17 Maven #2
—No lo estoy, pero en este caso no he tenido que hacerlo. La tecnología es increíble. Te llamo para saber cómo te sientes respecto al beso. —Su voz se apaga—. Porque me muero por volver a besarte. Ahora mismo, joder. Vuelve.
—No.
—Bien, iré yo a verte. ¿Dónde estás? —Me cubro los ojos con la mano y me encorvo sobre el escritorio, abrumada por todo—. No dices nada. ¿Sigues ahí?
—Sigo aquí. No me preguntes por qué. Y no hagas ningún comentario ingenioso.
—De acuerdo. —Hace una pausa—. Entonces, nos limitaremos a respirar el uno al otro durante un rato. Puedo conseguirlo.
—Tonterías. No puedes estar en silencio más de diez segundos seguidos.
—Solo contigo. Con todos las demás, soy del tipo callado y misterioso.
—Por favor… Te olvidas que ya te conocía cuando eras un adolescente y eras el chico más extrovertido de cualquier reunión. Podría considerársete un extrovertido con esteroides.
Se queda callado un momento. Cuando vuelve a hablar, su voz es áspera.
—La gente puede cambiar.
—No, no puede. Solo se vuelve mejor fingiendo. Y deja de intentar ablandarme. No confío en ti ni un ápice, y nunca lo haré.
—¿Cuándo te has vuelto tan cínica?
—Vaya, veamos… Quizá fue la misma semana en que murió mi madre, cuando descubrí que estaba embarazada y el imbécil con el que salía me dijo que abortara y me dio la espalda. Podría ser entonces. Es solo una suposición.
No dice nada durante tanto tiempo que creo que ha colgado. Pero entonces suelta el aire, y sé que sigue al otro lado de la línea.
Me siento triste por mí misma, porque me alegro de que siga ahí.
—Me equivoqué. Fui estúpido, cobarde y cometí un error garrafal.
Ahora lo sé. Lo que te hice…, lo que te dije…
, es imperdonable. No tengo excusa, salvo que era joven y estúpido.
Hay cosas que debería haberte contado, razones por las que…
—Hay una tensa pausa—. Si pudiera volver atrás, lo haría mejor.
Te merecías que te tratara mejor. Te lo merecías entonces y te lo mereces ahora.
Cierro los ojos, respiro lentamente y me concentro en liberar el nudo de dolor que tengo en el estómago.
—Bueno. Gracias. No sé qué más decir. Tengo que irme. Estoy en medio de una situación.
—¿Qué tipo de situación?
—Una situación familiar.
Su tono se vuelve más agudo. Con cada frase, su voz se hace más fuerte hasta que casi parece un ladrido.
—¿Tu abuela? ¿Has descubierto algo? ¿Qué está pasando? Cuéntamelo.
—Dios, relájate. Eres como un perro cuando no quiere soltar un hueso.
Me sorprende cuando da un giro completo y se ríe.
—¿Qué te hace tanta gracia?
—Tú. Hablemos del beso. ¿Te gustó tanto como a mí? Porque mi polla sigue dura como una roca.
La imagen de su erección sobresaliendo orgullosa de su cremallera desabrochada hace que me ponga roja.
—Te he dicho que tengo novio.
—Entonces, le has engañado al besarme. —Su tono se vuelve desafiante.
—Mierda. Er…, ss…í.
—Joder, Maven. Eres la peor mentirosa de la historia del mundo.
Pierdo los estribos.
—Lo siento, pero no tengo tiempo para volver a hablar de nuestro trágico romance muerto…
—No ha muerto.
—…porque estoy ocupada lidiando con mi ridícula vida…
—No sería ridícula si me dejaras volver a formar parte de ella.
—… y solo estaré en Solstice unos días…
—No si yo tengo algo que decir al respecto.
—…así que tendrás que disculparme porque voy a colgar ahora. Y no tienes nada que decir al respecto.
—Cerraré la estación de tren para que no puedas irte.
Abro la boca, pero la vuelvo a cerrar porque me ha dejado sin palabras.
—También cerraré todas las carreteras, si es necesario.
—Por favor, dime que estás bromeando.
—Dímelo tú, ya que parece que me tienes tan calado. ¿Crees que estoy bromeando?
—No puedes retenerme en este pueblo contra mi voluntad —respondo en tono seco.
—Es curioso… —Parece pensativo—. En realidad, sí que puedo. ¿Quieres saber por qué?
—No lo digas.
—Porque soy Ronan Croft, por eso.
Estoy furiosa, pero una parte delirante de mí también está impresionada por esta muestra de confianza en sí mismo. Lo llamaría arrogancia, pero no lo es. Es un simple hecho: él sabe que puede hacer lo que amenaza con hacer.
Por desgracia, yo también.
—Me marcharé atravesando el bosque.
—¿Con Bea? No sé por qué, pero lo dudo.
—Es increíble que pienses que no eres un villano. ¡Esto es un comportamiento de villano de manual!
—No soy yo quien está fingiendo que mi hija es hija de otra persona —responde con lentitud—. Eso sí que es ser una villana, ¿no crees?
Me enfado en silencio hasta que se me pasan las ganas de gritar.
—Retiro mi petición de ayuda con mi abuela. No quiero volver a saber nada de ti ni hablar contigo nunca más.
—Lo creería si no hubieras estado gimiendo en mi boca y frotándote desesperadamente contra mí hace menos de media hora.
Mis mejillas enrojecen.
—Disculpa. No me estaba restregando contra ti.
Su voz se convierte en un gruñido ronco.
—Cariño, hace años que no te follan como es debido, y los dos lo sabemos. Ahora deja de ser tan terca y vuelve aquí. Tenemos muchos asuntos pendientes que resolver.
Cuando cuelga, bloqueo su número. Luego me siento con los ojos cerrados, respirando profundamente, deseando no haber vuelto nunca a casa.
El pasado es un lugar oscuro y peligroso, lleno de demonios con rostros de amigos.