31 Maven
Nerviosa, registro la habitación de mi madre en busca de pruebas como si fuera una técnica forense. Necesito algo que haga que mi cabeza deje de dar vueltas y me indique la dirección correcta.
Reviso todos los cajones por si tuvieran compartimentos secretos.
Levanto la alfombra y busco tablas sueltas en el suelo.
Miro debajo de la cama, registro el armario y reviso todos los bolsillos de todos los abrigos, vestidos y jerséis que aún cuelgan allí, cubiertos por una fina capa de polvo.
Miro detrás de los marcos de fotos y dentro de los armarios del baño.
Lo único interesante que encuentro está escrito a mano en una página rota de un cuaderno escondido entre dos libros en una estantería.
«Hervir a partes iguales belladona, cicuta, beleño, romero y acónito en aceite de diablo volador hasta que se reduzca para formar una pasta espesa. Mezclar con agua de luna llena y aplicar sobre la piel».
Es la receta de un ungüento, uno de los remedios caseros de las Blackthorn por los que los vecinos pagan tan bien.
Quizá para las hemorroides. O para el acné, las picaduras de insectos, las quemaduras solares, da igual.
Lo que importa es que mi madre no dejó ninguna pista sobre qué quería decir con «corregir un error», si es que quería decir algo.
Una vez arriba, en mi habitación, paso unos minutos dando vueltas de una pared a otra, repasando cada segundo de la extraña interacción con Ronan, y luego llamo a Cole Walker.
—Hola, señorita Blackthorn.
—¿Tiene un minuto?
—Claro. ¿Qué ha pasado?
—¿Recuerda todas esas personas desaparecidas en Solstice de las que me habló?
—Claro que sí. ¿Qué les pasa?
—Creo que Croft Pharmaceuticals está llevando a cabo ensayos ilegales en humanos con un medicamento experimental y secuestra personas para utilizarlas como conejillos de Indias.
Hace una pausa para asimilarlo y luego silba.
—Menuda acusación.
—Lo sé. Pero usted mismo me dijo que son unos sinvergüenzas.
—Hay una gran diferencia entre ser poco honestos y secuestrar a personas para someterlas a experimentos médicos. Ayúdeme a entenderlo. ¿Dónde se supone que se están llevando a cabo estas pruebas? ¿En el laboratorio de Boston?
—No. En un lugar más privado que ese. En un sitio donde nadie podría descubrir accidentalmente lo que está pasando.
—Vale, le sigo el juego. ¿Dónde?
—En el sótano del antiguo santuario familiar.
En la pausa que sigue, casi puedo oír cómo dan vueltas los engranajes de su cabeza. No estoy segura de si me está tomando en serio.
—De acuerdo —dice finalmente—. Retrocedamos un segundo. Empiece por el principio. Cuéntame todo lo que la ha llevado a esta conclusión.
Respiro hondo, ordeno mis pensamientos y luego le hablo sobre las tumbas vacías del Cementerio Pinecrest, el extraño comportamiento de Ronan en el santuario, el suicidio de su madre y las circunstancias de la muerte de mi propia madre en esa misma iglesia,
aunque ya habíamos hablado de eso cuando lo contraté.
Le menciono también los extraños estudios financiados por Croft Pharmaceuticals, del curioso comportamiento de los animales, de la aparición de la mariposa azul y de la enfermedad de Ronan, sobre la que se niega a dar más detalles.
Le explico todos los detalles que se me ocurren; solo me reservo lo de la falta de varones en el árbol genealógico de la familia Blackthorn.
Decidiré más adelante cómo lidiar con ese horror. Solo puedo manejar una cierta cantidad de cosas espantosas al día.
Por último, le menciono el grito que oí en el bosque.
El grito angustiado y primitivo que sonaba como si alguien estuviera siendo torturado.
—Entonces, ¿cree que hay una relación entre la enfermedad que mencionó Ronan y los estudios?
—Sí.
—Pero Ronan Croft es joven. Hace mucho tiempo que hay desaparecidos en esa zona.
—He pensado en eso. Y esta es la cuestión: su padre va en silla de ruedas desde que éramos adolescentes.
Nadie sabe por qué. Un día, dejó de caminar sin más.
Su abuelo se pegó un tiro a los treinta y cinco años.
No llegué a conocerlo, pero recuerdo que Ronan me habló de él y me dijo que estaba enfermo.
En aquel momento, pensé que se refería a una enfermedad mental, pero ahora creo que se refería a una enfermedad física con la que no quería vivir.
Y los dos tíos de Ronan bebían hasta morir antes de cumplir los cuarenta.
Como me dijo usted mismo cuando se enteró de las extrañas muertes de mis antepasadas, uno o dos son una coincidencia, pero cuando se trata de todo un árbol genealógico, entonces estás ante algo más.
—Respiro hondo e intento mantener la calma—.
La conclusión es que creo que quizá los Croft tienen un trastorno genético para el que están buscando una cura.
Sigue un largo y pensativo silencio.
—¿Le ha contado esto a alguien más? —dice Cole finalmente.
—No.
—Bien. No lo haga hasta que la vuelva a llamar.
—¿Qué va a hacer?
—Lo que mejor sé hacer. Investigar. Quédese junto al teléfono.
Cuelga, dejándome envuelta en una gran inquietud. Me paseo de un lado a otro de la habitación hasta que me vuelve a llamar unos veinte minutos más tarde.
—Hola.
—He encontrado algo interesante.
Por su tono, deduzco que por «interesante» se refiere a «sospechoso».
—¿Qué?
—Hace unos quince años se presentó un embargo preventivo por unos trabajos de reparación realizados en esa iglesia. Aunque se levantó la misma semana en que se denunció, lo que significa que o bien se presentó por error o se pagó inmediatamente.
—¿Reparaciones? El lugar está en ruinas. Se está desmoronando por completo.
—Según el documento, los trabajos se realizaron en el sótano.
Pienso en Ronan de pie en lo alto de las escaleras del santuario, advirtiéndome que me vaya, y se me eriza el vello de los brazos.
—¿De qué tipo de trabajos se trataba?
—No lo especifica, pero la empresa tiene un nombre muy interesante: Safari Large Exotic Animal Enclosures1.
Se me revuelve el estómago. Hay otra palabra para referirse a eso: jaulas.
En el sótano del santuario de los Croft hay jaulas. Jaulas grandes. Ese olor a almizcle y animal que percibí no provenía de los mapaches o los roedores que se habían instalado allí. Provenía de criaturas bípedas mucho más grandes.
Así que eso era lo que mi madre estaba corrigiendo la noche que fue a la iglesia. De alguna manera descubrió lo mismo que yo y fue allí para ayudar a los pobres infelices que estaban recluidos bajo tierra.
Pero Elijah Croft se aseguró de que no pudiera hacerlo.
Algo que Ronan seguramente ya sabe.
Me ha mentido. Una y otra vez, sobre todo. Cada palabra que salía de su boca era pura ficción, diseñada para que bajara la guardia y ganarse mi confianza.
«Pero ¿por qué molestarse en hacer todo eso? ¿Por sexo? Puede conseguirlo de cualquier mujer que quiera. Lo único que tenía que hacer era ignorarme cuando volví. En cambio, se propuso acercarse a mí…».
Hasta que una oleada de comprensión me golpea con tanta fuerza que es como un puñetazo en el estómago.
Bea comparte la mitad de sus genes.
No hay mejor conejillo de Indias.
No me quiere a mí, no la quiere a ella, lo que quiere es su ADN.
La voz de Cole irrumpe en mi estado de shock.
—Debemos tener cuidado con cómo procedemos a partir de ahora. No tenemos pruebas suficientes para conseguir una orden de registro. Déjeme investigar un poco más, hablar con algunas personas.
—No necesitamos hablar, necesitamos actuar.
—No podemos entrar allí a tiros, sin nada más que una corazonada y un embargo antiguo. Nos echarían de su propiedad y probablemente nos procesarán por allanamiento. O algo peor.
Sé a qué se refiere con «peor». Mi madre ya lo ha experimentado.
Mi mente retrocede unos pasos hasta algo que dijo hace un momento.
«No podemos entrar allí a tiros».
Me acerco a la cómoda, abro de un tirón el cajón superior y miro la pistola escondida entre mi ropa interior.
Cole tenía razón cuando me dijo que los Croft son dueños de los medios de comunicación, los políticos, de todos los que tienen poder, tanto abajo como arriba.
No es posible que consigamos una orden de registro.
Solo tendrían que hacer es una llamada telefónica para que desapareciera cualquier acusación.
A menos que haya pruebas irrefutables que puedan difundirse por todas partes, que fuera imposible ocultarlas.
—No pueden echarnos de su propiedad si no saben que estamos allí —me digo, decidida a llevar a cabo mi plan.
Necesito verlo con mis propios ojos. Necesito ver qué mató a mi madre.
Y necesito pruebas de que Ronan es el monstruo que sospecho que es para que mi corazón pueda olvidarlo de una vez por todas.
A juzgar por su tono irritado, Cole no está de acuerdo.
—Es imposible que no tengan toda la propiedad llena de cámaras. Probablemente haya todo tipo de sofisticados sistemas de vigilancia y control, tal vez incluso alarmas silenciosas. Podría encontrarse esposada en la parte trasera de un coche patrulla antes de que cuente hasta tres.
—Es un riesgo que tendré que correr.
—¿Está dispuesta también a arriesgar su vida? Porque si esa gente es tan despiadada como cree, tampoco dudarán en acabar con usted. ¡Podría desaparecer como todos los demás!
—Agradezco su preocupación. Gracias por todo lo que ha hecho por mí.
—¿Por qué me da la impresión de que está despidiéndome? —dice con cautela tras una pausa.
—Porque así es.
Su voz se vuelve más fuerte.
—Señorita Blackthorn, le recomiendo encarecidamente que no…
—Pero puede hacer una última cosa por mí —le interrumpo—. ¿Conoce a alguien de fiar en las fuerzas del orden?
Hace una pausa a regañadientes.
—Sí. Un tipo con el que fui a la academia hace mucho tiempo. Trabajamos juntos en algunos casos. Es de lo más fiable que hay. ¿Por qué lo pregunta?
—Porque no podemos confiar en los policías de aquí. No podemos fiarnos de nadie. Así que, si no tiene noticias mías mañana al mediodía, llame a su amigo.
—¿Y qué le digo?
—Todo lo que le he contado. —Respiro hondo para tranquilizarme—. Y que me encontrarán en el sótano del santuario de la familia Croft.
Cuelgo sin esperar para no sufrir la discusión que sé que vendrá, y silencio el timbre de mi teléfono. Cojo la pistola, la meto en la cintura de mis vaqueros, en la parte baja de la espalda, y tiro del dobladillo de mi jersey sobre la empuñadura para ocultarla.
Luego bajo las escaleras en silencio y salgo de puntillas por la puerta principal.
* * *
1. Recintos grandes para animales exóticos de safari. (N. de la T.)