Bienvenidos a Whitefish (Bienvenidos a…1) 17 #2
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—¡Claro que lo quiere! Dios mío, hombres —Beau puso los ojos en blanco—.

Mira, no… esperaba que lo que me contaras fuera tan complicado y ahora entiendo incluso mejor que antes por qué estás, en fin, así .

Pero creo que, si has de aceptar que tu vida va a dar un vuelco, entonces que lo dé del todo.

Vida nueva, piso nuevo, gente nueva… Cuando nos tomamos los cambios con miedo es cuando parecen algo malo.

Sin embargo, si los aceptamos como vienen, podemos…

verles los matices —levantó los hombros.

—No quiero perder a Penny. La mayoría de mis recuerdos felices son a su lado.

—No vas a perderla. Solo va a tomar un papel diferente en tu vida, eso no es malo.

Aun cuando se había prometido no tocarlo de nuevo, Beau llevó su mano hasta la de Reece con la intención de devolverle ese confort que él le había regalado antes.

No tardó en sentirlo como un error, en convencerse de que debía apartarla cuanto antes.

Sin embargo, cuando el nieto de la señora Sargent giró el brazo para poder entrelazar los dedos, supo que aquel impulso valiente era el correcto.

—Quizás tengas razón…

—¡La tengo! Pero, joder, Sargent, estás cargando con unas piedras así de enormes —abrió el brazo libre todo lo que pudo—. No me extraña que estés… ¡Uf! Que le metieras un empujón al tipo ese fue lo de menos —rio.

—¿Viste lo del empujón?

Beau titubeó. Mierda , otra vez había hablado de más.

—Bueno… sí… ¡Pero de refilón! En plan… de pasada en un reel —mintió.

Reece bajó la cabeza, se acomodó mejor las gafas en el puente de la nariz.

—Llamó zorra a Penny —dijo, todavía sin mirarle.

Después sacudió la cabeza—. A la salida de un mal partido me hizo preguntas sobre el divorcio.

Yo no las respondí, pero él se tomó la conversación como…

de colegas, ¿sabes? Me dio un par de palmadas en la espalda y me dijo algo sobre que él también estaba divorciado y…

aseguró que en nada lo habría superado. Que en cuanto dejase de verla como mi mujer y aceptara quién era la zorra con la que me había casado estaría bien y…

me cabreé. Mucho. Se me fue de las manos.

—En el reel decía que te había hecho un comentario del partido…

—Lo sé, fue la historia que acordamos. Después de que todo pasara, mi agente y yo tuvimos una conversación con David, el periodista, y decidimos que esa iba a ser nuestra versión.

Él porque comprendió que lo dejaba mejor de cara al público una peleilla estúpida por un partido que un comentario así, yo porque no quiero que Penny escuche que alguien dice algo así de ella. No sabe nada del comentario.

—¿Por qué?

—Tú mismo lo has dicho antes, el mundo del deporte no es especialmente amable con ciertas personas.

¿Cómo crees que están tratando algunos fans a Penny?

Ya la culpan de mis fallos en el campo, lo que menos necesitan saber es que me metí en líos por defenderla.

No quiero que esos gilipollas se sientan con más motivos para molestarla.

El pulgar de Beau empezó a moverse lentamente, dibujando así el lateral de la mano de Reece.

La forma en la que trataba a su abuela, cómo cuidaba a Penny, cómo se había encargado de protegerlo a él del comentario de Kurt…

Era un hombre herido, uno al que el dolor lo llevaba a ser estúpido a veces, pero con un buen fondo.

Empático como era, el menor de los Sinclair deseó saber qué hacer para poder sanarle, para poner fin a aquello de la forma más rápida posible.

Pero no podía. Aquello no estaba en sus manos. Así que sencillamente lo acarició, esperando que estar ahí fuese suficiente.

—Vas a necesitar tiempo, pero llegará un día en el que todas estas cosas que ahora te hacen daño no serán nada más que ruido de fondo.

Volverás a ser feliz, a jugar en tu equipo, encontrarás a una persona con la que tener una relación como las que llamas perfectas…

Date tiempo, permítete sanar y verás que nada de esto es el fin del mundo —levantó los hombros—.

Mi hermano y yo vinimos aquí tiempo después de la muerte de nuestros padres.

Buscábamos escapar y encontramos un lugar en el que poder…

crecer . Deja que Whitefish te ayude, disfruta del tiempo que estés aquí, no te vas a arrepentir .

Ambos se miraron, una media sonrisa se dibujó en los labios de Reece.

—Me alegro de que esas cicatrices no te lleguen al cerebro, eres de lo más elocuente.

Beau dejó ir a Reece de golpe y le dio un empujón firme, uno que se convirtió en varios juguetones al escucharle reír. Aquel melodioso sonido hacía que todo estuviera bien.

—¡Yo nunca diría nada hiriente de ti, Beau! Mimimimi —se metió con él.

—Fíjate, por lo visto aprendo rápido —respondió, bebiendo de su granizado después.

Algo atrapó la mirada de Reece en la lejanía; el menor de los Sinclair buscó con la mirada lo qué era. Al otro lado del campo, unos operarios discutían sobre cómo colgar toda la decoración para las festividades del Cuatro de julio.

—¿Cuatro de julio? —preguntó Reece.

—No, ahí donde las ves todas esas banderas americanas son para celebrar el día de San Jorge —respondió, sarcástico, sonriendo después—. ¿Tú qué crees?

El nieto de la señora Sargent puso los ojos en blanco.

—¿Es tu primer Cuatro de julio?

—Sí, aunque a los americanos os sorprenda, por Europa no lo celebramos.

— Ja ja , te recuerdo que tus abuelos viven aquí desde hace mil años. Igual lo habías celebrado alguna vez con ellos, ¿¡Yo qué sé!?

Reece devolvió la vista al frente.

—¿Y haréis algo el sábado o…?

—Sí, claro. Primero ver el desfile, luego mi hermano y yo solemos ir a la barbacoa de los Halpert. Y cuando sea de noche, iremos a tirar cohetes cerca del lago. No es nada del otro mundo, pero es divertido .

—¿Es este un espacio seguro para confesar que los cohetes me dan algo de miedo?

—¿De verdad?

El nieto de la señora Sargent asintió.

—Con lo grandote que eres —lo picó, volviendo a empujarlo un poco. Sin embargo, las manos de Beau no se apartaron del brazo de Reece al parar—. Pero te gusta la barbacoa, ¿no?

—¿Me estás invitando a una barbacoa que no es tuya?

—No, invito a tu abuela y acepto que tú vienes de añadido.

Ambos rieron. Reece presionó los labios.

—Quizás me deje caer —respondió finalmente.

Y Beau se sintió feliz por ello.