Blackthorn 36 Maven #3
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36 Maven #3

Creo ver luciérnagas revoloteando entre las sombras, pero me doy cuenta de que son brasas, ardiendo rojas en la espesa penumbra. Se agrupan alrededor de Ronan, girando alrededor de su cuerpo mientras otra ráfaga caliente de semen baña mi útero.

Vuelvo a alcanzar el clímax, esta vez con un grito tan fuerte que me desgarra la garganta.

Ronan se pone rígido, me embiste con su enorme polla dos veces más y luego echa la cabeza hacia atrás y grita hacia el cielo.

Me invade un calor abrasador. Me corta el aire apretándome la garganta mientras su semen me llena, brotando de donde estamos unidos para deslizarse por mis muslos y bajar por mi culo hasta gotear sobre el suelo, donde cae con un silbido humeante.

Sigo poseída por el orgasmo. Cuando Ronan levanta la cabeza, me palpita el clítoris y mis pezones están tan duros que me duelen.

En la luz roja y arremolinada de las brasas, veo el contorno de un enorme par de agujas puntiagudas y negras, que se retuercen hacia atrás desde su frente como cuernos de carnero.

En su espalda brota un enorme par de alas negras y correosas, tensas entre tendones puntiagudos.

Algunas pequeñas grietas en la membrana cicatrizada emiten volutas de humo, y las chispas revolotean cuando se mueven.

Cada monstruosa ala termina en largas garras negras.

Intento gritar de nuevo, pero no puedo. Me aprieta la garganta con demasiada fuerza, cortándome la voz.

En el exterior, comienzan a soplar vientos huracanados. La lluvia azota el techo del invernadero. A lo lejos, el rugido grave de un trueno retumba contra las colinas.

Ronan me da la vuelta y me pone boca abajo, luego me mete los dedos en la boca para mantenerme callada. Me separa los muslos, me acaricia el trasero y esparce su semen por todas partes, mientras sus dedos exploran con rudeza el tierno capullo de mi ano.

Cuando desliza dos dedos dentro de mí y comienza a moverlos en círculos, sé que me está preparando para que reciba su polla por ahí.

Chillo y me retuerzo presa del pánico. Su gutural gruñido de excitación resuena en mis oídos. Cuanto más me resisto, más se excita él. Por fin, cuando presiona el hinchado glande contra mi temblorosa entrada parece diez veces más grande.

Me posee por el culo con una brutal embestida y empieza a follarme mientras yo me atraganto con sus dedos.

Siento sus pesados testículos golpeando mi coño desnudo con cada movimiento de sus caderas, y las oleadas de placer se extienden por todo mi cuerpo, atenuando el dolor de mi ano dilatado.

Entonces, alcanza entre mis piernas y busca mi clítoris hinchado, que pellizca y acaricia hasta que noto que se acerca otro orgasmo, con el culo lleno de su polla y la boca de sus dedos.

Mis pezones duros rozan la fría y dura superficie de la mesa. Mientras clavo las uñas en la madera.

Un rayo ilumina el invernadero con un destello blanco, fugaz y brillante. El estruendo del trueno suena como un disparo.

La habitación gira, gira y gira como un tiovivo, difuminándose en sombras monstruosas que se estiran y se hinchan con chispas ardientes cuando el gruñido sobrenatural de su voz resuena en mis oídos y llena el espacio vacío que nos rodea con su terrible entonación.

—Mea es.

Vuelvo a tener un orgasmo, mi cuerpo se estremece sin poder evitarlo y algunas lágrimas calientes corren por mis mejillas.

—Mea es.

Los símbolos que rodean su muñeca brillan con una luz roja infernal, retorciéndose sutilmente sobre su piel como si estuvieran vivos.

—Mea es.

Me penetra con embestidas brutales, retirándose hasta la punta y volviendo a empujar con fuerza hasta el fondo. Sus gruñidos son cada vez más fuertes, y sé que se acerca al clímax.

—Mea es.

Mi coño palpita entre mis piernas como si tuviera su propio latido. Anhela que esta enorme polla lo llene de nuevo. Siento el sabor salado de mis lágrimas en los labios.

Sus caderas hacen que se mueva dentro de mí como un pistón, y no puedo hacer otra cosa que quedarme tumbada mientras me folla.

Se corre con una última y brutal embestida. Y al mismo tiempo, bajo el estruendo de un trueno, oigo el aullido de los lobos.

Su semen es un géiser caliente que brota dentro de mí en violentos chorros tan contundentes que no puedo contenerlo todo en mi interior. Se desliza por mis muslos abiertos, goteando por mis pantorrillas hasta besar mis tobillos.

Cuando sollozo, Ronan se retira de mi cuerpo, cae de rodillas entre mis piernas abiertas y comienza a lamer mi piel, limpiando todo su semen de mis muslos, piernas y trasero.

Desliza dos gruesos dedos dentro de mi coño, coloca su boca sobre mi dolorido ano y succiona el esperma de mi interior, haciendo ruidos lascivos de placer mientras traga una y otra vez, sorbiendo su propio semen con la lengua profundamente hundida en mi orificio para obtener hasta la última gota.

Es sucio, obsceno y perverso…, y me encanta.

Sollozando, escondo la cara contra la mesa mientras vuelvo a alcanzar el clímax.

—Mea es.

Como tengo un conocimiento moderado del latín debido a mi trabajo, sé lo que significan esas palabras: «Eres mía».

Es lo último que oigo antes de que un fuerte zumbido llene mis oídos y pierda el conocimiento.