Blackthorn Security – La Colección Completa Capítulo 5
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Capítulo 5

— E speren aquí —ordenó Viper mientras se acercaban a la habitación del hotel.

Izzy lanzó a Emily una mirada de fastidio, pero ambas mujeres obedecieron mientras él realizaba un registro minucioso de la suite.

El vuelo había sido insoportable, aunque él ni siquiera se había dado cuenta.

Izzy había intentado concentrarse en el horario previsto con Emily, pero cada vez que sentía el calor de su muslo de piedra o el roce de su antebrazo de mármol, se tensaba.

Al final, Emily le había preguntado si se encontraba bien.

Ella había inventado alguna excusa diciendo que estaba nerviosa por las cartas.

Ahora ya tenía suficiente, y lo único que quería era cambiarse y relajarse junto a la piscina.

—Muy bien, está despejado.

—Gracias. —Ella pasó a su lado con paso firme hacia la habitación. Emily la siguió, pestañeando.

—Puedes registrar la mía también, si quieres —dijo ella con coquetería.

Para sorpresa de Izzy, las comisuras de los labios de él se elevaron. —Eso no figura en la descripción de mi trabajo.

—Qué pena —murmuró Emily.

Izzy le lanzó una mirada de advertencia.

—Quédese usted en el segundo dormitorio, señora —le dijo Viper justo cuando ella se había sentado en la cama y se había quitado los zapatos.

Ella suspiró. —¿Por qué?

—Para que, si alguien viene a buscarla, tenga que pasar por mí primero.

Era cierto, la suite constaba de dos habitaciones contiguas y un pequeño salón con un balcón que daba a un patio con palmeras, una piscina y una terraza.

Izzy asintió, se levantó de la cama y, con Emily detrás, caminó hacia la habitación de al lado. Viper las siguió empujando sus maletas. Las dejó en el centro de la habitación. —Estaré en la de al lado si me necesita.

—Madre mía —masculló Emily, cerrando la puerta tras él—. Se toma su trabajo en serio, ¿verdad?

—Supongo que es su obligación —admitió ella.

El tipo era exmilitar y, habiendo crecido con un tío como Pat, estaba familiarizada con ese tipo de actitud estoica y disciplina inflexible.

Era algo propio de ellos. En cierto modo, le resultaba tranquilizador, pero en otros sentidos deseaba que fuera más humano.

Que hiciese algún chiste o algún comentario sarcástico.

Cualquier cosa que demostrara que no era simplemente un robot bien entrenado.

¿Y a ella qué le importaba si lo era?

Para distraerse, Izzy empezó a sacar su maquillaje. —¿Cuál es el plan para mañana?

—¿Es que no has escuchado ni una palabra de lo que he dicho en el avión? —Emily deslizó el dedo por su tableta—. El equipo llega a las seis para preparar todo. Ah, eso incluye tu sesión de peluquería y maquillaje, por cierto. Los modelos llegan a las ocho y espero que podamos empezar a las nueve.

—¿Y cuál es la ubicación? —preguntó.

—Max quiere fotografiarlos en la playa. La luz de primera hora de la mañana y de última hora de la tarde es la mejor.

Hay una bahía semioculta a la vuelta de la esquina que no estará muy concurrida.

Nos instalaremos allí. Había pensado en quitar de en medio todas las fotos de playa el primer día, con un descanso de dos horas para comer cuando el sol sea más fuerte.

Podemos hacer las fotos del catálogo junto a la piscina del hotel y en los jardines paisajísticos durante los dos días siguientes.

—Suena bien. Asegúrate de que el hotel sepa que el equipo puede comer y beber aquí. Ponlo todo a mi cuenta.

—Entendido. Clint vuela hoy más tarde, así que no contarás con él esta tarde, pero no es el fin del mundo. Ya se te da bastante bien peinarte tú sola y no haremos ninguna foto promocional hasta mañana.

—Bien, quiero una tarde para instalarme. Estoy pensando en una cena ligera en el hotel y luego quizá un pequeño paseo por el pueblo, solo para reconocer el terreno. ¿Qué te parece?

Emily sonrió de oreja a oreja. —Suena perfecto.

—Ahora mismo, sin embargo, me voy a nadar. ¿Has visto esa piscina cuando hemos entrado? —Se moría de ganas de quitarse de encima la tensión del vuelo y estirar sus doloridos músculos.

—Divina. Nos vemos allí.

Emily se marchó e Izzy se puso uno de sus trajes de baño. Eligió uno negro, de pernera muy alta y con un pronunciado escote en uve. Hacía que sus piernas parecieran aún más largas y realzaba sus generosos pechos. Era uno de sus favoritos de toda la colección. Muy de chica Bond.

No se molestó en ponerse un pareo. Uno de sus lemas era estar orgullosa de lo que una tiene.

Eso es lo que intentaba reflejar en su perfil de Instagram.

No escondas tu cuerpo, exhíbelo. Todo el mundo es hermoso a su manera.

Abrió la puerta de la habitación contigua y se encontró a Viper en ropa interior.

Sin saber qué hacer, se quedó petrificada. —Mierda, lo siento.

«¡Muévete!», gritó la voz en su cabeza, pero no podía apartar los ojos de él.

Un pecho fornido con una pizca de vello oscuro sobre un intrincado tatuaje militar, brazos abultados y unos esculpidos abdominales de infarto que lucían una tableta de seis...

¿o de ocho? No estaba segura. Su mirada bajó más.

Unos calzoncillos ajustados abrazaban esos muslos potentes y debajo, tensando la tela y dejando poco a la imaginación, había un bulto impresionante.

Había que reconocerle el mérito: no jadeó ni buscó una toalla; simplemente se quedó allí, impasible.

—Lo siento, señora. Me ha cogido por sorpresa. No la esperaba.

Evidentemente.

Ella se aclaró la garganta. —Culpa mía. Bajaba a la piscina a nadar. Nos vemos allí. —Hizo amago de pasar a su lado, pero él extendió un brazo y le bloqueó el paso.

—Lo lamento, no puedo permitirlo, señora. Si me da un minuto, la acompañaré.

Ella hizo una pausa, tratando de no quedarse embobada.

Estaba tan cerca que podría haber estirado la mano y tocar ese brazo tenso y musculoso.

Por un momento de locura, se imaginó pasando las manos por él y sobre sus hombros fibrosos.

«¡Quieta, fiera!». ¿Qué demonios le pasaba? Normalmente no estaba tan... hormonal.

Girando sobre sus talones, dijo: —De acuerdo, esperaré en mi habitación.