Bienvenidos a la Academia Rider (Academia Rider 1) CAPÍTULO 21 #2
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CAPÍTULO 21 #2

Se trataba de un circuito que incluía una serie de eslalon con conos, una puerta con un hilo para abrir y cerrar, unas pelotas con unas canastas, unas barras en el suelo en forma de Z que dejaban como mucho sesenta centímetros para pasar entre ellas y un obstáculo al final.

Jack me explicó el recorrido: cambios de pie en el eslalon, control al paso para pasar las barras, paradas en el sitio exacto para abrir la puerta, pasar y volver a cerrarla, estirarme para coger una de las pelotas, e ir al trote para encestar la primera, volver al origen y coger la siguiente pelota, ir al galope para encestar la segunda pelota, volver e ir al galope tendido en suspensión para encestar la tercera y última.

Mis nervios iban en aumento. Teníamos una oportunidad; al final del recorrido, Jack había montado un obstáculo.

El objetivo era hacer todos los ejercicios y saltar; si fallaba en alguno, tenía que volver al inicio.

Obviamente, el entrenamiento terminaba cuando conseguía saltar (si lo conseguía algún día).

—Recuerda, la clave es mantener la calma y aplicar todo lo que hemos practicado. Eres domera y esto, más que de salto, es de precisión y control, como en doma —me dijo Jack mientras se acercaba—. Vamos a probar.

Asentí respirando profundamente mientras empezaba a galopar.

El eslalon me pareció sencillo; lo único que debía controlar era la velocidad a la que iba con Phoenix.

Cada cono que pasábamos requería un cambio de pie, en total unos seis conos.

Fallé el último cambio de pie, ya que lo di en dos tiempos. De fondo, se escuchó:

—¡Rompenormas! ¡Al inicio, ya! —Y me dirigí otra vez a la salida.

El primer y el segundo ejercicio los superamos con facilidad.

Pasar por las barras por un camino tan estrecho se nos complicó un poco más.

Phoenix era grande, debía medir más de un metro setenta, y controlar ese cuerpo tan largo me estaba costando.

Aun así, tenía la sensación de que en este entrenamiento nos estábamos empezando a entender, y no solo Phoenix y yo, sino también Jack, que parecía estar disfrutando viéndonos.

Cambios de dirección y ajuste en la velocidad; poco a poco nos quedábamos más cerca del final, y Jack parecía no perder la paciencia.

A medida que lo repetíamos, me daba cuenta de que el desafío era físico, pero también mental. Para Phoenix debía ser un paseo, ya que la mayoría de las cosas las hacíamos al paso, pero notaba que estaba respondiendo a todas mis indicaciones, y eso me hacía feliz.

Era la octava vez que lo repetíamos y ya casi lo habíamos conseguido. Estaba decidida a hacerlo de una vez por todas: primer ejercicio, segundo, tercero, y así hasta encestar la tercera pelota en la canasta. Solo nos quedaba el obstáculo.

—Ahora da una vuelta y al obstáculo —dijo Jack con una sonrisa que no podía esconder—. No te lo pienses.

Cogí ritmo y me dirigí al vertical. No tenía mucha idea de calcular a qué altura estaba, pero imaginaba que Jack lo habría puesto a un metro.

Centré a Phoenix y se aceleró. Me senté en la montura, pidiéndole un poco de media parada y reduciendo el ritmo al que yo quería ir y, sorprendentemente, escuchó cada movimiento que hacía.

Conté: tres, dos, uno… ¡salto! Perfecto.

No podía estar más orgullosa. Salimos del salto y volví a sentarme en la montura, pidiéndole a Phoenix que cayera al trote.

¡Qué adrenalina, qué control! Saltar así era increíble.

Jack observaba desde la esquina de la pista, con la mirada clavada en nosotros.

Mientras vi que otros jinetes habían estado grabando el recorrido que seguramente en unas horas estaría colgado en Instagram o TikTok, y esta vez no para reírse de mí.

Acaricié a Phoenix en la grupa mientras caíamos al paso y, con una sonrisa de oreja a oreja, me dirigí hacia donde estaba Jack.

—¡Bien hecho, Rompenormas! —exclamó Jack, acercándose a nosotros rápidamente—. Estoy impresionado. Ocho intentos en algo que a los mejores saltarines nos cuesta.

Sonreí, sintiendo una mezcla de orgullo y alivio.

—Gracias. Ha sido más difícil de lo que imaginaba, pero lo he disfrutado mucho. Realmente, Phoenix es increíble. ¿Has visto ese último salto? Lo notaba todo perfecto.

Jack le hizo una caricia a Phoenix.

—Ese es el espíritu y lo que debemos conseguir antes de tu examen. Tenemos mucho trabajo por delante, pero hoy puedes darte un respiro.

—Sí —contesté mientras se me borraba la sonrisa de la cara—. Pero esta altura aún no llega a la que tenemos que hacer en el examen.

—Has saltado un metro y veinte centímetros, Rompenormas, y has hecho un recorrido veinte veces más difícil que el del examen. Relájate y disfruta por un momento —dijo Jack mientras se dirigía a la puerta.

No podía evitar sonreír. Lo de hoy había sido todo un triunfo.

—Enfría bien a Phoenix y dale muchos mimos de esos que solo tú sabes dar a los caballos —dijo Jack mientras abría la valla de la pista—. Creo que se lo merece. Nos vemos mañana. Bienvenida oficialmente al apasionante mundo del salto.