Bienvenidos a Whitefish (Bienvenidos a…1) 17
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Tras dejar apoyada la bicicleta contra la verja, Beau subió por las gradas con paso ligero hasta llegar a media altura, encontrando acomodo en el asiento más céntrico posible. Reece no tardó en colocarse a su lado, ya dando un buen sorbo a su granizado de sandía.

—Eres todo un masoquista —dijo Beau, divertido, bebiendo también. En cuanto el nieto de la señora Sargent frunció el ceño, siguió hablando—. Podías haber escogido cualquier lugar de todo el pueblo para sentarnos a tomar esto y… ¿el dichoso campo de rugby? ¿En serio?

Reece levantó los hombros, dobló las piernas para acomodar los pies mejor contra los asientos de la fila de delante.

—Es el lugar que más me gusta de todo Whitefish.

Beau no pudo evitar poner los ojos en blanco al escuchar aquellas palabras.

—Con lo obsesionado que estás no me extraña que… —apretó los labios y se calló.

« Agh. Joder, mierda».

Estaba cómodo, demasiado, eso había hecho que su lengua se soltara y ahora había estado a punto de soltar una burrada digna de que Reece le metiera un sopapo.

Por suerte había callado, pero la mirada ajena le decía que lo había hecho demasiado tarde.

Beau se encogió un poco y bebió de nuevo de su granizado.

—¿No te extraña qué?

El menor de los Sinclair negó con ahínco. Reece le dio un toque con el puño.

—¡Vamos! Dilo, quiero escucharlo.

Beau negó de nuevo.

—Por favor —insistió.

—¡Vaaaaaaale! ¡Pero no te puedes enfadar, tú lo has pedido! —lo apuntó con el dedo y esperó a que asintiera antes de hablar—. Con lo obsesionado que estás con el rugby no me extraña que… te estés divorciando —las últimas tres palabras las dijo en un tono más bajo.

Ambos se observaron en silencio. Beau no supo demasiado bien qué esperar, por mucho que le hubiera pedido que no se enfadara, Reece tenía todos los motivos para hacerlo.

Ese tipo de bromas, uno podía hacerlas con confianza, cuando la herida estaba cerrada, intentando dar luz a un momento oscuro pero, ¿ahora?

Dios. Se iba a enfadar. Claro que…

—¡Wow! Eres un capullo, que lo sepas —Reece rio, sacudió la cabeza y bebió de nuevo de su granizado como si nada.

El aire volvió a pasar por el pecho de Beau tras aquellas palabras.

—No ha sido gracioso, lo sé —dijo de todos modos, castigándose un poco.

—No ha sido para tanto —respondió Reece, haciendo un gesto ambiguo con la mano.

—¡Sí lo ha sido! Anda, tienes permiso para hacer una broma igual de fea sobre mí .

Pero el nieto de la señora Sargent negó.

—¡Venga! —insistió Beau, dándole un empujoncito.

—¡No!

—Al menos… Promete que te quedas con esta oferta. Tienes derecho a hacerme un comentario súper hiriente, sobre lo que sea de mí, sin que yo pueda enfadarme.

—No quiero eso, Beau.

—¡Oh, vamos! ¡Por favor, acepta mi trato!

Reece negó una vez más.

—Yo nunca querré decir algo hiriente sobre ti.

Las mejillas de Beau decidieron reaccionar por él, adoptando un tono rojizo que buscó ocultar con rapidez pasmosa. Devolvió la vista al frente, sentía tanto calor que ni siquiera beber del granizado le resultaba lo suficientemente refrescante.

—Gracias por escucharme antes —la voz ajena lo devolvió a la conversación.

—No lo merece, no creo que mi consejo haya sido mejor que el que te daría cualquier amigo, pero si he sido un poco de ayuda ya es suficiente.

—La verdad es que no… tengo muchos amigos.

No se me dan bien esas cosas. Es decir, me llevo bien con gente del equipo, pero no…

sé si ellos me consideran algo más que un compañero, así que no me sentía cómodo hablando sobre el tema con ellos.

Mi única amistad constante ha sido Penny, mi exmujer.

Nos conocemos desde que éramos niños, es mi mejor amiga…

pero es obvio que no puedo hablar de lo que siento con ella.

Y… ¿qué me queda? ¿Mis padres? Hay demasiadas cosas que desconocen de nuestro matrimonio como para… —suspiró.

—Bueno, a mí me puedes contar lo que quieras. Estoy convencido de que, sea lo que sea que tengas en la cabeza, no va a ser más desastre que mi vida amorosa .

—Ya…

—¡Lo digo en serio! Si te hablara de mi última relación…

—Hazlo.

Beau miró a Reece con sorpresa.

—Necesito saber que no vas de farol para hablarte de mis cosas —añadió.

—Vale, ehm… Antecedentes primero, no he tenido nunca una relación estable.

No he sido capaz de conseguir tener nada de verdad con los hombres que me han gustado.

La parte del tonteo, el sexo y tal, se me da bien pero, cuando he de conseguir el siguiente paso, siempre me encuentro con un «no estoy en ese punto», «no estoy preparado para una relación», «no busco esto»…

Y me quedo con cara de gilipollas —suspiró—.

El último tío con el que estuve, nos conocimos en un bar de por aquí y…

bueno, empezó la misma historia. Todo casual, fluimos, sexo, conversaciones hasta las tantas, tonterías…

Hasta le ayudé a comprar un regalo para su sobrina.

Me sentía muy cómodo con él así que, una noche de bajón, le hablé de mis padres…

—presionó los labios—. Murieron cuando yo tenía siete años.

Reece no dijo nada, pero el peso de su mano sobre el brazo fue suficiente.

—Poco después rompió conmigo porque soy…

demasiado . Según él siento demasiado las cosas, soy demasiado intenso y…

en fin, no le gustó que quisiera abrirme y contarle las cosas que muestran quién soy de verdad.

«Intentaste hacerme cargar con parte de tus traumas» —repitió las palabras de Laramie con tono burlón, chasqueó la lengua después.

Beau bajó la mirada hasta su brazo al sentir cómo el pulgar de Reece le regalaba caricias lentas. Era una visión bonita, una que calentaba sus adentros de una forma sencilla, natural, como si llevaran mucho tiempo haciendo esas cosas.

—Era un gilipollas.

—Sí. Pero también tenía razón. Soy demasiado.

—Eres un poco intenso —al volver a mirarse directamente, Beau vio que Reece había dibujado con los dedos un pequeño espacio—.

Hasta yo que te conozco poco lo he notado.

Pero, joder, todo el mundo carga con cosas, todo el mundo tiene heridas y…

no sé. Yo soy de la opinión de que, si no quieres estar ahí para ayudar a otra persona a llevar a cuestas lo que sea que tiene encima, echa el polvo que sea y cállate.

—Bueno, se suponía que solo nos acostábamos…

—No. Con alguien con quien solo te acuestas no hablas hasta las tantas, ni le pides ayuda con tus cosas.

Ese quería lo bueno de tenerte cerca, pero no estaba dispuesto a dártelo a ti también.

Penny siempre dice que hay tíos que quieren tener algo casual hasta que se dan cuenta de que eso va en ambas direcciones.

¿Tenemos algo casual? Genial, pero entonces no esperes nada de mi.

No voy a ayudarte a escoger el regalo de tu sobrina, con tus problemas o con cualquier gilipollez que se te ocurra —chasqueó la lengua—.

Me alegro de que fuera abiertamente capullo, así le diste la patada antes de perder más tiempo.

Un firme apretón en el brazo y Reece apartó la mano. Beau la añoró de inmediato.

—Bueno, ¿es mi vida amorosa lo suficiente desastre para ti, Sargent?

Reece bebió de nuevo de su granizado, después asintió.

—Lo que voy a contarte… —se deslizó el pulgar sobre los labios—. No lo sabe casi nadie. Mis padres especialmente… No . Estoy confiando en ti y necesito que me prometas que no va a salir de aquí por nada del mundo .

Empujado por la costumbre, Beau le mostró su meñique extendido.

—Juro.

Y Reece entrelazó el suyo, sellando así la promesa.

—Penny me pidió el divorcio para poder estar con la persona que quiere de verdad.

El menor de los Sinclair quedó en silencio, mirando a Reece. Necesitó unos segundos para poder asentar aquellas palabras en su cabeza.

—¿Os separáis por unos cuernos? —preguntó, con el ceño fruncido.

Pero el nieto de la señora Sargent negó.

—No, yo sabía de la existencia de Alex desde hace mucho tiempo —suspiró, se frotó la nuca con una de las manos—.

Penny y Alex son pareja desde hace seis años.

Se conocieron gracias a mí de hecho. Mi relación con Penny siempre ha sido…

abierta . Por llamarla de algún modo. Yo he estado con otras personas y ella…

pues ha estado con Alex durante todo este tiempo.

Supongo que durante años ha estado bien esta vida, pero…

ya no lo quiere. Dice que quiere poder vivir este amor de verdad, abiertamente, sin tener que esconderse de nadie.

—Jo-der, vale, lo siento, esto no… era lo que esperaba.

Reece esbozó una media sonrisa bañada en tristeza.

—Creo que en parte por eso no… termino de saber cómo gestionar todo esto de forma adecuada.

Por un lado, entiendo a Penny, entiendo que quiera estar con Alex, ser felices y…

sé que está tomando la decisión correcta y la apoyo.

Por otro, no siento que me hayan traicionado, pero…

no sé, yo… aunque no de forma romántica ni sexual, era…

como una pieza más de su relación, ¿sabes?

Nos hemos ido de viaje los tres, de fiesta, de…

¡mil cosas! Y con este cambio, el divorcio, es como si… me hubieran echado, ¿tiene sentido?

Beau asintió.

—Es como que… me duele, pero a la vez lo entiendo, pero siento que mi mundo se rompe, pero…

¡tantas cosas! Y se mezclan y… me agobian y…

Penny dice que nada va a cambiar, que nuestra amistad es la misma, que puedo seguir haciendo planes con Alex y con ella pero…

Claro que va a cambiar. Toda mi vida. Y eso me asusta —bajó la cabeza—.

Tampoco sé demasiado bien cómo enfrentarme a nuestro piso vacío.

Llevamos viviendo en el mismo lugar desde que empezó todo. Me da vértigo.

—¿No has pensado en que Penny se quede ese piso para vivir con Alex?

—Se lo ofrecí, pero dice que no lo quiere.