Capítulo 26
— L o van a matar —sollozó Lily entre lágrimas.
Blade avanzó por el puente, desarmado y con las manos en alto. En cuestión de segundos se vio rodeado por personal de seguridad; nueve letales fusiles de asalto le apuntaban a la cabeza.
—Todavía no —dijo Stitch sombríamente—. Primero querrán saber qué trama.
Empujaron a Blade de bruces contra la tierra. Uno de los guardias le puso el pie sobre la cabeza. Le tiraron de las manos hacia la espalda para esposarlo.
—Oh, Dios. —Lily no podía respirar.
Esto no podía estar pasando.
Dos hombres agarraron a Blade bruscamente por los brazos, lo pusieron en pie y se lo llevaron a rastras.
—Debería haber imaginado que haría esto. —Stitch golpeó el volante con la mano.
—¿Quieres decir que lo tenía planeado ? —Lily se volvió hacia él—. ¿Pero por qué? ¿Por qué se ha entregado de esa manera?
—Para salvarte la vida —la voz de Stitch sonaba tensa y rota—.
Y la mía. Ese guardia sabía quién eras. Si Blade hubiera intentado huir, lo habrían cosido a tiros en segundos, y a mí también, porque le habría cubierto.
No habría quedado nadie para ponerte a salvo.
El bastardo sabía que esta era la única opción.
Lily jadeó. Su Land Rover estaba rodeado de guardias con rostros furiosos y los fusiles desenfundados. Todavía le daba vueltas la cabeza por lo que acababa de ocurrir.
—¡Dios mío!
Stitch mantuvo las manos en alto. —Deja que me encargue yo.
Uno de los guardias abrió la puerta de un tirón.
Lily mantuvo la vista baja, esperando que no se dieran cuenta de las lágrimas que le surcaban el rostro.
Todo había salido terriblemente mal. Blade se había sacrificado por ella y por Stitch.
Hombre cabezota y testarudo.
Aquel bastardo calculador lo había planeado. Por eso había estado tan distraído durante el trayecto.
El guardia hizo un gesto a Stitch para que bajara del vehículo. Él obedeció, con las manos en alto. Ella se quedó en el Land Rover, con un guardia junto a su ventanilla.
Lily miró hacia arriba por debajo de las pestañas. Ya ni siquiera alcanzaba a ver a Blade. Se lo habían llevado al interior de la caseta.
Stitch había dicho que no lo matarían, al menos no sin interrogarlo primero. Pero había matado a uno de sus soldados, así que no se andarían con chiquitas. Spade le había contado lo que podía pasar si capturaban a un soldado de las Fuerzas Especiales.
Cerró los ojos con fuerza, intentando bloquear el millón de pensamientos aterradores que le pasaban por la cabeza.
La voz de Stitch interrumpió sus pensamientos. Al mirar de reojo, lo vio gesticulando hacia la carretera por la que habían venido. Estaba representando su historia de tapadera.
Aquel soldado estadounidense los había obligado a detenerse, los había encañonado y los había forzado a conducir a través del control. Su arma todavía estaba detrás, ¿veis?
El soldado abrió la puerta trasera y recuperó el arma de Blade.
Afortunadamente, no registraron el resto del coche.
Otro guardia se asomó por la ventanilla del copiloto para mirarla, pero ella mantuvo la cabeza gacha, tal como le había dicho Stitch.
Por favor , que no la reconozca.
No lo hizo.
Unos minutos después, el guardia hizo un gesto a Stitch para que volviera al coche y les indicó que prosiguieran su camino.
Lily se sintió débil por el alivio.
Se lo habían tragado.
Stitch condujo lenta y cautelosamente sobre el puente. Una vez que hubieron dejado atrás el control, Lily se encaró con él.
—¿Qué va a ser de él?
—Lo interrogarán. Descubrirán por qué está aquí.
Lo torturarán, más bien.
—Stitch, por favor. No podemos dejarlo aquí.
—Blade es un superviviente. Si alguien puede salir de esta, es él. —Por la frialdad de su voz, ella supo que no lo decía en serio. Solo intentaba darle esperanzas.
—Sabes tan bien como yo que lo van a matar. Después de lo que hizo... —Señaló hacia el puente con un gesto.
Stitch se mantuvo en silencio.
—Para el coche. No me voy sin Blade. —Puso la mano en la manilla de la puerta.
Stitch miró por el retrovisor y se echó a un lado. El Land Rover frenó en seco con un chirrido de neumáticos, levantando una nube de polvo. —Lily, escúchame. Blade ha hecho esto por ti. No voy a arriesgar tu vida volviendo a por él. Él no querría eso.
Lily lo miró fijamente. Estaba entumecida. Rota. Destrozada.
¿Blade estaba allí atrás, recibiendo una paliza de muerte, y se suponía que ella debía limitarse a marcharse?
La emoción la ahogó y rompió a llorar. No pudo evitarlo.
Blade se había sacrificado por ella. Había entregado su vida por la suya de forma voluntaria.
—¿Quién hace algo así? —lloraba tan fuerte que apenas podía hablar—. ¿Quién da la vida por una rehén a la que apenas conoce?
—Un boina verde —dijo Stitch con sencillez—. Solo está haciendo su trabajo.
Ella sacudió la cabeza, cegada por las lágrimas. —Lo matarán.
Stitch frunció el ceño y ella notó que se le habían puesto los nudillos blancos de tanto apretar el volante. —Está entrenado para resistir interrogatorios. Alargará esto. Les llevará un tiempo averiguar quién es exactamente.
—¿Crees que se darán cuenta de que él me rescató?
—Si lo hacen, le interrogarán sobre ti. Eso llevará tiempo. En cuanto descubran que estabas en el coche conmigo y que te dejaron marchar...
Vaciló. —Lanzarán una búsqueda para localizar el Land Rover.
—¿No sabrán que está a tu nombre?
—No soy tan estúpido.
Ella sollozó. —¿No pueden rastrear nada que te incrimine?
—No, Lily. Nos hemos asegurado de eso.
Se cubrió el rostro con las manos. Era demasiado. —Sé lo que van a hacerle —murmuró—. Spade me contó historias.
Stitch también lo sabía. Se le notaba en la forma en que apretaba la mandíbula.
Lily imaginó a Blade desnudo, recibiendo golpes hasta quedar semiconsciente. Lo visualizó encogido, con su cuerpo glorioso magullado y roto, los párpados hinchados y la sangre brotando de múltiples heridas.
—Creo que voy a vomitar.
—¿De verdad?
Ella asintió y abrió la puerta.
Stitch esperó, con el motor aún en marcha, mientras ella devolvía el contenido de su estómago. Incluso cuando hubo terminado, seguía teniendo arcadas.
—Lily, tenemos que irnos. Tenemos que poner distancia entre nosotros y el control.
Tenía razón. Sabía que tenía razón.
Lily asintió con adustez.
Stitch pisó el acelerador y el Land Rover rugió al meter la marcha. Aumentó la velocidad hasta que fueron a toda prisa por la carretera en dirección a Kabul.
Los kilómetros pasaban volando. Lily apenas se daba cuenta. Tenía la cabeza llena de pensamientos sobre Blade. De cómo la había abrazado. De cómo la había besado.
De cómo había dado su maldita vida por ella.
Stitch apenas habló, concentrado en la carretera. Veinte minutos después, entraron en la autopista de Kabul. No era lo bastante grande para ser una autopista; más bien era una carretera principal con mucho tráfico encajonado en dos carriles por sentido.
Stitch condujo un par de kilómetros hacia Kabul, luego maldijo entre dientes y se detuvo en lo que parecía una zona de descanso improvisada. Lo único que había allí era un pequeño puesto de fruta.
Lily se volvió hacia él. —¿Qué estamos haciendo?
—Espera aquí.
Salió del coche y se acercó al puesto. Un hombre y una mujer estaban ante el mostrador de fruta, seleccionando algunos productos frescos.
Lily observó cómo Stitch empezaba a hablar con ellos. ¿Qué demonios estaba haciendo? Abatida por el dolor, cansada y confundida, levantó las manos en un gesto de desesperación y se recostó en el asiento.
Ya no le importaba nada.
Quizá estuviera comprando suministros, aunque comer era lo último en lo que pensaba en ese momento.
Cuando él regresó al coche, ella abrió los ojos.
—¿Ya está?
—Tú vas a bajar aquí.
—¿Qué? —lo miró boquiabierta—. ¿Por qué?
—Voy a volver.
Ella jadeó y le rodeó el cuello con los brazos. —¡Gracias!
—Tranquila —la apartó con suavidad—. Esta pareja te llevará a Kabul. Probablemente sea más seguro que no te vean en el Land Rover, de todos modos.
Lily sonrió a través de sus lágrimas.
Le parecía bien. Más que bien.
Si eso significaba que Blade tenía una oportunidad.
—Cuando llegues a Kabul, llama a Pat. Él sabrá qué hacer.
—Lo haré. Gracias, Stitch.
—Buena suerte, Lily. —Hizo una pausa—. Y, por si vale de algo, creo que a Spade le habría hecho feliz veros terminar juntos.