19 Maven
Empiezan suavemente, una voz inidentificable que atraviesa las paredes. Frunzo el ceño, me aparto las sábanas de la cara y escucho con más atención, pero no consigo distinguir ninguna palabra concreta, solo la cadencia de la voz y el tono, grave y monótono.
Una sensación de pavor y claustrofobia comienza a invadirme, como si las paredes y el techo se estuvieran cerrando sobre mí. El aire se siente denso y cargado de intenciones malévolas.
Vuelvo a taparme la cabeza con las mantas e intento bloquear el murmullo ininteligible, pero mi temor pronto da paso a la irritación.
Aparta las mantas y me levanto. Cruzo hasta la puerta, la abro y salgo al pasillo.
Los susurros se interrumpen de forma abrupta.
El pasillo está oscuro y en silencio. No se ve ninguna luz por debajo de las puertas, ningún ruido perturba el profundo y antinatural silencio.
Lo único que oigo es el latido de mi propio corazón.
Una gota de líquido caliente me cae sobre el empeine del pie descalzo. Algo me hace cosquillas en el labio superior.
Vuelvo al interior, entro en el baño y enciendo la luz. Mi reflejo en el espejo me muestra las rayas rojas que me corren por la barbilla.
¡Joder! Otra vez lo mismo.
Mojo una toalla con agua fría y la uso para limpiarme la sangre de la cara y la parte superior del pie. Luego me aprieto la nariz y me siento en el inodoro hasta que la hemorragia disminuye.
Los susurros no se reanudan. Los pasillos en penumbra de la mansión Blackthorn permanecen en el mismo silencio opresivo.
Me siento desequilibrada e incómoda, con una ligera fiebre. Aunque la luz está encendida, las paredes parecen absorberla, dejando la habitación en penumbra. De repente, es como si estuviera atrapada.
Tengo que salir de la casa.
Me visto lo más rápido que puedo, me pongo unos vaqueros y unas botas, y me enfundo un abrigo de lana gruesa. Me deslizo en silencio por las habitaciones oscuras y busco en la planta baja a ver si puedo encontrar el origen de los susurros, pero no hay nadie despierto.
Salgo por la puerta trasera, con la intención de pasear por el bosque para aclararme las ideas, pero después de dar unos pasos, me encuentro yendo en la dirección opuesta, rodeando el patio lateral hacia la verja.
Diez minutos más tarde, estoy delante de la puerta de Ronan.
Me quedo allí delante mucho tiempo, discutiendo conmigo misma y, en general, echándome un sermón. Finalmente, decido que solo hay una forma de quitarme el picor.
Rascarme.
Justo cuando estoy a punto de llamar, Ronan abre la puerta.
Lleva una toalla blanca de felpa envuelta alrededor de la cintura, nada más. Tiene el pelo mojado. Va descalzo. Está claro que acaba de salir de la ducha.
Este cabrón despiadado está magnífico.
—Has dicho que lamentabas cómo me trataste —digo sin más.
Me mira con unos ojos tan feroces que brillan.
—Sí.
Su voz es áspera. Está claro que le molesta que haya aparecido en su puerta en mitad de la noche. También es evidente que se está conteniendo para no agarrarme y arrastrarme al interior.
El hecho de haberlo pillado desprevenido me hace respirar un poco más tranquila. Es muy raro que yo tenga la sartén por el mango.
—Has dicho que me merecía algo mejor.
—Sí.
—Has dicho que te habías equivocado.
—Sí.
Suspiro profundamente.
—Entonces. Vale.
Me mira con intensidad, en toda su gloria semidesnuda, mientras se le mueve un músculo de la mandíbula.
—¿Qué significa eso? ¿Que aceptas que seamos amigos?
—Prefiero que me atropelle un autobús. Pero estoy dispuesta a follar por odio si tú también lo estás.
Sus ojos brillan todavía más. Se lame los labios.
—¿Y tu prometido? —gruñe.
Le lanzo una mirada asesina.
—Sabes que las Blackthorn no se comprometen. Tenía una relación, pero la rompí antes de venir aquí. ¿Alguna otra pregunta inteligente que quieras hacerme antes de que cambie de opinión?
Me agarra y me empuja hacia el interior, luego se apodera de mi boca y me besa con voracidad.
—Mañana volveremos a ser enemigos —le advierto separándome un poco—. Esto es solo algo puntual. ¿Entendido?
Ignorándome, se quita la toalla y la lanza a un lado. Esboza una sonrisa diabólica cuando me quedo boquiabierta ante su erección.
Me levanta en el aire, cierra la puerta con una patada y recorre el pasillo hacia su dormitorio.