Bienvenidos a la Academia Rider (Academia Rider 1) CAPÍTULO 25
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CAPÍTULO 25

Jack hizo el examen de doma sin problemas con Liberty, la reprise que tenían que hacer era de nivel muy básico, con lo cual no tuvieron que hacer mucho esfuerzo para hacerla bien.

Se me seguía haciendo raro ver a Jack montar a Liberty, y con una posición de doma, en las últimas clases había mejorado mucho y había conseguido que se sentase erguido y con los codos, hombros, cadera y manos donde tocaba, estaba orgullosa de mí; realmente parecía un auténtico domero.

Brooke y Emily tenían razón cuando decían que el examen de completo era el más divertido. Habían tenido suerte y habían hecho buenas migas con sus entrenadores de intercambio; las dos iban a participar hoy en el examen, y yo estaba más nerviosa que ellas.

—¿Lo tenéis todo? ¿El chaleco protector? ¿El casco? —pregunté, revisando a mis amigas.

—Sí, Olivia, tranquila, estamos preparadas —me decía Emily riéndose.

—Tengo ganas de ver en qué consiste la prueba. Supongo que el próximo trimestre me va a tocar a mí.

—Puede que te toque salto otra vez, lo hacen de manera aleatoria —dijo Brooke.

—¡Aaaaah! No sabía eso —dije—. ¿Os habéis aprendido la reprise ? ¿Y el recorrido?

—El recorrido lo vamos a ver ahora —añadió Emily.

—¿¡Qué!? ¿No os lo han dado? ¿Os lo tenéis que aprender al momento?

—Te va a pasar lo mismo en el examen de salto, ¿eh?, ¿Olivia? —dijo Emily.

—Pero… ¿por qué no nos lo dejan estudiar antes? Con la de veces que repasamos la reprise de doma los domeros.

—Pues porque es como un simulacro de concurso real, y esa es la gracia. Pero no te preocupes, verás varias pruebas antes de que te toque y ya lo tendrás aprendido —dijo Emily tratando de animarme y tranquilizarme.

Madre mía, menos mal que era de las últimas.

Pusimos rumbo a la zona de la casa de completo. Hablabamos alegremente por el camino, cotilleando cómo les estaba yendo al resto de jinetes los exámenes.

—Por cierto, todo el mundo habla de tu espectáculo del neck rope , fue alucinante. Hasta en la casa de completo se comenta —dijo Brooke entre análisis de jinetes.

—Bah, no fue para tanto. Tenía que buscar llamar la atención, y eso hice —dije guiñándole un ojo.

—¡Y de qué manera!

Llegamos a la zona donde se iba a hacer el examen, la prueba parecía de lo más divertida.

Entrabas en el cuadrilongo de doma y hacías una reprise de nivel uno (una broma para los domeros), en la que lo único que tenías que controlar era el ritmo y llevar al caballo colocadito y pasando por el dorso todo el rato.

Una vez saludabas en X para terminar, salías trotando de la pista y ya te encontrabas con un recorrido de salto.

En total, eran siete saltos situados en la parte derecha del cuadrilongo.

Saltabas los saltos mientras un nuevo binomio entraba a hacer la doma.

Cuando terminabas estos siete saltos, salías por una de las puertas de la pista que daba al campo de cross y empalmabas con siete saltos más de cross , entre los que había zanjas, banquetas, tablas y un obstáculo en el río.

Finalmente, cuando terminabas, tenías que galopar en una recta a más no poder.

Sí que era divertida esta prueba. Los saltos estaban a ochenta centímetros, una medida perfecta para domeros resignados como yo.

El un metro con diez centímetros del examen de salto se me seguía haciendo bola solo de pensarlo.

Los alumnos se lo pasaban bien en estas pruebas. Entre todos animábamos y chillábamos. Era un ambiente completamente diferente al de doma, en el que se respiraba un absoluto silencio y tensión, ambas cosas que odiaba.

El caballo de intercambio de Brooke se llamaba Fantasy.

Era casi un poni, alazán, careto y cuatralbo, con una energía desbordante.

Según me había contado Brooke, se habían entendido desde el minuto cero.

Eran un poco tal para cual, alocados, llenos de energía.

Por eso habían congeniado desde el primer momento.

Consiguieron hacer una doma correcta. Para mi gusto, algún círculo podía haber estado mejor dibujado, ya que era la máxima dificultad que exigía la reprise , pero se les veía un bonito binomio con la energía canalizada de manera correcta.

Este era el problema de la mayoría de riders en la prueba: el control.

Obviamente, los caballos saben que van a salir de ahí para empezar a correr y saltar, y controlar la energía durante unos minutos con ese estímulo de después salir corriendo, más el público enloquecido animando, complicaba montar una reprise bonita.

A Emily le tocó salir unos caballos más adelante.

Su yegua, Gossip Girl, era preciosa, negra como el carbón.

No como Liberty, que en verano se le quedaba un color marrón extraño por el sol.

Gossip Girl tenía una cola abundante y un físico fino pero musculado, característico de los pura sangre ingleses, una de las razas que más se usaba para esta disciplina.

Brillaron en la prueba y no pudo salir más contenta y emocionada pensando que era de las primeras veces que había disfrutado realmente, dejándose llevar y olvidándose de tener una posición perfecta encima de la montura, hasta había empezado a entender por qué sus hermanos se habían pasado al lado oscuro del salto y se planteaba que por qué no lo había hecho ella también.

Ese día no dormimos por la noche, ya que a la mañana siguiente nos esperaban los exámenes escritos, aunque por suerte lo había llevado todo al día, y cada domingo repasaba lo que habíamos hecho durante la semana.

No sé porque me daba la sensación de que no me sabía nada, de anatomía no me entraba un hueso ni músculo más en la cabeza, los reglamentos de las disciplinas los había leído y releído como cincuenta veces.

Aunque los exámenes de Bienestar Animal y Cuidados del Caballo me los sabía al dedillo, se notaba las asignaturas que me apasionaban y eran de más fácil estudio.

Hora tras hora fuimos haciendo los exámenes, no teníamos mucho tiempo entre medias, así que nos limitábamos a ir a la siguiente clase y repasar lo que pudiéramos por el camino.

Salí satisfecha de todos, los profesores no habían sido extremadamente duros en las preguntas, y con todo lo que había estudiado, me noté confiada y con esperanzas de aprobar con nota.

Los días que teníamos exámenes, a las cinco de la tarde, éramos libres.

Era un alivio, ya que este primer trimestre había sido intenso.

Las tres decidimos que era un buen momento para celebrarlo.

Brooke y Emily ya habían terminado todos los exámenes y a mí solo me faltaba el de salto al día siguiente, pero me apetecía evadirme un poco y dejar de pensar en distancias.

Así que nos fuimos a la heladería del pueblo a tomar un refresco y un helado. Era el plan perfecto.

—Voy a pedirme el helado más grande del mundo —dijo Emily—. Me lo merezco por haber superado el trimestre.

—Pero si aún no sabemos las notas —dijo Brooke.

—Bah, aprobado seguro que está. Yo con un cinco me conformo.

—Olivia, ¿estás bien? —me preguntó Emily, viéndome pensativa.

—Nunca he preguntado qué necesito sacar para seguir manteniendo la beca, y es algo que me preocupa —dije cabizbaja.

—Pero tus padres seguirán pagando el curso en caso de que te la quiten, ¿no? —añadió Brooke para quitarle hierro al asunto.

—No pueden permitírselo —dije preocupada—. No tengo tanta suerte como vosotras. Además, están pensando en mudarse aún más lejos de aquí a un apartamento, y debería dejar mi hípica actual.

—Oh, Olivia, seguro que encontramos la manera. Además, en el examen de doma lo bordaste, y has sido la que más ha estudiado para los exámenes teóricos.

—Sí, solo me queda el de salto —dije—. Qué ganas de quitármelo de encima.

—Los últimos días has estado brutal con Phoenix. En los vídeos que has ido colgando, se os ve muy bien y Jack parece que le ha cogido el gusto a esto de entrenaros.

—Te deberían dar un premio únicamente por ser la que más evolución ha tenido en tres meses, junto con Liberty. Es de admirar lo que estáis haciendo. Los seis años de Liberty van a ser de lo más divertido, ya verás, empieza los ejercicios de adultos —dijo Brooke.

Nos pedimos tres helados de vainilla y chocolate y nos pusimos a hablar de nuestros planes para Navidad.

Teníamos dos semanas de descanso. La mayoría de los caballos se quedaban en las instalaciones, y los grooms de prácticas iban a encargarse de ellos durante esos días.

A mí no me hacía mucha gracia, y aún seguía con el dilema de qué hacer con Liberty.

Tenía ganas de volver a casa y ver a mi familia, amigos y a Emma.

Esa noche caí rendida, pero con mariposas en el estómago.