30 Maven
Cuando regreso a casa, el sol ya se ha puesto y he agotado todas las posibilidades que se me ocurren sobre lo que Ronan estaba haciendo realmente en la iglesia.
No estaba rehabilitándola, eso es seguro.
Voy a la cocina a por un vaso de agua. A través de la ventana, veo el jardín. El zorro rojo y negro está sentado en el banco de hierro, bajo el bosquecillo de abedules, y me mira expectante, como si hubiera estado esperando allí a que yo regresara.
Cuando me suena el móvil, contesto distraídamente.
—¿Diga?
—Señorita Blackthorn, soy Robert, del Cementerio Pinecrest. Hablamos sobre la exhumación de la tumba de su madre, ¿recuerda? ¿Tiene un momento?
—Sí, claro. ¿En qué puedo ayudarle?
Se aclara la garganta nervioso y baja la voz.
—Podría buscarme problemas por esto, así que le agradecería que no mencionara a nadie que fui yo quien la avisó.
—Entiendo. Lo mantendré en secreto. ¿De qué se trata?
—La junta reguladora estatal se ha adelantado a lo que todos esperábamos en la investigación de la Funeraria Anderson.
Mi corazón se llena de esperanza.
—¿Y? ¿Han encontrado a mi abuela?
—Me temo que no, señorita Blackthorn. Pero tampoco han encontrado a nadie más.
Como no me da más detalles, me impaciento.
—No lo entiendo.
—Le comenté que habían empezado a exhumar tumbas como parte de la investigación. Primero comenzaron con las tumbas de aquellas personas cuyas familias habían presentado una denuncia formal e inspeccionaron esos restos.
—Me siento confundida. Acaba de decir que no encontraron a nadie. ¿Cómo pudieron inspeccionar los cuerpos si no había ninguno?
—Me temo que no he terminado. —Vacila un momento antes de continuar—. Quizá sea mejor que se siente para escuchar lo que tengo que decirle.
Cuando vuelve a vacilar, se me acaba la paciencia. Hay un límite a lo que una persona puede soportar en un día.
—Escuche, Robert, sé que no me conoces, pero por favor, hágame caso cuando le digo que, si no me cuenta exactamente lo que está pasando en los próximos cinco segundos, iré hasta ahí y haré que desee no haberse levantado de la cama esta mañana.
—Creo que va a querer venir aquí de todos modos, porque cuando he dicho que no han encontrado a nadie, me refería específicamente a la parcela de su familia. Ya se han exhumado ocho tumbas Blackthorn.
Me quedo impactada.
—¿Ocho?
—Sí. Y lamento tener que decirle esto, pero todos los ataúdes que se han abierto hasta el momento estaban vacíos. Incluido el de su madre.
Sin palabras, a través de la ventana de la cocina clavo los ojos en el zorro sentado en el banco del patio.
Él me devuelve la mirada sin pestañear, con sus ojos dorados brillando intensamente en la penumbra creciente.
Durante el resto de la noche, estoy absorta en mis pensamientos sobre Ronan y el inquietante misterio de las tumbas vacías. No les cuento a mis tías la información que me ha transmitido Robert, el trabajador del Cementerio Pinecrest, aunque no sé muy bien por qué.
Hay algo que se me escapa. Siento como si la clave para desvelar todos estos misterios estuviera justo delante de mis narices, pero no consiguiera verla.
Una vez que acuesto a Bea y vuelvo a mi habitación, escucho por fin el mensaje que me ha dejado Ezra en el buzón de voz.
«¿Has leído ya la edición de este mes de Scientific American? Si no es así, hay un artículo que te puede interesar. Página doce».
Sus palabras despiertan mi curiosidad, así que entro en mi cuenta online de la revista y voy a la página doce.
Allí encuentro un artículo que habla cómo el Instituto de Antropología Evolutiva ha llevado a cabo un estudio sobre los cromatóforos de las sepias, que les permiten cambiar de color y camuflarse para protegerse de los depredadores.
No tengo ni idea de por qué ha pensado que esto me puede interesar.
Llego al final del artículo y me siento cada vez más confundida al leer que el instituto también ha realizado un estudio sobre la capacidad cognitiva de los cuervos,
la secuenciación del ADN de un fósil de un dinosaurio que se extinguió hace más de setenta millones de años y las neuronas cerebrales de una especie de rana arbórea que puede modular su emisión de infrarrojos.
Por lo que yo sé, nada de esto tiene relación entre sí ni conmigo. Entonces veo el nombre de la empresa que financió los estudios.
«Croft Pharmaceuticals».
Vacilo, pues no sé si llamarle, teniendo en cuenta que le he dicho que no volveríamos a hablar, pero no entiendo por qué me ha enviado este artículo. Debería saber que no tengo ninguna conexión con los Croft, y en ninguna parte del artículo se menciona a Solstice.
Decido que vale la pena investigar y busco su número. Contesta al primer tono, con cautela.
—Hola. ¡Qué sorpresa!
—Lo sé. Espero pillarte en un buen momento. Si no, puedo volver a llamarte más tarde.
—No, está bien. ¿Qué pasa?
—Acabo de leer el artículo que me has enviado.
—Ah. —Hace una pausa—. ¿Y?
—Bueno, me preguntaba por qué lo has hecho.
—Por Croft Pharmaceuticals.
Frunzo el ceño.
—¿Qué les pasa?
—Son los que ofrecieron una suma desorbitada para acceder a nuestra colección de lepidópteros y estudiar cómo es que las mariposas pueden modificar los colores de las alas. ¿No te acuerdas?
—¿Fueron ellos?
—Sí.
Estoy tan sorprendida que solo puedo clavar los ojos en la pared con la boca abierta. Recuerdo la solicitud, ya que se debatió durante mucho tiempo en una reunión de personal antes de ser rechazada, pero no había llegado a saber que procedía de la empresa de Ronan.
El hámster dentro de mi cerebro salta sobre su pequeña rueda de plástico y comienza a correr.
«Te busqué, ¿sabes? Durante años, contraté a los mejores detectives privados para que te buscaran. Pero era como si hubieras desaparecido. Fuera de Solstice, Maven Blackthorn no existe».
Cuando me dijo eso, había supuesto que se lo había inventado, un halago tonto con el único objetivo de bajar mis defensas, pero ¿sabía Ronan que yo trabajaba en el museo? ¿Contaba conmigo para que su petición fuera aceptada?
Y si sabía que trabajaba allí…, ¿qué más sabía sobre mí?
«¿Es por eso por lo que siempre insiste tanto en ser el padre de Bea? ¿Hizo que me siguieran? Pero si es así, ¿por qué nunca se ha puesto en contacto conmigo? ¿Por qué se había inventado la historia de que había contratado una agencia de detectives privados que no encontraron nada?».
«¿Por qué inventar tantas mentiras?».
—Una vez dijiste que fuiste al colegio con su hijo. Ahora es el consejero delegado —dice Ezra, ante mi atónito silencio.
Me recompongo y me concentro en la conversación.
—Sí, lo sé. Pero no recuerdo haberte hablado nunca de él.
—Tuviste una pesadilla cuando Bea se quedó a dormir en casa de una amiga. Te despertaste gritando su nombre una y otra vez. Eso y algo sobre corregir un error, pero todo era muy confuso. Parecías aterrada. Tardé quince minutos en calmarte. ¿Te acuerdas?
«Corregir un error».
Se me pone la piel de gallina. Un escalofrío me baja por la espalda.
Cuando me quedo en silencio demasiado tiempo, perdida en mis pensamientos, Ezra carraspea y trata torpemente de retomar el hilo de la conversación.
—No puedo evitar preguntarme cuál es su objetivo con los estudios que están financiando.
Es extraño, ¿no crees? La respuesta más lógica es que están desarrollando algún medicamento nuevo basado en los resultados.
Si es así, estoy seguro de que podrían realizar pruebas con animales, pero dudo que obtuvieran la aprobación de la FDA para pasar a ensayos con humanos cualquier cosa que implique genes de dinosaurios.
Algo en las palabras «ensayos con humanos» abre una puerta oscura en mi cerebro.
Me hace pensar en la historia secreta de la Funeraria Anderson y el trasiego que ha tenido con los cadáveres.
Me hace pensar en todas las personas que han desaparecido en Solstice y que nunca han vuelto a aparecer.
Me hace pensar en las extrañas muertes accidentales de mis antepasadas. Me hace pensar en las tumbas vacías de Pinecrest.
Por último, me hace pensar en lo que dijo Cole Walker cuando lo contraté para investigar la desaparición de la abuela.
«Sea lo que sea lo que está pasando en ese pueblo, los Croft lo saben. Probablemente tengan algo que ver».
Con el pulso acelerado y la boca seca, considero la desagradable posibilidad de que tal vez Croft Pharmaceuticals no intentara obtener la aprobación del gobierno antes de comenzar los ensayos en humanos del nuevo medicamento que querían lanzar al mercado.
Quizá buscaban soluciones alternativas.
Y con todo su poder y toda su influencia, probablemente podrían lograrlo.
Mi corazón late tan rápido que me quedo sin aliento.
«¿Mi madre descubrió algo que no debía? ¿Por eso fue a la iglesia aquella noche nevada de diciembre? ¿Para enfrentarse a Elijah? ¿O estaba allí investigando y él la encontró?».
Es peligroso ser una espina incómoda en el costado de una corporación poderosa.
Y para silenciar a mi madre, para mantener la verdad oculta, para proteger algunos secretos muy oscuros… Quizá mis tías tengan razón. Tal vez la asesinaron.
Y es posible que el padre de mi hija sepa mucho más de lo que deja entrever.
—¿May? ¿Estás ahí?
—Sí, estoy aquí. Lo siento. Es que ahora mismo tengo muchas cosas en la cabeza.
—¿Alguna de esas cosas soy yo? —pregunta en voz baja, un momento después.
«Mierda».
—Es que…, er…, Creo que te debo una disculpa.
—Ya te has disculpado. ¿Por qué me has llamado realmente, May? ¿Hay algo que quieras decirme?
Agotada, suelto el aire y me paso la mano por la cara.
—Es complicado…
Espera un rato a ver si digo algo más y luego, generosamente, me deja salir del apuro.
—Escucha, si quieres volver a llamarme, aunque solo sea para saludar o algo así, me parece genial. No tenemos por qué hablar de nada personal. No me gustaría que lleguemos al punto de actuar como si nunca nos hubiéramos conocido, ¿vale?
—De acuerdo. Gracias, Ezra. Gracias por ser tan comprensivo.
—Cuando quieras. Buenas noches —dice en tono de alivio.
Colgamos. Me quedo sentada con la mente zumbando como una batidora a alta velocidad hasta que vuelvo al artículo y lo leo de nuevo, esta vez con más atención, y descubro un detalle más inquietante.
Además de lo anterior, se menciona un último estudio de investigación financiado por Croft Pharmaceuticals.
Se trataba de un estudio sobre la inusual capacidad de un animal para utilizar los campos magnéticos de la Tierra para localizar a sus presas y alinear sus asaltos de caza con el Polo Norte, de modo que aterrizan de cabeza sobre el objetivo deseado. Se denomina magnetorrecepción.
El animal objeto del estudio es el zorro rojo.
Mi mente se acelera a la velocidad de la luz.
¿Y si Croft Pharmaceuticals probó un fármaco experimental en la población animal de Solstice antes de pasar a los ensayos en humanos? Tal vez eso es lo que afectó a los cuervos y al zorro que veo para que actúen de una forma tan extraña.
¿O se trata de que hay muchos zorros salvajes corriendo por el pueblo con la química alterada?
¿Son animales de laboratorio que fueron liberados?
Si voy a cazar entre los árboles con prismáticos infrarrojos, ¿encontraré colonias de ranas brillantes?
¿Todos los conejos y ratas de Solstice tendrán ADN de dinosaurio?
Por último, aunque no por ello menos importante, ¿qué coño está pasando aquí, es una especie de Parque Jurásico?
Con el rugido del pulso retumbando en mi cabeza, recuerdo la mariposa azul que Q encontró el día del velatorio de la abuela, lo sorprendida que me quedé al verla aquí, tan lejos de su hogar en la selva tropical.
Cuando la junta de la empresa rechazó la solicitud de acceso a nuestra colección de lepidópteros, Croft Pharmaceuticals debió de buscar otra entidad con la que colaborar.
Todo se macla en una especie de enorme y aterradora experiencia IMAX, con imágenes de alta resolución y un sonido estremecedor.
Todos los sucesos extraños y todos los misterios inexplicables, todas las cuestiones enigmáticas que ha dicho Ronan, incluyendo la mentira descarada cuando le pregunté si su padre había matado a alguien, toman forma.
«¿Alguna vez has pensado que hay cosas que es mejor no saber?».
—No puede ser —susurro atónita—. Él no es perfecto, pero no es un monstruo.
Como réplica instantánea, mi cerebro me proporciona un fragmento de una conversación entre Cole Walker y yo. Estábamos hablando de todas las personas que desaparecieron misteriosamente en Solstice.
«—Dudo mucho que las autoridades de esa parte del estado permitieran que saliera a la luz una historia así.
—Se refiere a los Croft.
—¿A quién si no? Son los dueños de los medios de comunicación, de los políticos, de todos los que tienen poder. Lo último que querrían es que la mala publicidad que pudiera afectar al precio de las acciones.
—Entonces, ¿no hay nada que podamos hacer?
—Como le he dicho, me ha parecido interesante. Y una razón más para que usted tenga cuidado. No querrá convertirse en una estadística más, señorita».
Una estadística.
Quizá eso fue lo que llevó a la madre de Ronan a quitarse la vida. Descubrió algo tan impensable y malvado sobre su familia que no lo pudo soportar.
Mi mente da la vuelta a otra piedra oscura debajo de la que he estado evitando mirar.
Todos los bebés varones desaparecidos de la familia Blackthorn.
¿Alguien con el poder para hacerlo habrá borrado los registros de sus nacimientos?
¿Esos niños recién nacidos, no deseados en una familia tan desafiante, orgullosa de estar formada solo por mujeres, serían parte de un espantoso pacto entre dos familias para proporcionar dinero a cambio de conejillos de Indias?
Quizá ha sido así como las mujeres Blackthorn han sobrevivido a lo largo de los años.
No vendiendo tés y tinturas a los habitantes del pueblo, sino vendiendo sus hijos varones a Croft Pharmaceuticals.