Capítulo 16
—¿ P or qué nos vamos?
Lily correteó para no perder el paso de Blade.
—¿Qué está pasando?
—Te lo he dicho. He oído voces y he pensado que era mejor marcharnos. Nuestra posición allí ya no era segura.
Ella sacudió la cabeza para despejar la niebla mental. Diez minutos antes estaba en el séptimo cielo, y ahora volvían a atravesar el bosque con paso pesado, zigzagueando entre plantas diversas y tropezando con raíces ocultas.
Bueno, ella tropezaba. Él seguía en su línea de Rambo habitual.
—¿Has visto a alguien?
—Toma, cómete esto —le tendió Blade una barrita energética—. Debería darte fuerzas hasta que encuentre otro sitio donde acampar, entonces podrás comer de las raciones.
Ella cogió la barrita. Las raciones también le vendrían bien, ya que estaba famélica. Su última comida era un recuerdo lejano.
Blade le había advertido sobre la deshidratación, así que había estado bebiendo agua con regularidad. Llevaban suficiente entre los dos para aguantar tres días si tenían cuidado. Pero era consciente de que estaba bebiendo mucho más que Blade.
Lo observó cuando él se giró para asegurarse de que le seguía el ritmo. Pelo revuelto, expresión sombría, ojos atormentados subrayados por ojeras. La barba era un añadido interesante. Le hacía parecer mayor, más duro. Más arrebatador. —¿No has dormido, verdad?
—He montado guardia.
—¿Ahí es cuando los has visto? —No hacía mucho que lo conocía, pero sabía distinguir cuándo ocultaba algo.
Él asintió con un gesto seco.
—¿Talibanes?
—No lo sé. No me he quedado lo suficiente para averiguarlo.
—¿Entonces podría haber quedado en nada? ¿Un granjero o un pastor de cabras inofensivo?
—No era nada —la mandíbula de él sobresalió con terquedad—. Y aquí nadie es inofensivo.
—Entonces, sí los has visto.
—Llevaban armas, ¿vale? Los pastores de cabras no andan a hurtadillas armados con AK-47.
Aquello fue bastante definitivo. Lily se comió la barrita energética en silencio, preguntándose a qué distancia habían estado realmente. A juzgar por la tensión en esos hombros poderosos y su constante estado de alerta, debían de haber estado muy cerca.
Cuando terminó, arrugó el envoltorio, lo que le valió otra mirada de fastidio.
—Lo siento —susurró.
—Dámelo.
Se lo entregó y él se lo metió en el bolsillo para deshacerse de él más tarde. Sin evidencias. Sin pistas que dejar a su enemigo.
Caminaron en silencio, con Lily apenas logrando seguirle el paso. Blade dejó claro que no estaba permitido hablar, no ahora que estaban potencialmente rodeados por el enemigo.
Por ella, perfecto.
Él estaba de un humor de perros de todos modos, hosco y huraño. Los hombres armados le habían cabreado de verdad.
Una hora agotadora después, llegaron a un montón de piedras en ruinas que parecía haber sido algún tipo de vivienda en su día. La pared trasera se mantenía en pie a medias, pero la parte superior se había desplomado sobre el resto de los escombros.
—Espera aquí —le indicó Blade mientras daba una vuelta alrededor de las ruinas—.
Parece bastante seguro. La vegetación nos dará algo de cobertura extra.
—Señaló el follaje que lo rodeaba, que proporcionaba un camuflaje natural, aunque si alguien miraba de cerca, vería las rocas a través de los árboles.
Lily lo siguió hasta detrás del edificio y se sentó, o mejor dicho, se dejó caer con un largo suspiro. Su mochila la había desequilibrado y la había tirado al suelo. A veces, la gravedad era un asco.
—¿Estás bien? —preguntó él, arqueando una ceja.
—Sí —mantuvo un tono de voz ligero, aunque había aterrizado sobre un guijarro y le saldría un buen moratón más tarde. Esa era la menor de sus preocupaciones.
Seguían en el lado opuesto del río, lo que significaba que en algún momento tendrían que volver a cruzar, directos a territorio enemigo. No le apetecía nada. Parecía que, hacia dondequiera que se volvieran, el enemigo aguardaba.
Blade merodeaba como un depredador, con las venas del cuello abultadas. Parecía eléctrico, en tensión.
—¿Por qué no echas una cabezada?
Él la miró y sacudió la cabeza. —Estoy bien.
—No pareces estarlo.
Él se giró de golpe. —¿Qué quieres decir?
—Estás inquieto y tenso, y no has dormido nada desde ayer. No quiero que un zombi me proteja si nos atacan.
Ante su mirada sardónica, ella añadió:
—No te preocupes, te despertaré ante la menor señal de peligro.
Dio otra vuelta al edificio derruido, solo para estar seguro, luego regresó y se quitó la mochila de los hombros. Colocándola a su lado, se sentó con la correa del rifle aún alrededor del cuerpo y las manos sobre el arma.
—¿Vas a dormir abrazado al rifle?
—Sí —dijo con una mirada que delataba lo obvio—. El nivel de amenaza sigue siendo alto.
Ella se encogió de hombros. El lugar le parecía bastante desierto, pero ¿qué sabía ella?
—Dame una hora. —Se apoyó contra su mochila y cerró los ojos.
Unos segundos después, su respiración rítmica le indicó que se había dormido.
Abandonada a su suerte, Lily aprovechó la oportunidad para hacer sus necesidades, luego tomó una posición desde la que podía ver en todas direcciones, pero quedaba fuera de la línea de visión en caso de que alguien pasara por el claro.
El sol calentaba deliciosamente y ella alzó el rostro hacia él. ¡Qué diferentes eran las temperaturas diurnas de las nocturnas! Su ropa ya estaba completamente seca y el gélido episodio de hipotermia de las primeras horas de la mañana se desvanecía en el recuerdo.
Mientras Blade dormía, ella observaba a las pequeñas criaturas que correteaban entre las piedras, ajenas a la penuria de los occidentales que usaban su hogar como campamento improvisado.
Una ardilla, o algo parecido con una cola tupida, llevaba una nuez en la boca mientras cruzaba el claro rauda para meterse en una grieta.
Con curiosidad desapegada, escuchó el crujido de las hojas y a los animales que correteaban por el bosque a su alrededor. El sonido de la respiración pausada de Blade le recordó lo frágil que era su pequeña burbuja de seguridad y cómo, sin él, era increíblemente vulnerable.
Él se ocupaba de todo, incluida ella. Puede que Blade fuera el mejor amigo de su difunto novio, pero ella no lo conocía de nada. No había querido conocerlo. Quizás si lo hubiera hecho, esto habría sido más fácil.
Quizás no habría esta loca tensión sexual entre ellos, o lo que fuera. Demasiado tarde para hacer algo al respecto ahora. Joe había muerto y parecía que ella no podía acercarse a Blade sin hacer el ridículo. La incomodidad sería su compañera constante hasta que terminara este calvario.
El día avanzaba y, al cabo de una hora —al menos ella creía que había pasado una hora—, se levantó para despertar a Blade. Al apoyarse de nuevo en el muro, un tintineo flotó en el aire seco. Se agachó a su lado y escuchó.
Ahí estaba otra vez. Definitivamente, era un cencerro.
Maldita sea.
Le dio un toque a Blade en el hombro.
Él abrió los ojos de golpe.
—¿Qué pasa?
—He oído algo. Un cencerro, creo.
Se puso de pie de un salto, con el rifle apoyado contra el hombro, y luego se movió sigilosamente hacia la esquina del muro de piedra. Lily, atónita por la rapidez con la que se había levantado, se quedó petrificada cuando el cencerro sonó de nuevo.
Ella le sostuvo la mirada, y lo que vio la asustó.
—Espera aquí —dijo Blade por segunda vez esa tarde, y desapareció tras la esquina.
Lily no movió ni un músculo. No respiró. No pestañeó.
¿Quién era? Los soldados no llevaban cencerros.
¿Un pastor? Se le erizó el vello de la nuca.
Entonces, Blade regresó con el ceño profundamente fruncido.
—Un pastor de cabras.
Lily soltó el aire, aliviada. ¿Qué tan peligroso podía ser un pastor de cabras?
Se oyeron pasos que se acercaban al montón de piedras.
—Agáchate —susurró él.
Ambos se agazaparon tras el muro.
Blade, con el rifle sobre el hombro, oteó por una grieta mientras Lily rezaba para que el pastor se marchara.
No lo hizo.
Silbando, el hombre se sentó en el muro y encendió un cigarrillo de liar que sacó de detrás de la oreja. Sin hacer ruido, Blade desenvainó su cuchillo.
Lily no podía creerlo. ¿Eso era sangre ?
Madre mía. ¿Era reciente ?
El rostro de Blade era una máscara sombría de determinación. Había tenido la misma expresión cuando disparó a esos dos hombres armados en el bosque.
Iba a matar a ese hombre. ¿Y por qué? ¿Por cuidar cabras? El pastor no tenía ni idea de que Blade estaba a menos de un metro detrás de él.
Lily miró el cuchillo alarmada.
Sacudió la cabeza violentamente, pero Blade la ignoró. Estaba totalmente concentrado en el hombre sentado en el muro. Un fuerte balido acompañó el repicar de cencerros. Un puñado de cabras flacuchas se reunieron alrededor del pastor, arrancando matojos de hierba de entre las grietas de las piedras.
Lily podía oler el humo del cigarrillo mientras permanecía acuclillada contra la pared, con la mirada clavada en Blade.
Él estaba inmóvil, agachado tras el muro, con el cuchillo reluciendo en su mano derecha.
El pastor de cabras se echó hacia atrás.
Lily supo que Blade iba a reaccionar. Con el corazón a mil por hora, le agarró el brazo y sacudió la cabeza con violencia. Gesticuló con los labios: «No».
Él la miró con furia y se soltó de un tirón, pero se detuvo. El pastor saltó del muro y fue a atender a sus cabras. Unos minutos después, se marchó, todavía silbando para sí.
Lily solo se relajó cuando el sonido de los cencerros se desvaneció en la distancia.