Bienvenidos a Whitefish (Bienvenidos a…1) 12 #2
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Escuchar a Reece estallar en una sonora carcajada fue casi tan sorpresivo como el empujón juguetón que decidió darle.

De nuevo, el sonido de su risa se coló en el interior de Beau por los oídos y se propagó por todo su ser hasta encontrar hogar en su estómago, despertando un cosquilleo constante y agradable, similar al aleteo de una mariposa.

El menor de los Sinclair lo observó en silencio, sin saber si quería respuesta a la razón de su risa, no por falta de curiosidad ni temor a la respuesta, sino porque sabía que esto significaba interrumpir aquel sonido y hacer que parara.

¿Quién era aquel hombre y qué había hecho con el gilipollas de otras veces? No era capaz de entenderle y a la vez se sentía atraído a buscar todas sus respuestas .

—Sí, es posible que fuera Killer Queen . Siempre escucho el disco Sheer Heart Attack antes de los partidos. Es uno de mis rituales.

—¿Rituales?

—Ya sabes, las cosas que hago antes de un partido para que me den buena suerte.

Beau miró a Reece con evidente diversión.

—¿Puedo saber alguno más de esos rituales?

Pero el nieto de la señora Sargent negó de inmediato.

—Freddie no descubre sus secretos a cualquiera, lo siento.

El menor de los Sinclair se llevó la mano al pecho con teatralidad.

—¿Perdona? ¿Insinuas que no soy nadie en tu versión de Queen imaginaria?

—¡Bueno! Nadie no, serías… el ingeniero de sonido, el que ajusta detalles mínimos que nadie nota hasta que faltan.

—¿Y el entrenador Hunt es vuestro manager?

Reece le apuntó con el dedo.

—¿Lo ves? Lo has pillado.

El menor de los Sinclair sacudió la cabeza, una de sus manos viajó hasta el brazo del nieto de la señora Sargent, dándole un empujoncito que apenas consiguió moverlo del sitio.

—Está bien hablar contigo cuando no tienes un palo metido en el culo, Sargent.

—Ya bueno, alguien me aconsejó que me lo quitara y… —levantó los hombros, bebió de su cerveza—. ¿Fui tan gilipollas contigo como me haces creer?

—Fuiste más, pero yo soy encantador —Beau bebió también .

Reece bajó un segundo la cabeza y se frotó la nuca con la mano antes de girar el cuerpo ligeramente para poder encarar a Beau.

Seguramente iba a decir algo importante, en su mirada podía verse un toque de seriedad imposible de ignorar, pero la forma en la que sus rodillas quedaron pegadas ante la nueva postura era capaz de nublar hasta el raciocinio de la persona más cabal.

Su mirada saltó del rostro de Reece a sus rodillas varias veces.

—Mis abuelos siempre han sido mi mundo. Y cuando falleció mi abuelo, pues… supongo que el amor que sentía por ambos se concentró todo en ella —suspiró—. Además, han sido unos meses muy estresantes y…

—¡Sinclair!

De la nada, el cuerpo de Kurt cayó entre ambos como un misil.

Rompiendo la cercanía entre Beau y Reece, se acomodó como si no acabara de interrumpir la primera conversación de verdad que ambos habían sido capaces de tener.

El menor de los Sinclair tomó aire por la nariz y bebió de su cerveza, devolviendo la vista al frente, aguantando cualquier comentario desagradable que pudiera soltar.

Pero aquello no fue suficiente para el novio de Mini.

Con el brazo agarró a Beau por el cuello, tirando de él hasta quedar completamente pegados, usando la mano libre para revolverle el pelo.

El menor de los Sinclair le golpeó el brazo con la mano varias veces, revolviéndose hasta conseguir que lo soltara.

—¿Qué…?

—¿No seguirás enfadado conmigo por el comentario de antes? ¡Era una coña, tío!

Beau intentó arreglarse el pelo, recibiendo un empujón que buscaba ser un juego pero que a él no le hacía ninguna gracia .

—¿Qué comentario? —preguntó Reece, llamando la atención de Kurt.

—Antes le he hecho a Sinclair una broma y al entrenador no le ha hecho mucha gracia —respondió, volviendo a mirar a Beau después—. Pero tú sabes que es coña, ¿a que sí? Joder, que eres el colega de mi novia…

—¿Qué comentario? —insistió Reece.

Kurt rio y sacudió la cabeza enérgicamente.

—Le dije al entrenador que no lo deje entrar al vestuario, que se emociona.

El nieto de la señora Sargent frunció el ceño.

Kurt se lo tomó como que debía seguir hablando.

—Ya sabes, porque es gay, nosotros un grupo de tíos en un vestuario y…

Reece levantó la mano.

—Lo he pillado —cortó a Kurt. La seriedad volvió a su expresión, ya no había rastro alguno de la sonrisa encantadora que antes había surcado sus labios—.

Del mismo modo que el entrenador decide quién entra al vestuario, yo decido qué comentarios no tienen lugar en mi equipo.

No vuelvas a hablar así de alguien del equipo. Ni delante de mí ni de nadie.

—Pero…

Reece levantó la mano y lo hizo callar, después miró a Beau.

—La próxima vez que esto pase… —miró a Kurt de nuevo—. Aunque no va a pasar…

Kurt asintió.

—Vienes directamente a mí, ¿de acuerdo? Yo me encargaré.

Beau presionó los labios. Nervioso asintió. Reece imitó su gesto después .

—Bien… Vamos, Kurt, dejemos a Beau disfrutar en paz de su cerveza.

Tras aquellas palabras, ambos hombres se pusieron en pie.

Estaba claro que Reece quería hablar con más profundidad del tema con Kurt, pero no quería hacerlo frente a él, quizás porque sentía que era un tema complicado.

Beau se preguntó si debía decirle que no era necesario, pero, a la vez, era agradable sentirse protegido de ese modo y se permitió regodearse en esa sensación un poco más.

Sus ojos no se apartaron de él; observaron su andar hasta perderse entre la gente.

Reece Sargent. El maldito Reece Sargent.