19 #2
—Le encanta, es un obseso de los Cavaliers. Desde que se enteró de que eres nieto de la señora Sargent, lleva dándole vueltas a cómo pedirte que le firmes una camiseta —rio .
Intercambiaron una mirada rápida. Una que Beau no fue capaz de apartar tras escuchar las siguientes palabras que Reece tenía para él.
—Me ha contado que te vas a la universidad…
Desconocía el motivo, pero que Reece supiera aquel detalle le hizo sentirse nervioso.
—Sí, me voy a Prairie Ridge, en Idaho. Quiero estudiar Bellas Artes.
—¿Te gusta dibujar? ¿Te van esas cosas?
Beau sonrió y bamboleó la cabeza.
—Me gusta dibujar, sí, pero lo mío es la cerámica. Hacerla, pintarla… ya sabes.
—Wow, va a resultar que nos dará el taller en el Cherry todo un experto.
El menor de los Sinclair sintió que se le sonrojaban las mejillas, así que, con prisa, se terminó de un bocado lo que quedaba de sandía para poder así contener la lengua.
—¿Y lo tienes todo listo? ¿Cuándo te vas?
—A primeros de septiembre. Y no, el tema del piso está siendo… —resopló—. De hecho, Lottie, la novia de mi hermano, dice de irnos el próximo fin de semana allí y buscar en persona. A ver si así es más fácil…
—Pero el próximo fin de semana tenemos partido…
Ambos se miraron.
—Lo sé.
—Encima vamos fuera, a Portia. El entrenador Hunt dice que es un lugar genial y que está cerca de… «El gallinero» o como sea que se llame el local al que iba de joven…
—Lo sé, se lo he dicho a ambos.
—Entonces, ¿no piensas venir?
Había algo en la voz de Reece, como un cierto deje de tristeza y decepción genuinas ante la noticia, que hizo que todo en el interior de Beau diera un vuelco.
Le gustaba pensar que le importaba de verdad, que por alguna razón que desconocía lo consideraba parte del equipo y quería que estuviera presente en sus victorias y derrotas.
—No sé, yo… mi hermano cree que deberías decidirlo tú. O el entrenador Hunt.
—Oh…
Reece apartó la mirada. Con la duda pintada en el rostro, cogió otro pedazo de sandía y le dio un buen bocado.
Beau se preguntó qué debía cruzar su cabeza, seguro que sentía que, teniendo en cuenta que ayudar con el equipo era un pago por lo sucedido con su coche, no era justo que decidiera cuándo iba a los partidos.
Una parte de sí mismo quiso escuchar cómo el nieto de la señora Sargent le pedía que fuese al partido, que le dijera que le gustaba tenerlo en el campo. Pero no quería pensar mucho en qué significaba aquel deseo; no era buena idea.
—Ve, claro. La universidad es lo más importante a fin de cuentas.
¿Era lógico sentirse decepcionado? No, pero no pudo evitarlo.
Maldito estúpido . Se esforzó en sonreír y asintió con rapidez.
—Gracias, sabía que lo entenderías.
—Pero no falles a los entrenos —Reece lo apuntó con el dedo.
Beau asintió.
El menor de los Sinclair devolvió la vista al frente. Alrededor de Emmet y de Artie se habían reunido varias personas. De hecho, el patriarca de los Halpert se encontraba en ese momento dando voces para organizar cómo repartir los cohetes y dónde iban a lanzarlos.
—Tendremos que acercarnos a por unos cohetes… —dijo Reece .
—¿Te has hecho a la idea de ir a tirarlos por fin? —preguntó Beau, divertido.
—No. Pero me da la sensación de que no voy a poder escapar… ¿o me equivoco?
De nuevo se miraron. El menor de los Sinclair negó. El nieto de la señora Sargent echó la cabeza hacia atrás y gimoteó quejumbroso, pero no hizo intento real de escaquearse. Beau extendió el brazo y le dio un suave empujón.
—¡Vamos! ¡Será divertido! Las luces de los cohetes sobre el lago son una pasada.
—No sé yo… Aunque… —Reece se inclinó para quedar más cerca de Beau—. Quizás si tiraramos los cohetes en el sitio más bonito de todo Whitefish…
Beau enarcó una ceja.
—¿Quieres ir a tirar cohetes al dichoso campo de rugby?
Reece levantó los hombros.
—Lo que digo es que, en fin, podríamos robar unos cuantos cohetes ahora que están distraídos e irnos a tirarlos sin rendir cuentas a nadie.
El menor de los Sinclair se cruzó de brazos y observó la escena ante sus ojos.
Los cohetes estaban repartidos en diferentes bolsas, mezclados según los tipos que habían comprado y la cantidad de gente que los quería, para que nadie pudiera quejarse de los que recibía y cuántos eran.
¿Y si se hacían con una bolsa para ellos solos?
Quizás alguien podía llegar a enfadarse pero, al mirar a Reece, descubrió que le daba igual.
Estar solo de nuevo con él también era tentador, pero ante la ausencia de sandía o de algo capaz de contenerle la lengua, Beau Sinclair hizo lo que se le daba mejor. Hablar de más .
—¿Por qué? ¿Por qué quieres ir a tirar cohetes conmigo, Sargent? —se arrepintió de aquellas palabras casi de inmediato pero, ante la incapacidad de retirarlas, no pudo más que mantener la postura y cruzarse de brazos.
Reece presionó los labios, bajó la mirada despacio.
—El otro día, contigo, fue de lo mejor que me lo he pasado en mucho tiempo.
Sus ojos se encontraron de nuevo. Ni aunque hubiera querido, el menor de los Sinclair habría sido capaz de decir nada. Así que sencillamente actuó. Con rapidez, le dio una palmada a Reece en el pecho.
—Corre —dijo, antes de hacer él lo mismo.
Con paso acelerado, ambos se acercaron al grupo de gente que discutía por cómo repartir los cohetes y, aprovechando que estaban demasiado centrados en ellos mismos, el nieto de la señora Sargent cogió una de las bolsas del suelo.
Una mirada rápida, un asentimiento y salieron corriendo rumbo al coche de Reece.