Capítulo 18
E ra una locura, ella lo sabía.
Sin embargo, lo hizo de todos modos.
Necesitaba esto. Lo necesitaba a él. Que le quitara a besos el miedo y el cansancio y la hiciera sentir segura de nuevo.
—Por Dios, Lily —gruñó él pasándose una mano por el pelo—. No podemos.
—¿Por qué no? —susurró ella recorriéndole la mandíbula con los labios.
Él gimió y cerró los ojos. —Spade te quería.
—Sé que me quería, y yo a él, pero esto no va de Spade. Esto va de ti y de mí. —Empezó a darle besitos en el cuello.
Blade se puso rígido, irradiando una tensión ardiente. —Pat me mataría si se enterara.
—No tiene por qué saberlo.
—Joder. —Él le sujetó la nuca y tiró de ella hacia sí, aplastando sus labios contra los de ella.
Lily jadeó, y el sonido fue engullido por la boca de él, que se abrió bajo la suya.
Su repentina aceptación hizo que el corazón de ella golpeara contra sus costillas.
Se acabaron las excusas. Él era todo pasión ardiente, un cuerpo duro como una roca y una lengua abrasadora.
Ella se entregó a su abrazo, mientras el animal que llevaba dentro la devoraba.
Había esperado un beso suave, como los de Spade, pero debería haberlo sabido mejor.
Blade no se parecía en nada a Spade. Él era pura pasión física y sexualidad salvaje.
¿Acaso aquel primer beso en la cabaña, cuando ella estaba medio dormida, no lo había demostrado?
Maldita sea.
Él deslizó las manos bajo el trasero de ella y la subió a su regazo. El espacio entre ambos desapareció. Con los sentidos a flor de piel, Lily reconoció que era un caos ardiente, húmedo y agitado. Un poco más de calor y entraría en combustión espontánea.
Había querido olvidar aquel lugar espantoso, con su gente violenta y su peligro siempre creciente.
Había deseado una distracción suave y agradable en los brazos de Blade.
Esperaba que fuera un desvío bienvenido.
Pero no esperaba esto . Estaba en llamas; el calor que él avivaba en su interior amenazaba con consumirla.
Él gruñó y la apretó contra sí. No había dónde ir, ni es que ella quisiera irse. Quería quedarse. Quería este beso. Lo quería a él .
El tiempo se distorsionó mientras ella sucumbía a sus deseos. Con el corazón acelerado, enredó los dedos en el pelo de él, atrayéndolo de algún modo aún más cerca, como si intentara fundirse en un solo ser.
El beso de Blade se hizo más profundo, una mezcla embriagadora de urgencia y anhelo que amenazaba con abrumarla por completo. Estaba perdida en la tormenta que era él , una tempestad de emoción y necesidad pura que nunca antes había experimentado.
Aquello borró la fealdad del incidente con el pastor de cabras.
Desterró su miedo a los hombres que los perseguían.
Lily olvidó qué momento era y dónde estaba para centrarse en con quién estaba.
Había terminado de luchar contra su atracción por este hombre.
Él la había afectado desde el día en que se conocieron y, en este momento, quería entregarse a ello.
Si esta experiencia le había enseñado algo, era que la vida era demasiado corta para contenerse.
Podía pasar cualquier cosa. Podrían no llegar a la carretera principal.
Podrían morir esta noche cruzando el río.
Había cien maneras en las que su vida podría terminar en este país.
No quería irse con ningún arrepentimiento.
Y lamentaría no saber cómo se sentiría esto. Lamentaría no haberlo conocido a él .
Temblando, se aferró a sus hombros anchos y poderosos.
Se estremeció al sentir cómo se movían bajo sus dedos.
Él la alzó más, y no había duda de lo rígido que estaba bajo ella.
Él también la deseaba, tanto como ella a él.
Darlo por hecho la espoleó. Cerró los ojos y se abandonó al torrente de emociones que recorría su cuerpo.
Era demasiado, aquel caos que hacía hervir la sangre. Temblando, fuera de control, las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas y un sollozo se le quedó atrapado en la garganta.
Blade se puso rígido y se apartó; sus ojos se llenaron de arrepentimiento de inmediato.
—Dios, Lily. Lo siento.
—No. —Ella sacudió la cabeza.
Él se movió, poniendo algo de espacio entre ellos. Ella se deslizó de su regazo, con los labios todavía latiendo por el sabor de él.
—Por favor, no te disculpes. Ha sido solo... —No encontraba las palabras. Nunca en su vida había experimentado tal nivel de deseo. El corazón le latía con fuerza, la piel le hormigueaba. Cada átomo de su cuerpo vibraba a una frecuencia que no podía controlar.
¿Cómo podía decirle que quería esto? ¿Que lo quería a él ?
Era todo tan abrumador.
Él desvió la mirada, con la mandíbula apretada, luchando con su propio torbellino interno.
—No pretendía ser tan brusco. Nunca te asustaría intencionadamente. —La culpa le arrugaba el entrecejo.
Lily alargó la mano, que le temblaba al tocarle la mejilla, guiando su mirada de nuevo hacia la suya.
—No me has asustado. Estaba abrumada, pero no por miedo. Por la intensidad de..., de todo. De nosotros. —Le sostuvo la mirada, suplicándole que lo comprendiera.
Durante un momento, se detuvieron en el tiempo y el mundo a su alrededor retrocedió a un segundo plano.
Los peligros potenciales de su situación, el riesgo de muerte que se cernía como un espectro sobre cada uno de sus movimientos, parecían momentáneamente insignificantes frente a la cruda honestidad de su conexión.
La expresión de Blade se suavizó y las duras líneas de tensión se relajaron al comprenderlo. Buscó su contacto, con movimientos vacilantes.
Ella le rodeó el cuello con los brazos y lo abrazó con fuerza.
—Lily —susurró él contra su cabello. La sostuvo durante un largo momento antes de soltarla lentamente—. Lo siento, yo...
Ella esperó a que dijera algo, pero no salieron más palabras. Al apartarse, vio la angustia en su expresión. Fue como si le hubieran lanzado un cubo de agua helada a la cara.
No había un nosotros . Ni ahora ni nunca.
Blade no le haría eso a Joe.
El corazón se le cayó ladera abajo y se hizo añicos contra las rocas del fondo.
—Lo sé.