Blackthorn 25 Ronan
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25 Ronan

En cuanto cuelgo el teléfono, llamo a mi padre.

Contesta con voz cansada.

—Hola, hijo. Qué sorpresa. ¿Estás en la oficina?

—Sí. Necesito preguntarte algo.

—¿Qué?

—¿Por qué Esme y Davina Blackthorn creen que estás involucrado en la muerte de Elspeth?

Estoy seguro de que ha pensado que se trataba de una pregunta relacionada con los negocios, pero como hace años que no le pido consejo sobre eso, debería haberlo imaginado. Tras una breve pausa, disimula su sorpresa intentando cambiar de tema.

—¿Quién sabe por qué piensan las mujeres? Todas son más misteriosas que el Triángulo de las Bermudas. ¿Cómo ha salido el informe de beneficios del tercer trimestre? ¿Seguimos por delante de la previsión anual?

—Que le den a la proyección anual. ¿Tuviste algo que ver con su muerte? Dime la verdad.

Baja la voz.

—Ahora no estoy solo. Podemos hablar de esto más tarde.

De fondo, oigo a Diana decir algo sobre un Bentley. Al parecer, mi querida madrastra quiere cambiar de coche.

—Vete a otra habitación. No voy a colgar hasta que me digas lo que necesito saber.

Suelta el aire con enfado. Pero, sabiendo lo persistente que soy, accede a regañadientes.

—Dame un minuto.

Oigo murmullos de fondo, probablemente esté disculpándose ante Diana. Luego se produce un silencio lleno de un zumbido mecánico y grave. Después vuelve a hablar, con cautela y mucho menos cansado que antes.

—¿Desde cuándo hablas con Esme y Davina?

—No lo hago.

—Entonces, ¿quién te lo ha dicho?

—Eso no importa. Volvamos a la pregunta.

No es fácil disuadirlo.

—¿Quién? ¿May? —insiste—. ¿Te la has encontrado por el pueblo? ¡Sabes que no debes acercarte a esa gatita salvaje! ¿Cuántas veces te he advertido de lo que es capaz de hacer?

Apretando los dientes, cuento hasta cinco antes de hablar.

—Tampoco fue Maven, y no es una maldita gata salvaje. Deja de desviar la atención. ¿Estuviste involucrado en la muerte de Elspeth Blackthorn o no?

Su silencio es gélido. Sin embargo, cuanto más tiempo paso sin hablar, más se va descongelando, hasta que suspira y cede.

—No —dice en voz baja—. No tuve nada que ver con eso. Nunca le habría hecho daño a Elspeth. Ella no era como el resto de su familia. Era diferente. Diferente a cualquier otra mujer que haya conocido.

Confuso, frunzo el ceño. Su voz suena casi tierna. Nunca suena tierno, ni siquiera cuando habla de dinero. Algo va mal.

Entonces lo comprendo.

¿Sentía algo por la madre de Maven?

Joder. ¿Sentían algo el uno por el otro?

Una pequeña y desagradable semilla de horror echa raíces en mi cerebro y brota. Si sentían algo el uno por el otro y consumaron ese sentimiento, Elspeth podría haberse quedado embarazada.

Lo que significa que Maven y yo podríamos ser parientes consanguíneos.

—¿Tú… tú y ella…? —balbuceo con la voz ronca mientras el corazón me late con fuerza.

—¿Qué?

—¿Te acostabas con ella?

—¡No voy a discutir esta tontería ni un momento más! —ruge.

Los dos estamos tan sorprendidos por su inusual arrebato que nos quedamos en silencio durante un rato.

—Por eso siempre me advertías que me alejara de Maven, ¿verdad?

—digo con calma, sorprendiéndonos a ambos—.

Por eso insistías tanto en que mantuviera la distancia, por eso decías todas esas cosas horribles y tratabas de hacerme odiarla.

Es tuya, ¿verdad? Maven Blackthorn es mitad Croft. Eres su maldito padre.

—Si vuelves a hablar de esto, para mí estarás muerto —replica secamente.

Después de eso, ninguno de los dos sabe qué decir, así que cuelgo sin añadir nada más.

SEGUNDA PARTE

El amor y otros monstruos

Los actos antinaturales engendran problemas antinaturales.

MACBETH