Blackthorn Security – La Colección Completa Capítulo 15
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Capítulo 15

B lade montó guardia mientras Lily dormía.

Se había quedado frita al instante. Para ser justos, habían luchado contra un río imponente, se habían quedado medio muertos de frío y luego habían caminado cerca de ocho kilómetros antes de detenerse, así que no era de extrañar que estuviera agotada.

Una vez más, su resistencia le había impresionado. Era fuerte. Sabía que su vista no era perfecta sin las gafas, lo que hacía que tropezara de vez en cuando, pero nunca se quejaba.

No alcanzaba a comprender cómo no se había fijado antes en Lily.

Aparte de aquel primer encuentro hacía diez años, no la había visto mucho.

Puede que nada en absoluto. Ella siempre se había mantenido al margen.

En muchas ocasiones le había propuesto a Spade irse de copas con los chicos al bar o hacer una escapada de fin de semana, pero él siempre se negaba.

Si estaba de permiso, estaba con Lily. Spade mantenía las dos partes de su vida separadas, y Blade respetaba eso.

Suponía que era porque no quería mezclar el trabajo con su relación.

Lo que hacían difícilmente servía como buen tema de conversación durante la cena.

La vida hogareña de un hombre era privada, su familia era sagrada.

Blade, por el contrario, prefería no tener familia, por todos los motivos que le había dado a Lily cuando estaban tumbados juntos.

Joe había descubierto cómo compaginar la vida familiar con las Fuerzas Especiales, pero Blade nunca lo hizo.

Ahora ya no lo necesitaría. Ya no había Fuerzas Especiales.

Ni unidad. Soltó un bufido y alzó la cara hacia el sol.

Los rayos se filtraban entre los árboles y convertían el frondoso valle en una sauna de vapor.

Pronto haría un calor sofocante y tendrían que beber agua con frecuencia para evitar la deshidratación. Sacudió la cabeza. Menudos extremos.

Un pensamiento aleatorio le vino a la cabeza. ¿Habría estado dispuesto a compaginar una relación y la unidad si se hubiera tratado de Lily?

Era una pregunta interesante. Últimamente, estaba pensando que tal vez no era que no pudiera gestionarlo, sino que no había encontrado a la chica adecuada.

Si hubiera tenido a alguien como Lily, con su mente aguda, sus curvas exuberantes, sus labios suaves...

Maldita sea, él tampoco habría querido despedirse por la mañana.

Por otra parte, ella no era el tipo de chica que liga con un soldado en un bar.

Suspiró y revisó el perímetro de su pequeño escondite. Nadie sabría siquiera que estaba allí. Era poco probable que su enemigo subiera a las colinas para buscarlos. Poco probable, pero no imposible.

En cuanto los talibanes se dieran cuenta de que no estaban en el lado oeste del río, lo cruzarían y vendrían hacia el este, buscando señales de que habían pasado por allí.

Dándoles caza. También confiarían en la información local, en los aldeanos y granjeros cuyas tierras habían estado cruzando.

Un soldado y una mujer no serían difíciles de localizar.

¿No te sientes solo?

Esa pregunta le había estado dando vueltas en la cabeza mientras marchaban hasta allí. Estos últimos diez meses habían sido los más solitarios de su vida. No solo estaba lidiando con el dolor de perder a su mejor amigo, sino que la culpa por la misión fallida lo estaba carcomiendo por dentro.

Había llenado las horas entrenando como un loco, pescando, dando largos paseos en moto, incluso emborrachándose. Cualquier cosa con tal de mitigar el dolor.

Ahora, por primera vez en mucho tiempo, había encontrado una apariencia de paz. Estar aquí fuera, rescatando a Lily, le había devuelto un propósito. Incluso si ella lo volvía loco con sus miradas sensuales, su actitud peculiar y su culo de curvas generosas.

Pensó en el saco de dormir y sacudió la cabeza. Nunca, y quería decir nunca , había deseado tanto a nadie. Solo de pensar en cómo encajaba ella contra él, se le hacía un nudo de calor intenso en el estómago.

Pero era algo más que una simple sensación física. Quería protegerla de los canallas que la querían muerta. Quería ahogarse en sus brazos y olvidarse del mundo. Fingir que nada de esto había pasado. Que solo estaban los dos.

Exhaló. ¿Qué demonios le estaba pasando?

Él nunca era así.

¿Sería eso lo que sentía Joe cuando volvía a casa de una misión, sabiendo que ella lo estaba esperando?

La imagen de Lily de pie en ropa interior bajo la plateada luz de la luna hizo que se le cortara la respiración. Que lo condenaran si no deseaba volver a hacerla gemir, como lo había hecho antes. Pero esta vez se aseguraría de que no se detuviera.

Un fuerte crujido hizo que se diera la vuelta bruscamente, pero no había nada.

Escuchó, con cuidado de no mover ni un músculo.

El más mínimo sonido, la rotura de una ramita, el susurro de una hoja, lo delataría.

En esta parte del bosque, las sombras escaseaban y la visibilidad era buena.

Un movimiento repentino atraería la atención.

Ahí estaba otra vez.

Pasos.

Los árboles y el follaje tenían una forma de distorsionar el sonido, por lo que era difícil precisar su ubicación exacta, pero creyó que eran dos. Dos voces distintas hablando en pastún. Descuidadas y desprevenidas, un sonido fuera de lugar entre la melodía natural del bosque.

En estas montañas había muchas comunidades rurales y tribus. Por supuesto, lo más probable era que fueran combatientes talibanes, o simpatizantes, pero también podrían ser granjeros locales que consideraran que lo mejor para sus intereses era ayudar en la búsqueda de dos occidentales huidos.

Lentamente, Blade se puso en pie, con el arma lista. La sujetaba con destreza experimentada, con el cañón apuntando al suelo de forma segura, pero preparado para ser usado en un instante. Su dedo descansaba junto al guardamonte, pero el seguro estaba quitado.

Estaba listo.

Avanzó centímetro a centímetro, con movimientos deliberados, manteniéndose en el follaje más denso. Ofrecía un camuflaje más pesado, pero también obstruía su visión.

Otro crujido, ahora más fuerte. El adversario se acercaba.

¡Ahí!

Tenía razón.

Dos hombres con turbantes y túnicas vaporosas fumando un cigarrillo. Se agachó y observó durante un rato, pensando que si seguían adelante, alejándose de su escondite, todo podría ir bien.

Lamentablemente —para ellos—, no lo hicieron.

Cuando se giraron, Blade notó un AK-47 colgando del hombro de uno de los hombres. Había estado oculto entre sus ropajes y se le había escapado a primera vista.

Su mente se despejó con un único pensamiento.

Neutralizar.

Blade se deslizó por la maleza, sin hacer ni un ruido, hasta que estuvo directamente detrás de los dos hombres. Podía acribillarlos allí mismo, en ese momento, pero el estruendo sería ensordecedor. Alertaría a cualquier otro que estuviera cerca de que algo había ocurrido.

Uno de los hombres tiró la colilla al suelo, le dijo algo a su amigo y desapareció tras un árbol para orinar. Blade vio cómo apoyaba su arma contra un tronco.

Gran error.

Con un movimiento fluido, desenvainó su cuchillo. Siempre lo había preferido como arma. Silencioso, eficiente, letal. Había sido su destreza con esa arma lo que le había valido su apodo en la unidad.

Con un movimiento rápido, se lanzó sobre su enemigo, una mano tapándole la boca para silenciar cualquier posible grito, la otra pasándole la hoja por la garganta en una acción rápida y misericordiosa.

El hombre soltó un ligero gorgoteo y luego se desplomó en el suelo. Blade sostuvo su peso para evitar cualquier ruido y luego volvió a fundirse con el bosque.

El segundo tipo fue fácil de localizar. Caminaba de un lado a otro, claramente agitado, con el arma al hombro, sin pensar en el ruido que estaba haciendo.

Llamó a su amigo, pero no obtuvo respuesta, así que, tras emitir un sonido de molestia, fue a buscarlo.

Blade lo siguió.

Antes de que el hombre llegara al cuerpo sin vida de su amigo, Blade se abalanzó. No hubo advertencia, no hubo preámbulo. Su cuchillo dio en el blanco con una precisión casi quirúrgica, rebanando carne y tendones con facilidad.

Esta vez, no hubo sonido. Ni siquiera un gorgoteo.

Blade dejó el cuerpo del segundo hombre junto a su camarada, luego echó algo de follaje sobre ellos para evitar que alguien los encontrara pronto. Enterró los dos rifles dentro de un arbusto denso y espinoso, donde era poco probable que los encontraran.

El bosque volvió a quedar en silencio.

Aun así, su posición se había visto comprometida. Alguien podría echar en falta a estos dos, y no quería que un grupo de búsqueda de combatientes peinara el bosque cerca de su escondite y el de Lily. Era hora de marcharse.

Regresó al campamento para despertarla.