Blackthorn Security – La Colección Completa Capítulo 31
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Capítulo 31

L ily se estaba volviendo loca poco a poco.

Llevaba una semana de vuelta y no habían sabido nada.

Pat había movido todos los hilos posibles. Había hablado con sus contactos en Kabul —tanto con los del nuevo gobierno como con los que seguían escondidos—, pero nadie sabía nada del antiguo jefe de escuadra de las Fuerzas Especiales.

—Es como si se lo hubiera tragado la tierra.

—Están entrenados para eso —le dijo Pat—. Si está huyendo, mantendrá un perfil bajo. Pasará desapercibido.

—¿Pero durante tanto tiempo?

—Las cosas están complicadas ahí fuera, ya lo sabes.

Vaya si lo sabía. Escapar no sería fácil, ni siquiera con la ayuda de Stitch.

El hombre del Departamento de Defensa había vuelto a aparecer. Se habían sentado a la mesa del comedor de Pat mientras ella le contaba todo lo sucedido, empezando por el rescate de Blade en la red de cuevas de las montañas.

—Nosotros no autorizamos ninguna evacuación militar —había espetado el hombre.

Pat se aclaró la garganta. —No, pero su jefe sí. De manera extraoficial.

El hombre del DoD no volvió a mencionarlo. —¿Cómo pasaron el control?

Lily le contó que el guardia la había reconocido y que Blade le había disparado. Luego él se había rendido, lo que permitió que ella escapara.

—Un tipo valiente.

Pat emitió un gruñido de complicidad.

—¿Y quién la condujo?

—Alguien a quien él sobornó para que nos ayudara. —De ninguna manera iba a delatar a Stitch.

—¿Así que una pareja de la zona la llevó hasta Kabul?

—Así es, y, cuando llegué allí, llamé a Pat.

Pat tomó el relevo entonces, fue breve y no reveló ninguno de sus contactos. La mayoría de las personas con las que había tratado estaban escondidas y serían ejecutadas si los talibanes las descubrían.

La reunión terminó y Pat acompañó al hombre del DoD a la salida. Lily se alegró de que aquello hubiera acabado, aunque una parte de ella seguía en Afganistán con Blade.

* * *

Pasó otra semana. Lily se había comido todas las uñas. Incluso Pat andaba de un lado a otro con cara de pocos amigos y gesto desolado.

—Tiene que haber algo que podamos hacer.

Pat tensó la mandíbula. —Esos chicos saben qué hacer. Saldrán de esta.

Pero ella notaba por su tono que empezaba a temerse lo peor.

Quedarse en casa de Pat le recordaba a cuando su madre falleció y los padres de Joe la acogieron en su hogar.

Nada había cambiado demasiado. El mobiliario seguía siendo el mismo, aunque un poco más desgastado, pero las fotos de la repisa de la chimenea estaban exactamente como las recordaba.

Pat y su esposa el día de su boda. Joe de bebé. Una foto familiar en la playa. Joe con su uniforme del ejército. Se quedó mirando esa última durante un rato. Estaba tan atractivo, tan feliz.

Había muerto haciendo algo que le apasionaba, siendo la persona que siempre había querido ser. Al menos eso era algo.

Le sirvió a Pat una taza de café recién hecho y se la llevó al despacho. Parecía disfrutar de su compañía, y a ella no le importaba. Era mejor que estar sola, y aquel lugar guardaba recuerdos felices para ella.

—Gracias, Lily —le dedicó una sonrisa triste mientras ella dejaba la taza sobre el escritorio.

—¿Alguna novedad?

Él negó con la cabeza.

Habían pasado las noches hablando sobre la situación en Oriente Medio, sobre el papel de las fuerzas armadas, sobre su época en los Navy SEAL. A él lo habían capturado una vez y había logrado escapar, así que no se hacía ilusiones sobre lo que Blade podría estar pasando.

—Tardé un mes en escapar —le dijo con la mirada cargada de experiencia—. Solo queda aguantar y esperar lo mejor.

Más fácil de decir que de hacer.

Incluso después de dos semanas, Lily no estaba segura de a qué se dedicaba Pat exactamente.

Entraba y salía, a veces volaba a D. C. para reuniones, otras veces pasaba largas horas en su estudio atendiendo llamadas telefónicas secretas.

De vez en cuando venían a visitarlo hombres trajeados, pero nunca se quedaban mucho tiempo.

Pat era un enigma.

Una tarde, estaban sentados juntos en el jardín, como ya se había convertido en costumbre. Lily revisaba internet en su portátil, buscando cualquier noticia sobre un soldado estadounidense capturado, mientras Pat leía el periódico.

—Sabes, Lily…

Ella levantó la vista.

—… cabe la posibilidad de que no lleguemos a saberlo nunca.

Un escalofrío la recorrió. No quería admitir que quizá él no regresara. Habían pasado tres semanas sin noticias. Interminables para ella, pero no tanto para un boina verde que hubiera escapado y estuviera escondido.

—No —sacudió la cabeza.

Él dejó el periódico. —Cariño, a veces no se vuelve a casa.

Como un hierro al rojo vivo, esas palabras se le clavaron en el corazón. No podía soportarlo. No podía permitirse pensar así.

—No digas eso —susurró con voz ronca.

Pat la estudió. —¿Te importa mucho, verdad?

Lily vaciló. ¿Cómo podía decírselo?

¿Le molestaría que hubiera pasado página tras la muerte de su hijo? ¿Que se hubiera enamorado del mejor amigo de Joe?

Él señaló el portátil con la cabeza. —Apenas te separas de ese aparato, das un salto cada vez que suena el teléfono y eres la primera que sale fuera cuando aparca un coche. Los dos estamos desesperados por recibir información, pero me da la impresión de que para ti esto es algo más profundo.

Un sollozo se le escapó. —Sacrificó su vida por la mía. —No podía sostenerle la mirada—. Pensé que era porque me había rescatado, que era solo un capricho y que pasaría, pero… —Sorbió por la nariz—. No soporto la idea de una vida sin él.

Él alargó la mano y le apretó la suya. —Lo entiendo. Fue una situación muy intensa.

—¿De verdad? —Los ojos se le llenaron de lágrimas.

—Claro que sí. Blade es un gran tipo. Entiendo por qué sientes algo por él.

—Pero me siento tan culpable… —Respiró de forma entrecortada—. ¿Qué hay de Joe?

—Joe lo entendería —dijo él. La tristeza asomó a sus ojos.

—¿Tú crees? —Ella negó con la cabeza.

—Sabes que sí. Él querría que fueras feliz.

Ella cerró el portátil. —Sabes que nunca olvidaré lo que tú y Val hicisteis por mí.

—Eres como una hija para mí, Lily. —Su voz sonó bronca, algo muy impropio en Pat.

Ella se levantó y lo abrazó. —Gracias por todo.

—Solo desearía que las cosas hubieran sido distintas. Me siento responsable de haberlo enviado allí.

—No es culpa tuya —susurró ella—. No era culpa de nadie. Dios, ¿por qué tenía que decir eso tantas veces?

—Si te sirve de consuelo, es un tío duro de pelar y, con Stitch ayudándole, hay muchas probabilidades de que consigan salir vivos.

Lily sabía que lo decía para que se sintiera mejor, pero rezó para que tuviera razón.