Bienvenidos a Whitefish (Bienvenidos a…1) 14 #2
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—Le he dicho que eres tú quien va a encargarse, así que te está esperando en la mesa siete tomando algo. ¿Recuerdas las condiciones que hablamos?

—No menos de sesenta dólares por persona, cada alumno debe limpiar lo que ha usado antes de marcharse y, si rompen el material, soy el responsable.

Roberta sonrió, le acarició la mejilla.

—Buen chico —hizo un gesto con la cabeza indicando el camino—. Ve, anda.

Como alma que lleva el diablo, Beau salió de la sala con paso acelerado, bajando las escaleras de dos en dos, entrando en el Cherry con el corazón acelerado.

El menor de los Sinclair llevaba años intentando que aquello cuajara, pero la idea no parecía llamar la atención de suficientes miembros de la comunidad.

Un espacio en el que poder ir a pintar cerámica, en el que poder crear tus propias piezas. Era ese pequeño negocio que había soñado desde niño y que veía imposible.

Buscó la mesa siete y caminó entre los clientes, ansioso por saber quién…

—¿Entrenador Hunt?

Encontrarse cara a cara con Willis Hunt disfrutando de un pedazo de tarta de limón y merengue no entraba en sus planes. Beau miró de un lado a otro, dudoso, como si después de tantos años trabajando allí no supiera perfectamente qué número tenía cada mesa.

El hombre sonrió y cogió una servilleta para limpiarse. Estaba comiendo tan a gusto que su barba rojiza estaba llena de pegotes blancos de merengue por todas partes.

—Sinclair, siéntate anda —dijo, enfatizando sus palabras con un gesto con la mano.

Beau obedeció.

—Yo, ehm… tenía que verme con alguien para hablar de…

—El taller de alfarería, lo sé —bebió un trago de su agua con limón.

—¿Usted está interesado en un taller de alfarería? —frunció el ceño—. ¿Sabe que es una actividad para grupos grandes? No es, en fin, como unas clases, o…

—Lo sé —acomodó los codos sobre la mesa—. ¿Has oído hablar de las actividades de team building que hacen las empresas?

—¿Cómo cuando la gente se va a hacer escape rooms con los compañeros de curro ?

—¡Bingo! Pero nunca me han gustado las escape , así que, cuando Roberta me contó la idea, supe que era lo que estaba buscando de inmediato.

—Oh, ehm, vale. Sí, claro, puedo… organizar un taller para usted y… ¿los otros profesores del instituto? Haremos una taza cada uno, la pintaremos, será divertido.

Pero Hunt negó de inmediato.

—No, lo quiero para el equipo.

—¿El equipo de rugby?

—Ajá.

Beau titubeó.

—¿Quiere venir a pintar tazas con los del rugby?

—Sí, en efecto.

Ambos se miraron en silencio unos segundos.

—¿Pero usted está seguro de eso?

—Sí.

—Pero no… me encaja con el tipo de cosas que les gustará a… ya sabe.

—Bueno, mis hijas dicen que hay que hacer cosas diferentes al menos una vez al mes.

—Y es caro.

—Tengo parte del presupuesto reservado y, si no, bueno, los chicos pondrán algo.

—Pero…

—Beau, queremos hacer un taller de alfarería. Los chicos y yo. Roberta ha dicho que estarías encantado de hacerlo, que la sala estaba disponible… ¿Hay algún problema?

El menor de los Sinclair no supo demasiado bien cómo responder.

Realmente no había ningún problema. Eran un grupo grande, estaban dispuestos a pagar lo que pedían, era una oportunidad de esas a las que uno no debe decir que no.

Y, aun así, una parte de sí mismo quería hacerlo.

Porque no quería al equipo de rugby allí.

No quería tener que aguantar a Kurt en su pequeño refugio, no quería arrastrar ese castigo estúpido a la única cosa que siempre lo había hecho feliz sin fallo alguno.

Y no quería a Reece Sargent allí. Aunque no sabía señalar la razón por la que así era.

Hunt suspiró.

—Oye… el equipo necesita esto. Sé que pensarás que es una tontería, pero, tras el rifirrafe que tuvieron Kurt y Sargent el otro día después del tercer tiempo, siento que…

—¿Reece y Kurt se han peleado?

Hunt asintió.

—Tuvieron una bronca bastante grande por…

no sé qué comentario. Ninguno de los dos me ha querido contar detalles.

Pero no soy idiota, sé distinguir una pelea de una conversación tensa cuando la veo.

No quiero que el problema crezca, que se creen grupos…

Esto es un equipo amateur, Beau. En el momento en el que deja de ser divertido, el equipo muere.

Y no me gustaría que pasara. Quizás sea una tontería, pero, en fin…

¿Qué hay de malo en intentar que sus posturas se reconcilien con una actividad divertida?

Una en la que todos somos iguales de inútiles y…

vamos a reírnos de las tazas feas que hagamos.

El menor de los Sinclair presionó los labios.

—Tiene razón, entrenador. Disculpe, es solo que…

Esto es muy importante para mí. Desde que llegué a Whitefish he…

venido aquí a… pintar tazas por mi cumpleaños, a…

trabajar la arcilla y… Lo siento como mucho más que un taller.

Es un sueño. Solo quiero que se lo tomen en serio.

Si puede garantizar que el equipo lo hará…

—Lo hará. Tienes mi palabra.

Beau se esforzó en sonreír y asintió .

—Entonces voy a por la agenda para organizarnos, ¿de acuerdo?

El entrenador Hunt asintió y el menor de los Sinclair no tardó en ponerse en pie para cumplir con ello. Con cada paso que daba, aquella idea se asentaba con más fuerza en su cabeza, retumbaba como un tambor.

Una pelea por un comentario. Por su comentario. No podía ser otro.

¿Tenía sentido que se sintiera responsable? ¿Por qué sentía que debía arreglarlo?