14
Sentados en la sala de personal del Cherry, los ojos tanto de Charlotte como de Beau se encontraban completamente pegados a la pantalla de la tablet.
Mientras el menor de los Sinclair se terminaba su café con demasiado azúcar, la mediana de los Halpert iba saltando de una foto a otra hasta que un chasquido de lengua brotó de sus labios.
—Sí… desgraciadamente creo que estas fotos están hechas con IA.
Beau resopló sonoramente.
—Menudo hijo de puta… —farfulló.
—Así es el mercado inmobiliario, te la intentan colar doblada a la mínima que pueden —con el dedo, Lottie eliminó el anuncio del piso de favoritos—. Por suerte nos hemos dado cuenta antes de que te hayas decantado por él. Un susto menos.
Encontrar un apartamento en el que vivir durante su primer año de universidad seguía siendo todo un dolor de cabeza.
Aunque Beau sentía que había estrechado el círculo lo suficiente, seguía teniendo en la carpeta de favoritos demasiados como para sentirse seguro.
No tenía una decisión tomada, cada vez que veía los anuncios llegaba a una conclusión diferente.
¿Quería el cuarto con baño aunque no tuviera ventana?
¿Prefería el de los armarios grandes sin ascensor?
¿O quizás el piso de dos habitaciones que se salía de su presupuesto pero era ideal?
—No voy a encontrar piso nunca.
Charlotte sonrió y deslizó la mano por los hombros de Beau, rodeando su cuerpo, tirando de él para hacer que se acercara y poder abrazarlo con firmeza.
—Hey, hemos pasado de ocho pisos a cuatro, es un avance.
Además, a todos nos ponen de los nervios estas cosas.
Encontrar piso es… una de las torturas que la humanidad se ha autoimpuesto —besó su sien con mimo—.
¿Qué te parece si hablo con tu hermano y lo convenzo de que nos vayamos los tres un fin de semana a ver los pisos en persona?
Creo que te será más sencillo tomar una decisión si estás allí.
Beau levantó los hombros.
—Estaría bien… ¿Pero crees que podrás convencer a Emmet de…?
Lottie hizo una mueca.
—¡Por favor, me ofendes! Yo me encargo —lo dejó ir, acercándose de nuevo la tablet para poder navegar por los anuncios—. Deberías quedarte con el de dos habitaciones, es una monería. Mira este balcón… —giró la tablet para mostrarle la foto en cuestión.
El menor de los Sinclair no necesitaba que nadie lo convenciera para considerar aquel piso su favorito. Lo era, ¿cómo no iba a serlo? La habitación enorme, luminosa, el balcón, el baño recién reformado, el salón con esos sillones mullidos y almohadas de…
Ugh , ¡no! No podía permitirse ilusionarse con un lugar así. Mucho menos cuando, con tan solo bajar la mirada un poco, podía ver en negro y letras grandes la razón por la que aquello era más que imposible.
—Es demasiado caro, Lottie. Debería haberlo quitado ya de favoritos.
Los Sinclair nunca habían sido una familia con dinero, pero la muerte de sus padres había empeorado todavía la situación.
Con tan solo siete años, tras convertirse Emmet en su tutor legal, Beau había vivido largas temporadas dentro de una camioneta, vagando sin rumbo, hasta dar con Whitefish.
Sobrevivían como podían, ahorrando mucho, privándose de todo lo innecesario.
El sueldo de su hermano en el cementerio daba hasta donde daba y el de camarero tampoco era para echar cohetes.
Para poder pagar la universidad, habían tenido que pedir una beca y echar mano de vender a su tío Edward el antiguo piso de sus padres. Ese al que no se atrevían a volver, pero que guardaba tantos recuerdos. No podía desperdiciar el dinero que habían sacado, sería como fallarles a ellos.
—¡Lo sé! —chasqueó los dedos—. ¿Y si le pides a mi madre turnos extra para ahorrar más?
Además, seguro que tu hermano está encantado de darte algo de dinero si le explicas bien la situación, o…
en fin, yo también puedo ayudarte. Vivo con mis padres, mi sueldo está bien y no gasto tanto como lo hacía en la ciudad —suspiró—.
Tienes razón. Deberías haberlo quitado de favoritos.
Pero no lo has hecho, y a mí me gusta creer que es por algo.
Beau miró de nuevo las fotos, se mordió el labio inferior. ¿Y si tenía razón? ¿Y si había algo en su interior que de verdad le había hecho no descartar aquel piso? El menor de los Sinclair echó la cabeza atrás y se la cubrió con uno de los brazos, un sonoro gruñido resonó por toda la estancia .
—Necesito verlos en persona. No tomaré una decisión jamás solo con fotos.
Charlotte le apretó el brazo.
—Esta misma noche hablo con tu hermano, palabra.
Beau ladeó el rostro para mirarla.
—¿Podrías convencerle de ir un fin de semana en el que haya partido?
Su cuñada rio, dándole un empujón, negando despacio con la cabeza.
—No tienes remedio… Pues que sepas que tu hermano y yo comentamos durante el partido que parecías de lo más emocionado. Te metiste de lleno en las jugadas.
El menor de los Sinclair puso los ojos en blanco, bamboleó la cabeza sin ganas de dar explicación alguna sobre el asunto.
No le gustaba el rugby, no le interesaba para nada, aquello era un castigo que Reece Sargent le había impuesto y que deseaba terminara pronto.
Si en algún momento se había emocionado, todo era fruto del ambiente y nada más, del mismo modo que las pelis de miedo no tienen el mismo efecto en el cine que en casa.
Reece Sargent .
El recuerdo de lo que casi había hecho con uno de sus vídeos le puso tenso.
Tenía que cambiar de tema cuanto antes.
—Y hablando de pisos… ¿Por qué sigues donde tus padres en lugar de mudarte con mi hermano?
Charlotte frunció el ceño.
—Pues porque tu hermano no me ha pedido que viva con vosotros… —se acercó más a él—. ¿Por qué? ¿Ha dicho algo? ¿Cree que no me mudaría?
—Dice que quiere pero que tiene miedo de que digas que no .
Su cuñada fue ahora quien se cubrió el rostro y soltó un gruñido.
—¿Pero de dónde ha sacado eso? Dios bendito, porque lo amo, que si no, lo habría matado un centenar de veces —lanzó ambos brazos al aire—.
Desde que nos conocimos llevamos más tiempo siendo pareja que sin serlo, ¿de dónde se ha sacado que no querría dar ese paso? ¿Por qué son los hombres tan obtusos?
Beau levantó los hombros.
—¿A mí qué me preguntas? Mi historial amoroso demuestra que no les entiendo.
Ambos rieron a la vez.
—Supongo que tendré que hacer más evidente que me quiero mudar con él…
—Supongo… —Beau presionó los labios—. Pero no… le agobies mucho, solo intenta no meter la pata contigo. Y tampoco… pienses que él no… Lottie, Emmet te quiere mucho y…
—Beau, lo sé. Me quejo por vicio, tu hermano es adorable incluso cuando parece que no es capaz de ver lo evidente. Tranquilo.
El menor de los Sinclair no lo había dicho nunca en voz alta, tampoco lo haría ahora, pero siempre había sentido la relación de su hermano con Charlotte la única razón para seguir creyendo que los Sinclair podían tener algo bueno.
La persona que Emmet era junto a ella, el bien que se hacían el uno al otro, cómo se entendían, hacían a Beau creer que había alguien ahí fuera capaz de hacer lo mismo por él. Quizás por eso su ruptura había sido todavía más devastadora.
Quizás no era justo. Quizás estaba poniendo en los hombros de dos personas demasiado peso.
Pero no podía evitarlo. Para él, Charlotte y Emmet eran lo más cercano a sus padres que tenía en el mundo.
¿Era raro que alguien quisiera creer que lo que sus padres compartían era eso que los libros y las películas llaman amor verdadero?
—Por cierto, ¿cómo estás tú? ¿Has sabido algo del chico que…?
—¿Chico? —Beau frunció el ceño—. ¡Oh! Chico , del que os hablé cuando… No. He cortado todo contacto y… creo que lo mejor para mí ahora mismo es la soltería. Ni pareja, ni encoñamientos estúpidos, ni… nada.
Encoñamientos estúpidos . ¿Podía considerar a Reece eso?
—Pues creo que tienes razón —dijo Lottie—.
Es decir, en cosa de unos meses te vas a marchar y a empezar tu aventura lejos de aquí.
Creo que es buena idea que, en fin, disfrutes de tu verano pero sin…
ataduras . ¿Sabes la cantidad de chicos guapos con los que te vas a encontrar en la universidad?
¡O en cualquier rincón de la ciudad! Un montón, Beau.
No necesitas el dolor de cabeza que es una relación a distancia.
El menor de los Sinclair rio con un toque sarcástico.
—¿No eras tú la que le dijo a mi hermano de tener una relación a distancia cuando se fue a la universidad?
—¡Oye! Haz lo que te digo, no lo que hago —sentenció, apuntándole con el dedo.
La conversación quedó cortada de golpe cuando la puerta se abrió. Con esa aura de estar permanentemente atareada que siempre llevaba consigo, Roberta Halpert apareció y apuntó con el dedo de inmediato a Beau.
—Te estaba buscando —dijo.
Al menor de los Sinclair le dio un vuelco el estómago del mismo modo que, durante sus años de instituto, lo hacía cuando el profesor de gimnasia le pedía que lo ayudara en alguna de sus demostraciones .
—¿A mí? —preguntó, apuntándose con el índice a la vez.
Cuando Roberta asintió, Charlotte se puso en pie, dándole una última palmadita en la espalda antes de salir de la estancia sin decir nada más. Oh, demonios , aquello podía ser algo muy bueno o un desastre.
¿Había hecho algo mal últimamente? ¿Un cambio mal dado? ¿Alguna queja? Beau se puso en pie, tomó aire por la nariz y se acercó a su jefa dubitativo.
—¿Recuerdas que estuvimos hablando sobre tu idea de montar un espacio para pintar cerámica? Te dije que no me convencía demasiado, pero tú me pediste que confiara en ti y dijiste que, si encontrabas un grupo que estuviera dispuesto a pagar varias sesiones, era un buen plan.
—Ehm… ¿sí?
—Enhorabuena, abajo tienes a un cliente interesado.
Los ojos de Beau se abrieron como platos, su corazón dio un brinco y no pudo evitar que su cuerpo se contagiara de sensación y lo diera también. Llevó ambas manos hasta el pecho y tomó una profunda inspiración.
—¿De verdad? —preguntó ilusionado.
Roberta asintió.