Bienvenidos a Whitefish (Bienvenidos a…1) 32
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Cuando Beau sacó el tupper de sandía y los dos tenedores del interior de su tote bag, Mini enarcó una ceja, haciéndose con uno para apuntar a su amigo con él.

—Creía que ibas a invitarme a lo que quisiera —dijo.

—Ya, bueno, mi economía está más precaria de lo que pensaba, así que come y calla —respondió con tono bromista.

Su amiga se quejaba por vicio, prueba de ello era que, incluso antes de haber podido acabar aquel comentario burlón, ya se había hecho con un pedazo de fruta y empezado a comer.

El día estaba tranquilo, una suave brisa los llevaba acompañando toda la mañana, el calor era soportable y la caricia de los rayos del sol se agradecía, pero había algo dentro del menor de los Sinclair que estaba alborotado.

Demasiadas cosas habían cambiado en poco tiempo.

El dinero, la universidad, Reece, ahora la pelea con su hermano…

Beau tomó aire por la nariz y, en un intento por encontrar algo capaz de calmar sus nervios, se metió un pedazo entero de sandía en la boca y empezó a masticar con una violencia que buscaba canalizar aquel revuelo .

—Mi hermana me ha contado lo de tu tío… —rompió Mini el silencio finalmente—. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Qué pasa con la universidad?

—Nada. Se acabó. Ayer solicité la anulación de mi matrícula —levantó los hombros—. No me lo puedo permitir. Incluso con el dinero de mi tío íbamos a ir pelados; imagina sin él.

—¿Y no hay una beca que puedas solicitar?

Beau negó.

—Solo cumplo los criterios necesarios para una y…

No. Solo nos ayudaría un poco, no voy a pedirle a Emmet que…

Era un sueño estúpido de todos modos. Cuando hablé con mi hermano de la universidad por primera vez, me dijo que Bellas Artes no parecía una buena opción de futuro.

Y en realidad tiene razón. Invertir tanto dinero para acabar en el paro…

—¿Tú eso de que has de estudiar algo que te guste y no algo que te haga rico no…?

El menor de los Sinclair rio con un toque sarcástico.

—Solo los ricos se pueden permitir eso, Mini.

No hubo discusión al respecto. Aunque los Halpert vivían ahora de forma más acomodada, eran una familia que venía del barro, de haber luchado por tener ese hogar y esa vida más tranquila de la que ahora disfrutaban.

Los padres de Mini siempre les habían inculcado, incluido a Beau, al que veían como un hijo, que el dinero es fugaz y que hay que ser sabio a la hora de gastarlo, así que ambos andaban a la par en aquel pensamiento.

Así que masticaron en silencio.

—¿Qué solo se pueden permitir los ricos?

La voz de Reece hizo que ambos echasen la cabeza hacia atrás.

Sentados a los pies de las gradas como se encontraban, pudieron dar con la hermosa visión que era el nieto de la señora Sargent.

Sonriente, con un conjunto navy blue y sin sus gafas de siempre, tenía los brazos cruzados y estaba sobre uno de los bancos, observándolos con atención.

El corazón de Beau dio un brinco. Dios, era tan guapo que parecía irreal.

—Escoger su futuro en base a lo que les gusta y no a lo que tiene sentido —dijo Mini.

Reece frunció el ceño, muestra de que no terminaba de comprender.

—El tío de Beau les ha jodido y ahora no va a ir a la universidad —añadió.

—Mini —la reprendió de inmediato.

Sí, había hablado con él de lo de su tío, pero no quería ir contando por ahí que sus sueños universitarios habían estallado. No, al menos, de ese modo. El deportista sacudió la cabeza, se movió hasta poder bajar de las gradas de un brinco y colocarse frente a ambos.

—¿Es que no hay otras universidades a las que puedas ir? Más cerca, más económicas… —insistió Reece.

—¿A estas alturas del verano? Lo dudo. Y aunque las hubiera… paso.

—¿Pasas? No puedes pasar, es tu futuro.

—Eso pienso yo también —añadió Mini, comiendo de nuevo—. A veces no se trata de elegir la opción perfecta, sino la que encaje lo suficiente con tu mundo.

Beau suspiró y se frotó la cara con una de las manos.

—¿Y si ninguna lo hace?

—Entonces eliges la que sea y te esfuerzas en que funcione —zanjó Reece.

El menor de los Sinclair gimoteó y se echó hacia delante. Su frente quedó contra sus rodillas flexionadas y sus ojos se cerraron con fuerza. Tan solo la sensación de su cabello siendo revuelto hizo que levantara la cabeza. Reece era el culpable de tal gesto.

—No seas quejica y fabrica tu nueva oportunidad, Sargent —dijo.

—¿Y eso cuándo lo hago? ¿En el trabajo o en tus entrenamientos? —respondió Beau, burlón, sin mayor pretensión que hacer chinchar a Reece—. ¿Me buscas tú la universidad?

El nieto de la señora Sargent rio y echó a andar, caminando de espaldas, todavía con la mirada puesta en ambos. Extendió sus brazos y levantó los hombros.

—¡Quién sabe! ¡Soy rico, tengo mucho tiempo libre! —exclamó.

Mini y Beau le mostraron el dedo corazón a la vez.

Acompañado del sonido encantador de su risa, Reece giró sobre sus propios pies y se adentró en el campo, yendo al encuentro del entrenador Hunt, que ya lo estaba esperando.

El menor de los Sinclair no pudo dejar de mirarlo.

Lo perfectas que se veían sus piernas con aquel conjunto, su sonrisa, la forma enérgica en la que estaba hablando…

Habría dado tantas cosas por haberle saludado con un beso.

Pero no podía. Lo habían dejado claro. Resultaba curiosa también la forma en la que el mundo se ralentizaba cuando lo miraba.

Estaba tan metido en sus pensamientos que hasta la voz de Mini lo sorprendió.

—Te dije que era majo.

Beau titubeó. A sus pensamientos dispersos les costó conectar.

—Reece —añadió Mini.

—¡Ah! Sí, es un encanto …

Beau nunca había sido amigo de morderse la lengua, cosa que le había traído muchos más problemas de los que desearía haber tenido, pero estaba más que dispuesto a ponerse un candado en los labios por Reece y por lo que tenían.

Sin embargo, demonios, costaba de narices no gritar a los cuatro vientos —y especialmente a Mini— que aquel hombre bebía los vientos por él. Había vivido el fin de semana más romántico de su existencia y tenía que guardarse todos los detalles para sí mismo. ¿No era eso la mayor injusticia posible?

Comió de nuevo, masticó unos segundos para poder así ordenar sus ideas.

—Te debo una explicación sobre… lo del sábado, mi hermano… —ambos amigos se miraron directamente—. Lo primero, siento que hayas tenido que mentir por mí. Sabes que no me gusta ponerte en esos compromisos.

—No pasa nada, sabes que no me importa cubrirte, aunque prefiero hacerlo cuando estoy segura de que estás bien y eso…

—Lo sé —suspiró—. Cuando volvimos de ver pisos, después de la conversación con mi tío, estaba de los nervios y… discutí con Emmet. Le dije algunas cosas que no sentía y me… Sabes que no gestiono bien las discusiones con mi hermano. Cuando nos peleamos, yo…

—Sales por patas —terminó Mini la frase.

—Exacto. El caso es que empecé a caminar hasta que me encontré con la fiesta de apertura del local del centro y…

¡no tenía dónde ir! ¡Necesitaba olvidar!

Así que empecé a beber y… —resopló, se frotó la cara con ambas manos—.

Sí, me encontré con Laramie… ¡No pasó nada!

Nada de lo que deba arrepentirme, al menos. Pero… conocí a otro chico .

Vale, técnicamente falso.

Pero no podía contar la verdad, aunque tampoco podía quedarse callado.

Mini dio un brinco, se acercó más a Beau y lo cogió con fuerza del brazo.

—¿Es alguien del pueblo? ¿Le conozco?

—No puedo decirte eso, todavía está en el armario y no voy a ser yo quien lo saque. Pero, para que te quedes más tranquila, no tiene novia, no está casado ni sigue en el armario por un rollo raro. Simplemente no se siente preparado —levantó los hombros.

—Creía que ya no querías eso. Hombres no disponibles…

—Pero por él pienso hacer una excepción.

Mira, sé que es… una locura, pero lo que siento cuando estoy con él, la forma en la que conectamos, es…

nuevo para mí. Y quiero sentirlo, vivirlo, ¿sabes?

El sábado fue el día más maravilloso en mucho tiempo.

Y no solo por el sexo… —arrugó la nariz—.

Bueno, el sexo es un factor muy a favor, pero…

—rio—. Es todo. Es… especial. Y repito, soy consciente de lo loco que suena, pero…

estoy siendo honesto con lo que siento —bamboleó la cabeza—.

Joder, me la he… jugado a pegarse una hostia por tíos que no merecían una mierda. Si me hostio con él… que así sea.

El menor de los Sinclair movió la cabeza; su mirada volvió a Reece, que corría bajo la atenta supervisión del entrenador Hunt.

Sí, estaba seguro de la decisión que había tomado.

Había detalles que no le había contado y que no contaría a nadie.

La fecha de caducidad de su relación, para empezar.

Pero daba igual, no había nada que pudiera escuchar en ese momento que cambiase su parecer .

Cuando notó el peso del mentón de Mini sobre su hombro, ladeó el rostro y besó su pelo, apoyando su cabeza contra la de ella.

—¿Puedo darte un consejo?

—Siempre.

—Fluye. Siento que, muchas veces, te has dado ese hostión del que hablas porque has pensado todo demasiado.

Intentas vivir varios pasos por delante del presente, Beau, y eso nunca funciona.

El futuro que imaginas nunca será tan terrible o maravilloso como el que de verdad te espera —Mini rodeó a su amigo con el brazo y lo achuchó un poco—.

Si tanto te gusta ese chico misterioso… permítete un poco de, en fin, misterio .

Beau rio y miró a Mini de reojo.

—¿Te vale si te prometo que lo intentaré?

—Te conozco, sé que es lo máximo que voy a conseguir de ti —respondió, burlona—. Oye… ¿y tiene nombre o…?

—¡No voy a darte un nombre!

—¡Es porque lo conozco!

—¡Vivimos en Whitefish! Aquí se conoce todo el mundo.

Ambos rieron.

— Vaaaaaaale … ¿Y una inicial? ¡Por favor!

Beau puso los ojos en blanco.

—«S» —dijo, en referencia al apellido de Reece. No pensaba darle su nombre.

—El señor «S» —bromeó, achuchándolo un poco más—. «S» de sexy, parecías tonto cuando te compramos.

—«S» de superdotado —levantó ambas cejas.

Mini suspiró.

—Deseo más que nada que te vaya bien, Beau. Ojalá encuentres al fin ese tío que…

—Lo sé —respondió, acariciando una de sus manos—. Y sabes que es mutuo —presionó los labios, dudó un instante, pero no pudo contenerse—. ¿Con Kurt…?

—He quedado con él después del entrenamiento.

No quería romper por teléfono. Le he estado dando muchas vueltas a lo que me dijiste la última vez que hablamos del tema.

Yo… he sido muy estúpida. Y no, no me digas que no ha sido así.

Cuando una persona es capaz de hablar de ese modo a otra, es imposible que sea buena persona y es…

de ser muy imbécil pensar que, como no ha sido malo conmigo, entonces es buena gente.

Mini bajó la cabeza, pero Beau no tardó en cogerle del mentón para hacer que sus miradas volvieran a encontrarse.

—Hey, ¿qué te parece si esta noche duermes en mi casa? Podemos hacer piñas coladas, mascarillas y hablar durante horas sobre lo imbéciles que son todos los tíos.

—¿No tienes planes con el señor «S»?

—Lo entenderá. Más le vale hacerlo. Al fin y al cabo, cualquiera que quiera estar conmigo tiene que entender lo importante que eres para mí.

Su amiga sonrió y asintió, recibiendo de inmediato un beso en la frente.

El mundo quedó en pausa durante un segundo. Abrazados, siendo acariciados por la brisa, con el sonido del silbato de Hunt de fondo. Muchos aman el invierno, el frío y el mal tiempo, pero Beau se quedaría a vivir en un instante así para siempre. Un dulce verano eterno.

—El miércoles es el cumpleaños de mi madre —dijo; de forma inconsciente, presionó una de las manos de Mini—. Y lo había olvidado por completo. Soy un hijo horrible…

—No digas eso …

—Pero es la verdad. No lo digo para que me consueles o me convenzas de lo contrario; merezco sentirme así —se mordió el labio inferior—.

Les estoy olvidando poco a poco. No recuerdo fechas importantes, sus voces hace tiempo que suenan difusas en mi cabeza…

Llegará un día en que solo serán una ausencia que duele. Lo bueno se habrá marchado.

—¿Qué hacéis normalmente en sus cumpleaños?

—Comer algo especial, a veces un pedazo de tarta en su honor…

—Quizás ese es el problema. El aniversario de su muerte es una fecha que jamás podréis ver que otra cosa que no sea tristeza, pero ¿sus cumpleaños?

Vuestros padres querrían que los celebraseis con ellos, que sean días especiales.

Deberías organizar algo especial para hacer con Emmet, que sea bonito, así nunca podrás olvidarlo —se acercó un poco más a él—.

También sería una buena forma de pedirle perdón.

Algo especial para hacer con Emmet.

Celebrar el cumpleaños de su madre de una forma diferente.

Sí, eso sonaba bien.