CAPÍTULO 21
El día a día en la academia era agotador; no había un momento para parar.
Los entrenamientos continuaban tanto para mí como para Liberty, y aunque habíamos mejorado, seguíamos siendo los más normales, sin destacar en nuestras clases.
Aun así, me sentía contentísima con el progreso que habíamos hecho, pero la presión seguía ahí.
Hoy volvía a tener clase con Phoenix y Jack.
La verdad, me dolía todo después de tres días saltando con Liberty, las agujetas aparecían en cada movimiento que hacía.
Me decidí por conocer más a Phoenix. Estaba segura de que, de alguna manera, teníamos que hacer un clic y entendernos, así que hoy le iba a plantear el entrenamiento de otra manera a Jack.
Solo necesitaba que me escuchara y me permitiera hacer lo que tenía en mente.
—Necesito que nos dejes un momento —le dije a Jack mientras apretaba la cincha a Phoenix para subirme.
—¿Cómo? —dijo sorprendido—. ¿Con Phoenix?
—Sí, necesito quince minutos con él antes de empezar nuestro entrenamiento.
—Mmmm, de acuerdo —dijo al mismo tiempo que asentía con la cabeza y se retiraba un poco—. Tenéis quince minutos.
—Vete —le dije.
—¿Dónde? —respondió Jack
—Pues no lo sé… a dar una vuelta, a ver otros jinetes, a ligar con Charlotte, a chulear con tus amigos —le dije riéndome por dentro, sabiendo que le sentarían fatal estas palabras.
—Estás jugando con fuego, Rompenormas —dijo mientras se giraba y se dirigía hacia sus amigos.
No tenía una cabezada de nudos, pero estaba decidida a trabajar un poco en doma natural con Phoenix.
Era algo que había aprendido en Blackwood y siempre me acompañaba a todos lados.
Cuando tenía algún problema, había ayudado a ser más efectiva y solucionarlo.
Los siete juegos establecen un lenguaje entre caballo y humano, favoreciendo la comunicación, algo que necesitábamos urgentemente.
Para ellos, son juegos naturales que harían en libertad viviendo en manada; de esta manera, el caballo está más predispuesto, y tenía la esperanza de aumentar mi conexión con él.
Durante diez minutos, me dediqué a hacerle los juegos más básicos.
Cada profesional los llamaba de una manera, pero yo los llamaba en orden: juego de la amistad, el juego del puercoespín, el juego de la conducción y el juego del yoyó.
Phoenix estaba respondiendo muy bien a mis indicaciones y por primera vez le veía relajado conmigo, pero atento a las instrucciones que iba dando.
Cada vez que hacíamos un juego, le dejaba un momento para pensar y procesar la información antes de volver a pedirle el siguiente.
Se me pasaron volando los minutos, y realmente me apetecía pasar más tiempo con él, mimándolo, así que terminé los últimos minutos abrazada a Phoenix.
—¿Ya habéis terminado? —dijo Jack volviendo impaciente—. ¿Has estado quince minutos abrazando a mi caballo?
—Deberías probar a abrazarlo tú más a menudo. Hemos trabajado los siete juegos de Parelli, y después hemos tenido un momento de calma —dije—. Ahora sí, estamos preparados para entrenar.
Me dirigí al escalón para subirme a Phoenix. Mi orgullo no me dejaba pedirle a Jack que me ayudara a subir de un salto. Empecé a andar mientras le hablaba suavemente a Phoenix, y después le decía a Jack:
—Jack, déjame calentar un poco yo sola y después empezamos.
—Estás hoy muy mandona, eh, Rompenormas —dijo mientras asentía con cara de «me la va a liar» y se alejaba para volver a hablar con algunos de sus amigos que estaban en la pista entrenando a otros alumnos y alumnas.
Se notaba que Jack estaba en su elemento, rodeado de personas que le conocían bien.
Mientras Jack hablaba con sus amigos, me concentré en mi calentamiento. Paso, trote, galope y después hice un par de cruzadas, ya que Jack no hacía ni caso. Una cosa era calentar diez minutos sola y otra muy diferente es que ni se dignara a mirarme en veinte minutos.
Me dirigí a un vertical que debería estar a noventa centímetros.
Ahora o nunca, pensé. Notaba bien a Phoenix, y yo estaba montando muy bien.
Justo en ese momento, Jack se giró de golpe, con la boca abierta, para ver los últimos tres trancos, llegando a la distancia perfecta y volando por encima del salto.
¡Guau! No sabía lo que era volar, pero esa sensación seguro que se parecía mucho.
Mi tiempo se había parado justo cuando estábamos los dos en el aire.
Salí del salto y conseguí ir recta con Phoenix para pararlo unos metros antes de la valla.
Y con un control perfecto, Olivia, me dije a mí misma.
—No ha estado mal, Rompenormas —dijo Jack al acercarse—. Diez flexiones por no hacer caso a tu entrenador.
—¿En serio? Precisamente eras tú el que no me estaba haciendo ni caso.
—Al suelo ya…
Hice las diez flexiones en un momento. La verdad, nada que ver con el primer día. Si es que le tendría que agradecerle a Jack esto… mis brazos ya no temblaban y notaba el control de mi cuerpo.
—Nos quedan tres semanas —dije haciendo la última flexión— antes del examen.
—Aún no estás preparada para el examen, pero parece que tú y Phoenix os empezáis a entender. Los últimos entrenamientos van a ser duros, así que prepárate —me dijo mientras subía los estribos.
Aunque hoy estaba especialmente contenta con la clase, el intercambio aún no terminaba aquí y, al igual que todos los días, aún me faltaba darle clase a Jack con Liberty.
Así que, mientras él iba a desensillar a Phoenix, yo preparaba a Liberty y lo llevaba a la pista.
Más o menos tardábamos lo mismo, aunque Jack siempre llegaba a la pista de doma unos minutos antes.
Yo pensaba que se daba mucha prisa en desensillar, solo para poder mirarme con cara de «llegas tarde», aunque ese día se le escapara una media sonrisa mientras ajustaba los estribos de Liberty.
Ellos dos habían mejorado mucho. En pocas montas, Jack tenía una posición más erguida, era capaz de pedir todos los ejercicios con las ayudas mínimas y hasta parecía que se llevaban bien.
Aún quedaba mucho por mejorar, pero, aunque no quería admitirlo, ahora que Phoenix y yo habíamos congeniado un poco, ya no me daba tanta rabia que Liberty se portara tan bien con él.
Seguíamos con los ejercicios básicos: muchos círculos, diagonales y serpentinas, buscando la perfección en cada pequeño movimiento.
Mientras los veía enfriar para terminar la sesión, no podía evitar pensar que iban a bordar el examen juntos, aunque, por supuesto, no se lo diría a Jack. Otro día de intercambio superado.
Definitivamente, el invierno había llegado.
En las colinas de alrededor de la academia, ya empezaba a verse una suave capa de escarcha, así que agradecía cada día las pistas cubiertas que teníamos en cada casa, que nos permitían trabajar resguardados del frío y la nieve.
Los paddocks estaban siempre húmedos, y ahora solo dejaba a Liberty unas cinco o seis horas fuera por la mañana; el resto del día estaba en su cuadra con una buena cama de paja y ración de heno.
No quería que le salieran arestines en los pies o las manos, ya que a los paddocks les costaba secarse, así que intentaba reducir el riesgo.
Me seguía preparando con entrenamientos intensivos, sabiendo que los exámenes serían de vital importancia para seguir en la academia. Esta tarde, como casi cada tarde últimamente, teníamos entrenamiento, con Jack y Phoenix. Al salir de Anatomía, Jack me esperaba en la puerta.
—¡Buenos días, Rompenormas! —me saludó Jack con la voz llena de entusiasmo, a pesar del frío y que era primera hora de la mañana—. Esta tarde vamos a trabajar en algo un poco diferente. Necesito que estés preparada para un reto.
Fruncí el ceño con curiosidad. Aunque el último entrenamiento con Phoenix había ido bien haciendo algo un poco diferente, esperaba que Jack mantuviera una rutina relativamente constante, básica y monótona como hasta ahora.
—¿Qué tipo de reto? —pregunté mientras me dirigía a mi próxima clase.
Jack me lanzó una sonrisa.
—No seas impaciente, ya lo verás, Rompenormas. Empezamos a las cinco puntuales en la pista de salto, antes de que lleguen los demás jinetes —dijo en tono confiado—. Ven preparada.
Cuando terminé la clase práctica de aqua trainer a las cinco menos diez, me fui corriendo a la pista de salto, sabiendo que no podía llegar un minuto tarde. Al mediodía ya había cogido las botas y el casco para no tener que pasar por el paddock a buscarlas.
—¡Bienvenida! —exclamó Jack—. Quiero que participes en una yincana con Phoenix.
He visto que, si tenéis tiempo para conoceros fuera de los saltos, podéis mejorar mucho más rápido.
Es algo que hacemos los saltarines para divertirnos y salir un poco de la rutina de salto, dado que la doma nos aburre mucho.
Así que bienvenida a un recorrido que mezcla doma, equifun y pony games , con algunos elementos sorpresa.
Mi corazón empezó a latir un poco más rápido.
Nunca había escuchado hablar de este juego.
Sabía que equifun era una disciplina francesa reglamentada que daba la oportunidad a los más pequeños de aprender jugando y sin tener que ir muy rápido, a diferencia de los pony games , en los que la velocidad lo era todo.
Jack empezó a preparar el recorrido. Mientras calentaba con Phoenix, intenté mantener la misma rutina del entreno anterior, haciendo unos ejercicios pie a tierra con él antes de subirme y calentando los tres aires con tranquilidad.
Cuando me di cuenta, Jack había montado una especie de parque infantil en la pista.