Capítulo 19
L a había cagado.
Blade contemplaba el valle con semblante sombrío mientras Lily dormía a su lado.
Aquel beso.
Joder.
No había podido evitarlo. Llevaba mucho tiempo cociéndose esa pasión desenfrenada entre ellos. Finalmente, espoleado por su dulce súplica, se había dejado llevar.
Y la había hecho llorar.
Mierda. ¡Qué imbécil!
Y encima , había tenido la audacia de decirle que no podía seguir adelante. Que no podía hacerle eso a Spade. Que no podía traicionar la memoria de su amigo.
Maldita sea, si habían cruzado esa línea hacía días.
En el fondo, se preguntaba si esa era la verdadera razón por la que se había echado atrás. Quizá solo tenía miedo. Ver sus lágrimas, saber cuánto le había afectado..., lo había dejado conmocionado.
No, lo había dejado aterrorizado de mala manera.
Eso conllevaba un nivel de responsabilidad totalmente nuevo. Un nivel que superaba con creces su capacidad. Siempre había sido así. Por eso siempre mantenía las cosas superficiales. Divertidas. Sin compromisos.
Aquel deseo loco, caótico y absorbente que sentía cada vez que la besaba le resultaba tan ajeno que no lograba asimilarlo.
Un grito en algún lugar lejano, valle abajo, lo sacó de su estupor.
Había estado pensando en Lily cuando debería haber estado planeando su siguiente movimiento.
Una prueba más de por qué lo que fuera que estuviera pasando entre ellos era una mala idea.
Tenía que mantenerse alerta, mantener la cabeza fría si quería sacarla de allí.
En cuanto ella volviera a casa, las cosas regresarían a la normalidad. Se olvidaría de él y de esta pesadilla. La gente hacía eso con los traumas: los relegaba al fondo de la mente y fingía que no habían sucedido.
La mayoría de las veces.
Blade volvió a consultar el mapa. El río presentaba su punto más estrecho dos kilómetros al sur. Ese sería el mejor lugar para cruzar. Tal vez hubiera una balsa o un bote que pudiera robar para que Lily no tuviera que empaparse de nuevo.
No quería que se repitiera aquel episodio. Apretó la mandíbula, obligándose a desterrar el recuerdo de su piel suave contra la suya.
El problema de cruzar por allí, sin embargo, era que quedaban más expuestos a una emboscada.
El valle se estrechaba en ese punto, volviéndose más escarpado, con menos vegetación y menos lugares donde esconderse.
Los afloramientos rocosos en las empinadas laderas del valle también ofrecían una cobertura excelente para los francotiradores.
Escudriñó el mapa, siguiendo el curso del río.
Lo ideal sería dirigirse al sur otros diez kilómetros antes de cruzar, pero eso implicaría un tramo a nado más difícil y estaba mucho más lejos.
Pasar un día más aquí fuera sería un suicidio.
Quería que estuvieran en la carretera hacia Kabul al anochecer.
Usando su anteojo de alta precisión, recorrió la longitud del río, o al menos lo que alcanzaba a ver desde allí arriba, pero no detectó nada fuera de lo común. Trabajadores en los campos de amapolas, un par de botes amarrados junto a un muelle... nada que despertara sus sospechas.
Cuando el sol se hundió tras las colinas y el cielo se tornó de un azul índigo oscuro, despertó a Lily.
Ella abrió los ojos con un parpadeo. —Blade. Mmm... —se incorporó rápidamente—. ¿Está todo bien?
—Todo va bien —la tranquilizó él, con tono cortante. Se le encogió el corazón al ver la decepción en sus ojos. Maldita sea, se odiaba por esto. Por hacerle daño.
Pero era un profesional. Ella era la rehén y esto era una operación de rescate, no una escapada romántica. Tenía que mantenerse concentrado.
—¿Nos vamos?
Él asintió con rigidez. —Sí, deberíamos ponernos en marcha. Es el último esfuerzo hasta llegar a la carretera.
—De acuerdo.
Le dio un momento para recomponerse y luego la ayudó a ponerse la mochila. —¿Por qué Spade y tú nunca salíais con nosotros? —La pregunta lo sorprendió. No se había propuesto hacerla, pero llevaba tiempo dándole vueltas.
Ella vaciló. —Es complicado.
—¿Complicado en qué sentido?
Ella se estiró, perfilando sus curvas. —Mirando atrás, ahora parece ridículo, pero me daba miedo perderlo.
—¿A quién? ¿A Spade? Ni de broma. Estaba loco por ti.
—Lo sé —hizo una pausa, fijando en él sus grandes ojos marrones—. No era por él por quien me preocupaba. Era por ti.
Él frunció el ceño. —¿Por mí?
—Pensé que se le pegaría algo de ti.
Se quedó callado un buen rato y, cuando habló, su voz sonaba ronca. —¿Pensabas que yo era una mala influencia para Spade?
Lily contempló la oscuridad del valle. —¿Me culpas por ello? Estabas con una chica distinta cada vez que volvías a la ciudad. Joe me lo decía.
—Ya te expliqué eso —espetó él.
Ella levantó las manos en un gesto de rendición. —Ya lo sé. Me equivoqué, ¿vale? Lo admito. No te conocía entonces. Todo lo que veía era a un tipo atractivo y de hombros anchos, con la dentadura perfecta y una rubia colgada del brazo.
—No te tomaste el tiempo de conocerme —parpadeó—. Un momento. ¿Pensabas que era atractivo?
Ella se sonrojó. —Esa no es la cuestión. Hice una suposición y fue errónea. Lo siento.
Se le oprimió el pecho. —Todo este tiempo pensé que no eras más que una zorra estirada... —Se aclaró la garganta—. Que creías que eras demasiado buena para nosotros. Demasiado lista para que te vieran con gente como nosotros.
Ella jadeó. —No era nada de eso.
Él fijó la mirada en ella. —Ambos estábamos equivocados.
Ella no sonrió, pero había calidez en sus ojos. —Sí, lo estábamos.
* * *
Se pusieron en marcha y pisaron con cuidado sobre la grava suelta. Blade iba delante, más acostumbrado al terreno que ella. Lily le seguía de cerca, imitando sus pasos, entornando los ojos ante el suelo inestable que tenía delante.
El sendero, si es que se le podía llamar así, serpenteaba por la montaña siguiendo las curvas de nivel.
Después de que Lily resbalara un par de veces, Blade le cogió la mano.
Se había prometido a sí mismo que no habría contacto físico, pero no podía dejar que se despeñara. Un vínculo puramente profesional.
Esa era su versión de la historia y pensaba mantenerla.
Siguieron caminando; él la ayudaba en las partes más difíciles del descenso hasta que se detuvieron para beber agua.
—¿Sabes eso que has dicho de que pensabas que yo era una mala influencia para Joe? —Él tampoco pudo guardarse esa pregunta para sí mismo.
Ella levantó la vista, sorprendida. —¿Sí?
—Bueno, puede que te resulte extraño, pero en realidad era al revés.
—No lo entiendo. ¿Dices que Joe era una mala influencia para ti?
—Sí —tensó la mandíbula, inseguro de cómo proceder, pero ella debía saber la verdad sobre el hombre con el que había estado viviendo—.
Spade siempre era el que se desmadraba un poco cuando salíamos.
Era como si tuviera toda esa agresividad acumulada y no supiera qué hacer con ella.
Más de una vez tuve que sacarlo de una pelea o llevarlo a mi casa para que se le pasara la borrachera.
Lily lo miraba como si le hubieran salido cuernos o algo parecido. —¿Joe? ¿Mi Joe?
Blade asintió. —Decía que era porque quería soltarse el pelo, divertirse un poco, ¿sabes? Supongo que siempre se portaba tan bien en casa. Su padre esperaba mucho de él, y luego estabas tú... —Se mordió el labio.
Mierda, había hablado demasiado.
Pero todo era cierto. Spade se volvía un buscalíos cuando salían de copas.
Una vez le contó lo perfecta que era Lily y que intentar estar a la altura de ese estándar le impedía relajarse.
Decía que no podía ser el tipo despreocupado y malhablado de siempre cuando estaba con ella.
En aquel momento, Blade pensó que ella era la que tenía expectativas poco razonables, pero ¿qué sabía él?
Nunca había tenido una relación seria. Ahora empezaba a pensar que Spade se había impuesto esas expectativas a sí mismo.
—¿Qué pasaba conmigo? —Su voz era un susurro tenso.
—Spade te adoraba. Creo que quería ser el tipo de hombre que merecías y que se esforzó mucho por ser ese hombre.
—En otras palabras, no era él mismo.
Blade hizo una mueca. —Lo siento. No debería haber dicho nada.
Las lágrimas le asomaron a los ojos. —No tenía ni idea de que se sintiera así. Ojalá me lo hubiera dicho.
—Quizá no quería perderte.
Le tembló el labio. —No me habría perdido. Lo habríamos solucionado.
Blade no respondió.
No había nada de malo en querer ser un hombre mejor.
Se le apretó el pecho al verla contener las lágrimas, con el rostro pálido, demudado y decidido.
No, no había nada de malo en eso, en absoluto.
La pendiente fue disminuyendo gradualmente y la grava suelta empezó a intercalarse con parches de tierra compacta y vegetación escasa. Él le soltó la mano.
—Éramos muy jóvenes cuando empezamos. Joe fue mi primer novio. El único hombre con el que he estado.
Él inhaló profundamente mientras los recuerdos regresaban en tromba: los labios de ella en su cuello, sus cuerpos apretujados, su lengua en la boca de él.
—Cuesta creer que me ocultara su verdadero yo.
—Yo veía una faceta distinta, eso es todo —dijo Blade, deseando con todas sus fuerzas no haber abierto la boca—. En el campo de batalla, Spade era decidido, valiente y leal. Te cubría las espaldas, ¿sabes?
Ella asintió.
—De vuelta en casa, simplemente era Spade. Alborotador, de espíritu libre, siempre forzando los límites.
Lily sacudió la cabeza. —Ese parece un Joe completamente distinto al que yo conocí.
—Supongo que tenía muchas facetas en su personalidad, como todos nosotros.
Sus ojos reflejaban tristeza. Él deseaba abrazarla, besar su dolor para que desapareciera, pero no podía. No le correspondía a él cargar con eso.
—Supongo que sí. Ojalá hubiéramos tenido más tiempo.
—Spade era un buen tipo, un soldado excelente y mi mejor amigo. Eso es lo único que cuenta —dijo. La culpa lo atravesó y le hizo apretar las manos alrededor de su fusil.
Spade era mejor hombre que él.
No solo le había tirado los tejos a la chica de Spade, sino que además había hablado mal de su amigo fallecido delante de ella. Dios, era un capullo.
Simplemente no quería que Lily pensara que él era el culpable. Que él era la mala influencia. La opinión que ella tenía de él le importaba. Mucho.
Mucho más de lo que habría imaginado.
—¿Estabas con él cuando murió?
Él asintió con rigidez. —Sí. Falleció en mis brazos, allí mismo, en aquel paso de montaña.
Las lágrimas rodaron libremente por sus mejillas. —¿No sabía que murió en tus brazos? ¿Por qué no me lo habías dicho?
La energía se escapó de su cuerpo como si le hubiera alcanzado una bala. El recuerdo seguía siendo tan vívido, probablemente porque lo había reproducido muchísimas veces en su cabeza. No había vendaje para esa herida. Ross, ese corte profundo y abierto, nunca cicatrizaría.
—No lo sé. ¿Acaso cambia algo?
Su pecho se agitó. —Sí, lo cambia todo. Ayuda saber que no estuvo solo. Que tú estabas con él.
Al menos eso le aportaba consuelo.
—Fue entonces cuando me dijo que te dijera que te quería —dijo Blade con voz quebrada.
Ella se secó los ojos. —Yo también le quería.
El corazón de él se hizo un millón de pedazos.
Por eso nunca podrían estar juntos.