vestirse. Era íntimo, de una forma extraña.

Él apareció de inmediato en el umbral. —¿Sí? —Entonces se quedó helado al verla envuelta en una toalla de baño.

—No puedo decidir qué vestido ponerme. ¿Qué le parece?

Él no se movió. —¿Quiere que elija yo?

—Sí, necesito la opinión de un hombre.

Él negó con la cabeza y se acercó un poco más. —El negro.

—Mmm. Una elección interesante. ¿Por qué ha elegido ese? —Su mente empezó a trabajar. ¿Sería por su lado más rudo? ¿Le gustaban las chicas rebeldes en lugar de las glamurosas? ¿Quizá le gustaba la música rock? Tenía toda la pinta. Ese tatuaje tan sexi que tenía en el pecho, justo sobre el corazón.

—La convertirá en un blanco menos obvio.

Y se dio la vuelta y salió de la habitación.

Fantástico.

Izzy suspiró y se dejó caer en la cama. ¡Aquel hombre era imposible!

No sabía por qué la sacaba tanto de quicio, pero lo hacía.

Quizá era porque no lograba descifrarlo. Todos los hombres que había conocido habían intentado ligar con ella, incluso los que afirmaban ser sus amigos. Allá donde iba, la adulaban, la idolatraban. Era en parte por quién era y en parte por su físico.

Un icono de estilo, la habían llamado en los medios. Un modelo a seguir para millones de mujeres jóvenes. También era una historia de éxito, una mujer de negocios, una emprendedora por derecho propio. Y, por supuesto, el legado de su familia la convertía en una debutante adinerada.

Los rasgos exóticos y sensuales que había heredado de su madre brasileña hacían que atrajera todas las miradas.

Los diseñadores querían que luciera su ropa.

Las revistas querían que adornara sus portadas.

Siempre le regalaban joyas, conjuntos o el último dispositivo tecnológico para que los probara con la esperanza de que publicara una crítica excelente en internet.

Su cuenta de Instagram tenía más de dos millones de seguidores.

Su opinión importaba. Sus fans la adoraban. Los hombres querían acostarse con ella.

Excepto él .

Mantenía las distancias, incluso cuando estaba a su lado. Esa mirada fría, de color aguamarina, la atravesaba en lugar de mirarla y se negaba a entablar contacto. La estaba volviendo loca.

Con un bufido, se puso el vestido plateado. Era ceñido y sexi, y tenía unos tirantes finos que se cruzaban en la espalda. No se podía llevar sujetador con él.

Alrededor del cuello llevaba el collar de turquesas.

Justo antes de las siete, Viper asomó la cabeza por la puerta comunicante. —¿Está lista, señorita Beaumont?

—Sí.

Su mirada recorrió fugazmente el vestido, pero no hizo ningún comentario.

Bajaron al bar del hotel. Él primero, inspeccionando el pasillo, el ascensor y el vestíbulo antes de que ella entrara.

Estaba increíblemente sexi con ese traje negro que parecía quedársele pequeño, con una camisa negra a juego debajo que dejaba ver apenas un atisbo de su pecho bronceado, pero ella sabía que debajo llevaba el chaleco de kevlar y que iba armado.

Las mujeres se giraban para mirarlo.

Ella no pudo evitar sentirse satisfecha de que ese adonis estuviera con ella. Con su ceñido vestido plateado, formaban una pareja espectacular, y casi le cogió del brazo como haría con cualquiera de sus otros admiradores, pero se detuvo justo a tiempo. Maldita sea, por poco. Debía controlarse.

—¡Aquí estáis! —Emily se acercó corriendo—. Mirad a quién he encontrado.

Izzy esbozó una sonrisa ensayada. —Hola, Robert.

—¡Cariño! —La abrazó, besándola en ambas mejillas—. Espero que no te importe que me haya presentado antes de tiempo. Era el único momento en que podía escaparme.

Viper se erizó a su lado.

—No, por supuesto que no. Me alegra mucho verte.

—¿Quién es este? —Robert miró a Viper, y no de forma amistosa. Oh, mantuvo la compostura —por supuesto, era Robert—, pero a ella no se le escapó el destello de celos en su mirada.

—Este es mi guardaespaldas, Viper. Viper, este es Robert Hampton-Barnes, director general de Omega Enterprises. —Utilizó el cargo completo de Robert para darle un empujón a su ego. Al lado del imponente Viper, necesitaba toda la ayuda que ella pudiera darle.

Como era de esperar, Robert sacó pecho, aunque todavía se quedaba patéticamente corto comparado con el de Viper, que ni siquiera se estaba esforzando.

Las diferencias no acababan ahí. Mientras que Robert era ágil y esbelto, luciendo una buena estampa con un traje a medida, Viper era ancho y musculoso y desprendía una energía poderosa que era difícil de ignorar.

Robert era pura calma digna, mientras que Viper bullía con una agresividad peligrosa pero controlada.

—¿Guardaespaldas? Seguro que no lo necesitas esta noche. Estaremos en el yate de Casper. Dale la noche libre.

—Me temo que eso es impensable, señor —dijo Viper.

Robert le pasó el brazo por los hombros. —Estará bien, está conmigo.

—No pasa nada, Robert —intervino Izzy—. Puede venir. —Los dos hombres se miraban con hostilidad.

La boca de Robert se tensó en una fina línea. —Como desees, cariño.

Izzy deseó que no la llamara cariño, aunque casi valía la pena por ver la forma en que los labios de Viper se apretaban al oírlo. ¿Estaba celoso su oficial de protección personal? ¿Por fin estaba consiguiendo una reacción de su parte?

Robert los invitó a una copa, mientras Viper permanecía a unos pasos de distancia. Ella estaba de perfil para él, así que no podía ver su expresión, pero por la forma en que Emily no dejaba de mirarlo nerviosa, supo que le estaba lanzando miradas asesinas.

—¿Qué has hecho para cabrearlo? —susurró su amiga cuando Robert se alejó un poco para saludar a otra persona—. Parece que esté a punto de explotar.

—No está contento con esta fiesta —confió Izzy, aunque eso era solo la mitad de la verdad. Robert había invadido su terreno al insistir en que le diera la noche libre. Eso no le había gustado.

—Qué pena —canturreó Emily—. Será divertido. Te vendrá bien soltarte un poco la melena. No tendrá más remedio que aguantarse.

Robert volvió y le rodeó la cintura con un brazo.

Ella estaba acostumbrada. Desde que su padre había muerto, él la había tratado como a una niña pequeña que necesitaba protección.

Habituada a la atención, nunca se le había ocurrido que le importara, pero cuando se dio la vuelta y vio la mirada ardiente de Viper, tragó saliva y dio un paso atrás.

—¿Qué pasa? —le preguntó Robert.

—Nada. —Esbozó una sonrisa forzada—. Hace calor aquí dentro, ¿verdad?

Él se encogió de hombros y siguió hablando.

Cuando volvió a mirar a Viper, él miraba por encima de la cabeza de ella a la pared que había detrás.