Capítulo 12
B lade no vaciló. Abrió fuego y soltó una ráfaga de disparos corta y seca. Uno en la cabeza, otro en el pecho. El soldado cayó al suelo, con la expresión de sorpresa aún grabada en el rostro. Lily gritó y se tapó los oídos con las manos.
Los otros dos hombres se dieron la vuelta, pero Blade fue más rápido.
Abatió a uno con otro doble toque letal antes de que el combatiente lograra disparar.
El soldado restante abrió fuego, pero su ímpetu comprometió su puntería.
Las balas pasaron silbando sobre sus cabezas sin causar daño.
Antes de que pudiera controlar su arma, Blade se la arrebató de un disparo.
El arma cayó al suelo y le dejó las manos destrozadas y ensangrentadas.
El hombre no tuvo tiempo de asimilar el dolor antes de que Blade lo liquidara con otra ráfaga controlada.
Lily se quedó mirando a los tres hombres muertos, con la boca abierta y jadeando.
No había tiempo para consolarla ni para ayudarla a procesar aquello. No había tiempo para nada más que para moverse.
—¡Vamos! Tenemos que irnos. Los disparos habrán delatado nuestra posición.
Cogió la red y la metió de nuevo en su mochila con un movimiento practicado.
Ella no se movió, con la mirada aún fija en los cadáveres.
—¡Lily! Tenemos que irnos.
—Les has disparado —susurró ella con voz ronca.
—He tenido que hacerlo. Iban a matarnos.
Ahora, larguémonos de aquí antes de que sus compinches nos encuentren —la sacó de la zanja—.
Fue como guiar a un zombi, pero al menos dejó que él la condujera a través de la maleza y entre los árboles.
Estaba desesperado y decidido a poner distancia entre ellos y su comprometida posición.
—Iremos hacia el río —dijo Blade—. Si encontraban la forma de cruzarlo, al menos tendrían una oportunidad.
Estaba bastante seguro de que los combatientes talibanes no cruzarían el embravecido río, ya que muchos de ellos no sabían nadar.
Al menos no de inmediato. Esperarían hasta poder encontrar un bote.
Además, el enemigo tampoco esperaría que fuesen por allí. Era peligroso y estaba en la dirección opuesta a la que tenían que ir: Kabul. Los combatientes sabían que ese era su destino final, su única esperanza de sacar a Lily del país.
Blade corría ahora, tirando de Lily tras de sí. Su respiración era errática, pero le seguía el ritmo. Por un momento, él había pensado que se iba a desmoronar, pero de algún modo se había mantenido entera.
Recordó la cara de incredulidad de ella después de que él hubiera despachado al joven guardia talibán en la cueva.
Probablemente había sido el primero que veía.
Ahora presenciaba cómo acribillaban a tres hombres frente a ella en el bosque.
Era mucho que asimilar cuando no se estaba acostumbrada a ello.
Además, el estruendo de un arma disparándose tan cerca del oído era ensordecedor.
Tanto las traumáticas imágenes como el fuerte ruido contribuirían a que entrara en estado de shock.
Su rostro era una máscara de concentración, sus ojos brillaban con determinación. Blade no la conocía, no sabía qué la motivaba. No de verdad. Pero era más fuerte de lo que parecía.
Quería conocerla, conocer las respuestas a sus preguntas. El pensamiento le golpeó como una rama húmeda en la cara. Por primera vez en Dios sabía cuánto tiempo, realmente deseaba conocer a alguien. Y por algo más que una sola noche.
El problema era que ella era terreno prohibido. Una zona vetada.
Blade siguió adelante, sujetando con fuerza la mano de Lily, hasta que los árboles empezaron a ralear. En poco tiempo, estuvieron a cielo abierto. Aire fresco y frío con tintes de barro y limo. Él murmuró:
—Ya casi estamos.
La tierra era más blanda allí, y sus zapatos se hundían en el suelo fértil. Eso dificultaba la marcha, así que aminoró el paso por ella y le soltó la mano. Un mosaico de campos agrícolas se extendía entre ellos y el río, cada uno delimitado por un murete de piedra.
—Vamos —señaló con la cabeza una de las barreras—. La treparon y luego cruzaron sigilosamente el campo oscuro hasta la siguiente. El suave estruendo del agua que fluía le indicó que se acercaban al río.
Lily tropezó y él se giró para ayudarla, pero ella se había desplomado al otro lado del muro con un sollozo. El horror de lo que había visto se había asentado y su cuerpo se había bloqueado. Para ser sincero, le sorprendía que hubiesen llegado tan lejos antes de que apareciera el shock.
Se sentó a su lado y la rodeó con un brazo.
—Chist... No pasa nada. Estamos a salvo.
Al menos por un rato.
Probablemente ella intentaba recuperar la compostura, pero él reconoció los signos de que el horror estaba anulando el autocontrol. El pecho agitado, los ojos desorbitados y desenfocados... Su cerebro era incapaz de procesar lo que había visto.
No la culpaba. ¿Cómo podía procesar un nivel tan extremo de violencia? Era bastante difícil para los soldados, que estaban entrenados para ello de forma habitual. ¿Pero para los civiles?
Su respiración era jadeante y superficial, como si no pudiera recibir suficiente aire.
—Lily, mírame.
Sus ojos llenos de pánico se dirigieron hacia él, pero no se detuvieron. Estaba hiperventilando, en pleno ataque de ansiedad.
Tenía que conseguir que controlara la respiración.
Una distracción, eso era lo que necesitaba, pero allí fuera no había nada más que campos.
Así que hizo lo primero que se le pasó por la cabeza, intentando no pensar en las ramificaciones.
La besó.
Cuando capturó su boca con la suya, ella emitió un pequeño gemido de protesta e intentó apartarlo, pero él sostuvo su cabeza con firmeza, rodeándole la nuca con los dedos.
Tras unos rápidos latidos, sintió que ella se relajaba contra él.
La humedad en sus mejillas le indicó que estaba llorando lágrimas silenciosas de miedo y horror.
Era una mierda que estuviera allí fuera, huyendo por su vida.
No se merecía aquello.
No se merecía ver el nivel de muerte y destrucción que él había sembrado contra sus enemigos y que volvería a sembrar si surgía la necesidad.
Él no podía borrar las imágenes de su cerebro. Tendría que vivir con ello el resto de su vida. Todo lo que podía hacer era distraerla, controlar su ansiedad.
Mantuvo los labios presionados contra los suyos, con más suavidad ahora que ella no estaba tan tensa.
Ella cedió, abriendo la boca ante la presión de sus labios.
La lengua de él se deslizó contra la suya, y se sintió aliviado al notar que ella le correspondía.
Mantuvo el beso ligero, sin profundizar demasiado, no queriendo sobresaltarla más de lo que ya estaba.
Fue difícil, porque, maldita sea, sabía muy bien.
Y también se sentía bien. Su cuerpo era suave, con curvas deseables en todos los lugares adecuados.
Con un sollozo ahogado, ella le rodeó el cuello con las manos. Él liberó su boca y le dio espacio para llorar. Ella se aferró a él, con las lágrimas mojándole la cara, y se quedaron así sentados un momento. Antes de lo que él esperaba, ella dio un suspiro hondo y tembloroso, y recuperó el control.
Poco a poco, él se apartó. Sus ojos curiosos brillaban por las lágrimas, pero ya no estaban nublados por el shock, y su respiración parecía ser normal.
Puede que su enfoque hubiera sido poco ortodoxo, pero funcionó.
Lily se soltó de él y se hizo a un lado.
Él retiró el brazo de sus hombros para darle espacio, y le sorprendió descubrir que deseaba que siguiera allí.
—Lo siento, no era mi intención desmoronarme. Es solo que..., nunca había visto disparar a nadie antes de ayer, y ahora...
—Lo sé —asintió con rigidez—. Siento que hayas tenido que ver eso. No lo habría hecho si no hubiera sido necesario.
Ella asintió con reticencia.
—Sabía que ocurriría en algún momento, pero no pensé que me afectaría tanto.
—Siempre afecta la primera vez.
—¿Incluso a ti? —le miró fijamente, buscando consuelo.
—Incluso a mí. —Había dejado de pensar en su primera víctima hacía años, pero en su momento le afectó—. ¿Cómo no iba a hacerlo?
—Joe solía tener pesadillas —dijo ella después de un momento.
Blade frunció el ceño.
—¿Ah, sí?
Ella asintió con tristeza.
—Se despertaba gritando, empapado en sudor. Una vez, incluso intentó estrangularme mientras dormía. Pensó que yo era el enemigo. —Sus hombros se agitaron en un encogimiento desolado—. Pero luego se despertó y se dio cuenta de lo que estaba haciendo.
—Dios. —Blade estaba horrorizado—. ¿Por qué no dijo nada?
Spade no había mencionado que sufriera pesadillas o escenas retrospectivas. Su rendimiento en la unidad había sido estelar. Si había estado luchando contra el trastorno de estrés postraumático, se las había arreglado para mantenerlo oculto.
—No quería que lo echaran del pelotón.
Blade suspiró. Si lo hubieran sabido, habrían tenido que suspenderlo a la espera de una evaluación psicológica.
—Lo siento, Lily. No lo sabía.
Ella negó con la cabeza tristemente.
—No es culpa tuya. No se lo contó a nadie. Ni siquiera a su padre.
—Pat habría insistido en que buscara ayuda.
Ella sollozó.
—Exactamente.
* * *
—¿Estás lista para seguir? —preguntó Blade.
Lily asintió con cansancio, y luego su mirada se desvió a los labios de él.
Estaba recordando su beso, y no era la única. Había sido suave y tierno, completamente diferente a la primera vez, allá en la cabaña, cuando ella pensó que él era Joe.
—¿Blade?
Ahora no era el momento.
Además, no sabía qué decir. No sabía qué era esto que había entre ellos. Esa extraña atracción magnética que lo empujaba hacia ella como una polilla a la llama. Un cliché, pero era cierto. Pero la atracción no importaba. Ella no estaba disponible. Nunca lo estaría. Para él, al menos.
Tenía que dejar de pensar así.
El pensamiento le hizo hacer una mueca, casi como un dolor físico. ¿A qué venía todo aquello? Nunca se obsesionaba así con nadie. Y mucho menos durante una misión.
—Una vez que hayamos cruzado el río, podremos descansar un rato. Quizá dormir algo.
Ella asintió tensamente.