Bienvenidos a Whitefish (Bienvenidos a…1) 4
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Al entrar en casa, Beau se encontró a Emmet en el sofá, con un partido de rugby puesto en la tele y un bocado de pizza con queso en la boca.

Mierda .

Se suponía que su hermano iba a estar con su chica aquella noche, ¿qué hacía allí?

El menor de los Sinclair bajó la cabeza, tomó aire por la nariz y se limpió con ahínco los restos de lágrimas que había soltado por el camino. Una conversación de chicos con su hermano, después de lo sucedido, le apetecía lo mismo que volver a verle la cara a Laramie.

—Hola —farfulló aún con la cabeza agachada, buscando ser lo más invisible posible.

—Hola —Emmet miró el reloj en su muñeca—. ¿Qué haces aquí tan temprano?

Beau no se detuvo, pasó de largo por el salón, acelerando el paso con la intención de subir a su habitación sin dar demasiadas explicaciones.

—Estoy cansado, me voy a la cama… ¡Buenas noches! —dijo de forma apresurada .

Y llegó a poner un pie en el primer escalón, pero algo poderoso lo detuvo.

—Beau Elias Sinclair.

Su nombre, completo.

Arrugó la nariz, maldijo en voz baja, girando despacio hasta poder mirar de nuevo cara a cara a su hermano.

Emmet dejó la pizza sobre la mesa baja del salón, bordeó el sofá y se acercó a él con paso tranquilo y los brazos cruzados.

Los mismos que descruzó a la velocidad del rayo cuando, al estar lo suficientemente cerca, se percató del color de los ojos de su hermano. Con firmeza lo cogió del mentón.

—No sé si prefiero que me digas que vienes fumado o que has estado llorando —dijo.

Beau bajó la mirada, dudó un momento, pero sabía que no había escapatoria.

—Lo segundo… —confesó finalmente, volviendo a mirar a Emmet. Este lo soltó, no necesitó más que un suave movimiento de cabeza para indicar que debía seguirle al sofá. Resopló—. ¿No puedo irme a dormir sin más?

No iba a mentir, le gustaba el pequeño acuerdo que, meses atrás, él y su hermano habían creado.

Ese en el que se prometían que iban a dejar de guardarse las cosas, que iban a ser más abiertos con sus problemas y a hablar las cosas.

Sin embargo, en momentos como aquel, volvería atrás en el tiempo y borraría aquello para hacer que todo fuera como antaño y encerrarse en su habitación, abrazado por el silencio.

—No —sentenció Emmet.

Un gruñido brotó de los labios de Beau pero, aun así, obedeció.

Ambos tomaron asiento en el sofá. Todavía sin saber demasiado bien cómo lidiar con las conversaciones sobre sentimientos, Emmet decidió que lo mejor que podía hacer era poner un pedazo de pizza en un plato y ofrecérsela a su hermano menor.

No es que tuviera mucha hambre pero, de todos modos, lo aceptó.

Su hermano lo estaba intentando a su manera y, lo mínimo que podía hacer, era cooperar.

—Gracias… —susurró, pellizcando con los dedos un pedazo del borde, jugando con él.

Emmet recuperó su pedazo ya mordido, dándole un segundo bocado.

—¿Y bien? —preguntó, acomodándose, colocando los pies sobre la mesa baja.

—Llevo algo más de tres meses viéndome con alguien —dijo finalmente.

Los ojos del mayor de los Sinclair se abrieron más, lanzó el pedazo de pizza y volvió a poner los pies en el suelo para acercarse a Beau.

—¿Y ese gilipollas te ha hecho llorar? ¿Quién? ¿Quieres que…?

Beau negó de inmediato; sin embargo, tras unos segundos de duda, cambió el movimiento de su cabeza por un bamboleo indeciso.

—O sea, me ha hecho llorar, pero no quiero que hagas nada, ¿vale? —suspiró—. He… tenido con él una conversación sobre lo que éramos y… no ha ido bien —levantó los hombros.

—Mierda, lo siento Beau…

El menor de los Sinclair hizo un gesto ambiguo con la mano, buscando restarle importancia.

Se esforzó una vez más en sonreír, en buscar no preocupar a su hermano de más por la situación.

Seguía siendo complicado ser honesto con aquellas cosas.

Después de años reprimiendo todo lo que cruzaba su cabeza, ¿cómo cambia uno el chip?

No podía .

No sabía.

Estaba jodidamente roto. Era defectuoso.

—No pasa nada. Es mejor enterarse cuanto antes de esas cosas, así no me ha dado tiempo a… ya sabes, pillarme demasiado…

—Ya… ¿y has llorado por un tío por el que no estabas «pillado demasiado»? Beau…

Un nuevo suspiro. Beau dejó también su pizza sobre la mesa baja.

—Me ha dicho que lo guapo que soy no compensa todo lo demás…

Emmet frunció el ceño.

—¿Lo demás? ¿A qué cojones se refiere?

—Le… hablé de las cicatrices. De papá y mamá…

El silencio llenó la estancia de golpe. Aunque ambos habían hecho un gran esfuerzo por lidiar con lo sucedido, por aprender a gestionar los sentimientos que el accidente les provocaban, seguía siendo uno de esos temas que jamás pueden dejarte indiferente.

La culpa se había diluido. El luto empezaba a asentarse mejor en sus adentros.

Pero la tristeza y la añoranza nunca se irían del todo, ese era un peso con el que debían aprender a vivir, sin esperar que se fuera.

—Emmet… ¿Es complicado estar conmigo?

El mayor de los Sinclair se movió raudo, acortó toda distancia con su hermano y colocó una mano sobre su nuca, sujetando esta con firmeza.

—Escúchame bien. Si es eso lo que ese imbécil te ha dicho, entonces estás mucho mejor sin él.

Todo el mundo es complicado, Beau, todos tenemos esas cosas que hacen que…

en fin, seamos nosotros. Con las que tenemos que cargar todos los días.

Si alguien no está dispuesto a ayudarte a que sea más soportable, entonces no te aporta na da y sobran.

Nadie vive sin esto, nadie… joder nadie es perfecto. Seguro que ese tío también lo tiene.

Sin apartar la mirada, con los hombros tensos, Beau apartó la mano de Emmet.

—Yo… siento demasiado, Emmet. Todo me resulta un mundo. Me ilusiono, me implico, me duele. Y al final siempre es lo mismo. Dicen que es demasiado, que cansa, que pesa. Todos los hombres con los que he estado han terminado dándome la patada por eso…

—No. No es así —dijo con firmeza—. No sientes demasiado, Beau. Sientes de verdad. Y eso no es un defecto, joder, es algo que muy pocos se permiten hoy en día. Yo siempre he envidiado eso de ti, ¿sabes?

Beau soltó una risa breve, amarga.

—Hey… —la mano de Emmet se acomodó ahora sobre una de las de Beau—. ¿Recuerdas cuando tuvimos una conversación similar hace unos meses? Aquella noche, cuando lo del tío de Jenkins, cuando Char le metió un puñetazo.

Beau asintió, como para olvidarlo. La verdad es que, cuando la chica de su hermano le había partido la cara a aquel imbécil, había sido una pasada.

—En aquel momento te dije que, en fin, que no era malo estar solo. Recuerdo tan bien lo que me respondiste. Tú no querías sobrevivir a tu propia vida. Querías vivirla de verdad, con todo lo que eso implicaba. En aquel momento no entendí nada, me pareció una locura, pero ahora lo hago.

—¿Por Charlotte? —preguntó Beau, con una media sonrisa cautelosa.

Emmet bamboleó la cabeza.

Su hermano y Charlotte tenían una historia complicada. Enamorados desde niñatos, ruptura complicada, años sin verse y, ahora, una vuelta a empezar que prometía ser la definitiva. Beau los envidiaba, eran lo más similar a lo que unas almas gemelas debían ser.

—En parte sí, claro. Ella me entiende, me ve, hace que todo sea más sencillo.

Pero no… —apretó ligeramente la mano de Beau—.

Eres tú quien ha hecho que lo entienda. Tú que nunca te has rendido a pesar de todo.

Tú, que has seguido buscando vivir, sentir, equivocarte si hacía falta, que has seguido soñando incluso cuando no parecía quedar nada por lo que hacerlo…

No eres demasiado, Beau. Nunca lo has sido.

Pero no cualquier gilipollas está preparado para tener a alguien tan vivo al lado.

Tan intenso, tan real. Alguien que no se conforma con existir.

Y eso no es un defecto. Eso es valentía.

Beau observó a su hermano en silencio. Sí, aquel era un hombre que estaba más tranquilo, que había conseguido aligerar ese dolor que lo había alejado del mundo. Aquel era un hombre del que se sentía orgulloso, que merecía esa felicidad nueva que le había llegado.

No dijo nada, no supo demasiado bien qué decir, así que, sencillamente, se acercó a él hasta poder acomodar la cabeza contra su pecho, sintiendo de inmediato cómo este lo rodeaba con sus brazos. Esperaba que aquel gesto fuese suficiente ahora que las palabras resultaban esquivas en la garganta.

—Charlotte te ha hecho todo un charlatán, ¿lo sabías? —bromeó finalmente.

Emmet rio, acomodó su mentón sobre la cabeza de su hermano.

—Echo de menos cuando todo se solucionaba preguntándote si podía dormir contigo.

—Yo no echo tanto de menos las patadas que me metías durmiendo la verdad …

—¡Oye! —el menor de los Sinclair se echó hacia atrás y cogió una de las almohadas, dando un golpe a su hermano con ella—. ¡Injurias!

Como toda y cada una de las veces que se enzarzaban en una de sus estúpidas falsas peleas, a Emmet le bastó con coger a Beau del brazo y tirar de él para tenerlo a su merced. Cogió su cabeza con uno de los brazos, sujetándolo con firmeza, riendo al sentir como le daba varias palmadas en el brazo.

—¡Eres un animal, Emmet!

—No empieces batallas que no puedes ganar, Beau.

El mayor de los Sinclair tiró del pequeño, haciendo que terminara con la cabeza sobre sus piernas, dándole un toque final con el cojín en la cara antes de dar aquella pelea por más que terminada. Beau frunció el ceño, con teatralidad le mostró el dedo corazón.

—Un día me vas a desnucar, idiota.

Emmet no respondió, solo flexionó uno de los brazos y marcó bíceps, dejando un beso sobre estos con un toque de chulería que hizo a Beau poner los ojos en blanco. Giró y quedó tumbado de lado, pudiendo ver la televisión.

No, no era rugby sin más, eran noticias deportivas. En la pantalla, Reece Sargent apareció junto al resto de sus compañeros, todos vistiendo de rojo dorado y blanco.

El menor de los Sinclair no pudo evitar resoplar.

—Creo que eres la única persona en todo el país que se traga ese rollo…

—¡Oye! A mí me gusta. Además, ahora que tenemos a un deportista de élite viviendo a nada de aquí, será lo mínimo estar al día, ¿no te parece?

Beau ladeó el rostro, miró a Emmet con el ceño fruncido.

—¿El nieto de la señora Sargent? No te hagas ilusiones, es un borde de narices .

El mayor de los Sinclair frunció el ceño también.

—¿Borde? Yo estuve con él el otro día y fue muy majo. Le ayudé con unas cajas de la mudanza cuando fui a llevarle la compra a su abuela. Me ofrecí a enseñarle Whitefish, tomamos una cerveza y hablamos de deportes.

¿Muy majo? ¿El hombre que lo había acusado de acercarse a su abuela por interés? Beau giró de nuevo, quedando tumbado de lado, observando la televisión una vez más, encogiéndose un poco al sentir cómo su hermano le mesaba el pelo.

—¿Es que ha sido borde contigo?

Beau dudó un momento, pero terminó por negar.

—No, es algo que he leído en internet.

Era una tontería. Seguro que Reece había tenido un mal día y lo había pagado él por la razón que fuera. Además, Emmet lo admiraba, no podía romperle aquella ilusión de ese modo. A él no le gustaría que alguien hiciera lo mismo con Dolly Parton.

Suspiró, decidió no darle más importancia y cerró los ojos, permitiéndose descansar después de un día tan duro, abrazado por la sensación de paz y seguridad que siempre sentía al estar junto a Emmet.

De fondo, una voz femenina daba las noticias.

—Esta mañana, hemos amanecido con la noticia de que Reece Sargent se encuentra en paradero desconocido.

Tan solo días después de anunciar públicamente que se tomaría un descanso indefinido, el capitán de los Cotteridge Cavaliers ha desaparecido sin dejar rastro y, según fuentes cercanas, habría incluso abandonado el país.

Ni su club ni su entorno más próximo han logrado contactar con él desde hace más de 72 horas.

No hay actividad en sus redes sociales y la residencia que compartía con su ex esposa se encuentra vacía.

Las especulaciones no han tardado en aparecer.

Algunas fuentes apuntan a que Sargent podría haber viajado al sudeste asiático, mientras que otras no descartan que se encuentre en una zona rural, completamente desconectado, buscando alejarse de la presión mediática y deportiva.

¿Está Reece Sargent comenzando una nueva vida lejos del rugby?

¿O se trata de una retirada temporal llevada al extremo?