Bienvenidos a la Academia Rider (Academia Rider 1) CAPÍTULO 26
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CAPÍTULO 26

Había llegado el día del examen de salto.

Estaba contenta con cómo había ido solventando todos los exámenes anteriores de la semana; mi presentimiento era positivo.

Me vestí con la ropa que había dejado preparada la noche anterior.

Esta vez, para el salto me iba a poner mi americana color berenjena porque iba a contrastar mucho con la capa torda de Phoenix.

Me hice un moño, aunque en salto todas competían con cola o trenza, pero mi mente domera no me dejaba ir a competir sin moño, y me puse un par de jerséis encima para no pasar frío.

La mañana había empezado tranquila. A las nueve debía estar presente en la pista de salto junto con todos los otros alumnos para empezar a ver los jinetes y amazonas que tenían el examen.

Era de las últimas, y había calculado que mi examen empezaría a las cuatro menos veinte, aproximadamente.

Por la noche le había escrito un mensaje de Instagram a Jack, y habíamos quedado para empezar a calentar a las tres y diez; con media hora tendríamos tiempo suficiente.

Uno a uno, los jinetes iban pasando, y con recorridos de un metro diez perfectos, se notaba que habían entrenado a conciencia y estaban bien preparados para el examen.

Cada recorrido que veía tenía precisión y elegancia.

La atmósfera en la pista era de emoción, pero también se respiraba cierto profesionalismo y algún que otro chismorreo en voz flojita.

A las dos y media, decidí bajar a la pista de calentamiento para tener tiempo de ponerme el casco, las botas y las espuelas.

A lo lejos vi a Jack dando vueltas, hablando por teléfono con expresión preocupada, pero también gritando.

Me acerqué una vez había colgado y, con cara de preocupación, me dijo:

—Tenemos un problema —miró hacia otro lado, evitando verme la cara—. Phoenix no está.

—¿Cómo que Phoenix no está? —le pregunté a Jack, entrando en pánico.

—Me acaba de llamar Charlotte, que lo ha cargado en la furgoneta y se lo ha llevado ya a las instalaciones de Londres, donde competimos el fin de semana —dijo agobiado—. Ella ya había terminado los exámenes y pensó que Phoenix estaba listo también.

—¿Que Charlotte se lo ha llevado? —En cualquier momento me iba a salir fuego por la boca—. ¡Sabía que tenía el examen!

—¡No lo sabía! Me lo ha jurado y perjurado, lo había hecho para hacerme un favor.

Charlotte, la quería matar. ¿En qué momento? Y encima Jack aún la defendía. Esto lo había hecho a propósito para que suspendiera el examen. Aunque no sé si lo había pensado muy bien, ya que la mala nota también iba para Jack, y los evaluadores evaluaban tanto al jinete como a su entrenador.

—Jack, ¿qué voy a hacer? Me quedan cuarenta minutos para entrar en el examen —dije mientras miraba el reloj.

—No lo sé, pero algo se me ocurrirá. —Y desapareció dejándome allí impotente y sin saber qué hacer.

Fueron los cuarenta minutos más largos de mi vida. Decidí colocarme en la puerta de la pista principal para seguir viendo pruebas y memorizando el recorrido, mientras intentaba encontrar una solución. Pero ser resolutiva no estaba funcionando en esos momentos.

Llegaron las cuatro menos veinte, era mi hora, y Jack ni se había dignado a hacer acto de presencia.

El cero iba a ser histórico; no tenía caballo para saltar.

Así que decidí entrar en la pista andando.

De golpe, todas las gradas se giraron hacia mí, y yo solo escuchaba un revuelo de comentarios por lo bajini de todos los alumnos.

Entré con la cabeza bien alta. Al menos me iba a explicar y defender que no había sido mi culpa. Al final de la pista, estaban todos los profesores y entrenadores; debía haber unos veinte en total. Era el momento de mi vida en el que me sentía más observada.

Mientras avanzaba con paso firme, noté la mirada de cada uno de los jueces y entrenadores clavada en mí.

Sentía una mezcla de vergüenza y determinación, tratando de mantener mi compostura bajo presión.

El murmullo en las gradas se intensificó, y algunos de los entrenadores intercambiaron miradas preocupadas.

Justo cuando me estaba acercando, uno de los entrenadores, con una expresión de sorpresa y preocupación, se levantó y se dirigió hacia el centro de la pista.

—Si no tiene caballo con el que hacer el examen, queda susp… —empezó.

Pero algo no le dejó terminar la frase.

—Un momento —escuché de fondo—. Sí que tiene caballo para correr.

Me giré de golpe, viendo a contraluz una sombra de alguien con toda la equipación puesta que entraba con un caballo de la mano.

—Solo ha llegado un poco tarde, pero, por favor, déjenla correr —dijo a unos metros de mí, mientras uno de los entrenadores asentía dando el visto bueno y se volvía a crear un gran revuelo entre los espectadores.

¿Era Jack? ¿Con Liberty? ¿Qué hacían aquí? ¿Qué hacía Liberty con la montura de Phoenix? No estaba entendiendo nada. Se pararon los dos a mi lado.

—Escúchame —dijo Jack, chequeando la cincha de Liberty—. Le acabo de pasar unos saltos a un metro veinte centímetros. No tiene mucha experiencia y puede que se haga un poco pequeño, pero tienes un caballo increíble.

—¿Qué haces, Jack? ¿Cómo que acabas de saltar a Liberty? —le corté, entrando en pánico.

—Escúchame, Rompenormas, respira. Tienes una oportunidad de hacer algo que nunca nadie ha hecho, y eso se te da divinamente. Tienes que confiar en ti y pensar en todo lo que te he enseñado estos dos meses.

—Pero… es Liberty… No he pasado de ochenta centímetros con él, y solo he saltado dos días.

—Créeme, tu caballo lo lleva en la sangre. —Y con esta frase me ofreció la mano para que pusiera el pie y me subiera de un salto encima de Liberty.

Una vez arriba, me ajusté los estribos. Todo estaba preparado. Tenía que hacerlo. No paraba de mirar a mi alrededor, viendo caras de duda y personas comentando entre ellas. Iba a empezar a andar al paso, cuando una mano se apoyó en mi pierna.

—Olivia —dijo Jack con voz tranquila. Era la primera vez que me llamaba Olivia y mi mundo se removió—. Confío en ti, Rompenormas.

—Nos vemos en el último obstáculo. Toma nota de todo lo que fallo —le dije a Jack, mientras solo pensaba en lo bonito que sonaba Olivia dicho por él.

Paré a Liberty delante del primer salto.

Realmente imponía. Estaba grande. Estas últimas tres semanas había saltado metro diez, veinte con Phoenix, pero para él era como jugar a muñecas.

Acaricié a mi caballo y le dije lo mucho que le quería y confiaba en él.

Necesitaba concentrarme, pero mi momento con Jack me había erizado los pelos y aún seguían como escarpias.

Cuando conseguí levantar la mirada y observar el recorrido de la pista, me invadieron todos los miedos.

Había visualizado horas antes el recorrido, sintiendo cada giro y cada tranco.

El único pequeño problema era que el caballo que llevaba debajo de mí, cuando había hecho mis ejercicios de visualización, era Phoenix, no Liberty.

El primer vertical debía tener una altura un poco inferior a un metro con diez centímetros. Tenía un diseño elegante de flores alrededor que lo hacían parecer precioso a la vez que aterrador.

Cogí ritmo tal como me había enseñado Jack; su frase favorita era: «O coges ritmo o vas al suelo».

Liberty respondió con una energía controlada.

Fui dándole más velocidad, y cuando lo vi bien, encaré el primer salto.

Liberty saltó con decisión, sin tocar el obstáculo.

La confianza con la que Liberty había saltado me dejó sorprendida.

No miró a su alrededor, ni las flores ni lo grande que era la pista ni la gente en las gradas lo distraían. Parecía que había nacido para eso.

Avancé hacia el segundo obstáculo con más confianza; era un oxer con los colores del arco iris que requería un punto extra de velocidad y un mejor cálculo de la distancia a la que llegábamos. ¡Ay, las distancias!, pensé. Van a ser mi eterno enemigo.

El recorrido continuó con una serie de combinaciones que incluían una calle con tres saltos, un par de verticales más y un oxer .

Cada obstáculo parecía más aterrador que el anterior, pero Liberty y yo nos encontrábamos en perfecta sintonía.

Realmente lo estaba disfrutando. El recorrido era bastante técnico, con algunos giros cerrados y cambios de pie, los cuales sorteamos como pudimos.

Al ser un binomio de doma, esto lo teníamos más controlado; cada indicación que le daba a Lib la escuchaba con precisión.

Cuando llegamos al último obstáculo, un muro con una gran bandera en la parte superior, mi cansancio se empezó a notar.

Era el último esfuerzo que teníamos que hacer, pero la distancia nos venía muy mal.

Liberty saltó desde cerca y rozó un poco el palo con las manos, que por suerte no llegó a caer al suelo.

Era el último obstáculo, y lo primero que hice fue buscar con la mirada a Jack, quien me sonrió desde la puerta de la pista y desapareció con gestos de aprobación, mientras Brooke y Emily saltaban a la pista y el público estallaba aplaudiendo.

No me lo podía creer. Acaricié a Liberty todo lo que pude, abrazándolo y diciéndole lo increíble que había estado.

Me prometí a mí misma que, habiendo visto lo mucho que había disfrutado él, que no lo iba a encerrar solo en el mundo de la doma.

Tendríamos una nueva disciplina que aprender y disfrutar juntos.

Nos dimos un paseo los dos hasta llegar al paddock . Desmonté, subí los estribos y aflojé la cincha, la adrenalina corría por mis venas. Me giré y ahí estaba.

—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté con asombro.

—Siguiéndote, al parecer —dijo Jack con una sonrisa—. Quién lo hubiera pensado. ¿Sorprendida?

—No esperaba verte aquí. Pensaba que te habías ido a Londres directamente —dije frunciendo el ceño, pero con una sonrisa a la vez.

—Salgo en una hora, pero de momento aquí estoy, después de ese recorrido que te has marcado —dijo acercándose cada vez más—. Parece que no te puedo evitar.

—¿Estás tratando de ser encantador, Jack? —dije mientras intentaba dar un paso hacia atrás.

—¿Yo? —dijo él riéndose, acercándose un poco más—. Solo estoy siendo yo mismo —dijo mientras se colocaba el pelo perfecto hacia atrás con una mano y con la otra se ajustaba la correa de su bolsa de botas, que colgaba descuidadamente de su hombro.

A pesar de la tensión que flotaba en el aire, notaba cierta complicidad con él y una atracción que no podía ignorar, aunque había intentado evitarla todo el trimestre.

La pared del guadarnés me impedía seguir retrocediendo, así que mis únicas opciones eran ponerme a gritar y ver si alguien me escuchaba, o seguirle el juego y ver hasta dónde nos llevaba esto, porque, la verdad, me estaba encantando.

—¿Sabes? —dije con una sonrisa irónica—. Nunca pensé que tendríamos una conversación civilizada.

—Lo admito —dijo Jack asintiendo—. Nuestra relación ha sido un poco… intensa.

—Eso es quedarse corto —dije suspirando.

—¿Sabes? —dijo Jack mirándome directamente a los ojos—, a pesar de todo, siempre me has impresionado.

Mi corazón se empezó a acelerar mientras pensaba las palabras perfectas para no parecer idiota.

—¿En serio? —dije haciéndome la sorprendida por el cumplido—. Nunca lo hubiera imaginado.

—Sí —asintió Jack—. Eres fuerte, inteligente, cabezota, valiente —dijo mientras con sus dedos me colocaba un mechón que se había soltado del moño detrás de la oreja.

¿Jack me acababa de decir cuatro cumplidos en una sola frase? Después de todo lo que habíamos pasado y los pocos halagos en general que me había hecho, los acababa de soltar todos de golpe. Lo más sorprendente es que parecían sinceros.

La distancia entre nosotros se había reducido a centímetros. El aire cada vez estaba más cargado de electricidad, como si el universo mismo estuviera sosteniendo la respiración. Apenas podía mantener la mirada y solo era capaz de morderme el labio inferior, nerviosa.

—Jack… —dije mientras él se giraba y añadía:

—Nos vemos a la vuelta de vacaciones, Rompen…, Olivia. Has estado increíble hoy.

—Gracias —añadí—. No podría haberlo hecho sin ti.

Jack se giró asintiendo.

—Solo te di el empujón que necesitabas —dijo—. El resto fue todo tuyo.

Y así, desapareció otra vez, dejándome con la palabra en la boca y mi cabeza incapaz de procesar lo que acababa de suceder.

El primer trimestre había sido de lo más intenso.

Aún debía esperar unos días para tener las notas de los exámenes y rezar para que no me quitaran la beca, pero lo único que había sacado en claro era que este era mi sitio.

Había odiado a Jack, pero al mismo tiempo, aunque me había costado llegar a esta conclusión, me encantaba y me ponía extremadamente nerviosa estar cerca de él.

A fin de cuentas, él también formaba parte de este sitio, y los años que me quedaban en la Academia Rider, no los quería desperdiciar.

¡N OS VEMOS EN EL PRÓXIMO TRIMESTRE !